Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Echemos un vistazo a la idea de las interacciones dinámicas entre este mundo y el mundo más allá, invirtiendo la perspectiva y haciendo esta pregunta: “¿Tiene el mundo del más allá alguna influencia en este mundo?”.

La respuesta, desde una perspectiva bahá’í, es un rotundo “¡Sí!” He aquí por qué y cómo:

Si es cierto que los pensamientos son pura energía y que no hay “distancia” física entre los pensamientos, entonces puede haber más interacción entre el mundo del más allá y este mundo de lo que habíamos pensado anteriormente. Esta interacción podría tomar la forma de influencias sutiles, o de momentos de inspiración repentina o de perspicacia, o de realización o descubrimiento, que fluyen desde el mundo de arriba hacia el mundo de abajo. Las enseñanzas bahá’ís llaman a esta interacción dinámica “la conversación del espíritu”, aunque la conversación no se asemeja a una conversación verbal normal y, de hecho, puede ser más bien unilateral:

“Un alma que ha partido, ¿puede conversar con otra que aún está en la tierra?”

 ‘Abdu’l-Bahá: “Se puede mantener una conversación, pero no en la forma de nuestra conversación. No hay duda de que las fuerzas de los mundos superiores se interrelacionan con las fuerzas de este plano. El corazón del ser humano está abierto a la inspiración; ésta es una comunicación espiritual. Así como en un sueño uno habla con un amigo mientras la boca permanece en silencio, del mismo modo sucede con la conversación del espíritu. – Abdu’l-Bahá, La sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 218.

En este tipo de conversación, un alma difunta infunde una idea en el corazón de alguien aquí en la Tierra. La suma total de tales acontecimientos puede resumirse en la idea de que las almas en el más allá pueden influir en las almas en el aquí y ahora. En este célebre pasaje de los escritos bahá’ís, Bahá’u’lláh escribió:

Además, me has preguntado sobre el estado del alma después de su separación del cuerpo. Has de saber que, en realidad, si el alma ha transitado por los caminos de Dios, ciertamente regresará y será recogida en la gloria del Amado. ¡Por la rectitud de Dios! Logrará una estación que ninguna pluma puede retratar, ni lengua describir. El alma que se ha mantenido fiel a la Causa de Dios y ha permanecido invariablemente firme en Su Senda poseerá, después de su ascensión, tal poder que obtendrán provecho de ella todos los mundos que el Todopoderoso ha creado. Esa alma es, a petición del Rey Ideal y Educador Divino, la levadura pura que eleva el mundo del ser, y provee la fuerza por la cual se ponen de manifiesto las artes y maravillas del mundo. Recuerda que la harina necesita levadura para fermentar. Aquellas almas que son el símbolo del desprendimiento son la levadura del mundo. Medita sobre esto y sé de los agradecidos. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los escritos de Bahá’u’lláh, pág. 50.

Te haces una idea. Para decirlo de una manera bastante cruda, este mundo es un trozo de masa – ¡y la influencia de las almas del mundo exterior es la levadura! Abdu’l-Bahá profundizó en este tema de las influencias espirituales e inspiración del otro mundo al responder a la pregunta: “¿Cómo se puede esperar la muerte?”.

“¿Y de qué modo se desea llegar a la meta de cualquier destino? Con esperanza y con expectación. Así es incluso con el fin de esta vida terrenal. En el otro mundo el hombre se verá libre de muchas de las trabas que ahora le estorban. Quienes han pasado por el trance de la muerte, poseen su propia esfera. No está muy alejada de la nuestra; su trabajo, el trabajo del Reino, es el nuestro; pero está santificado de lo que llamamos “tiempo y lugar”. Entre nosotros el tiempo se mide por el sol. Cuando no hay más alboradas ni más puestas de sol, esa clase de tiempo deja de existir para el hombre. Quienes han ascendido poseen diferentes atributos de los que poseen quienes se hallan en la tierra; sin embargo, no hay separación real”.

“En la oración hay una estación entremezclada, una fusión de condiciones. Rezad por ellos ¡tal y como ellos rezan por vosotros! Si atravesáis apuros y estáis en actitud receptiva, ellos son capaces, sin que os percatéis, de haceros sugerencias. Algunas veces esto es lo que ocurre en sueños”. – Abdu’l-Bahá, Abdu’l-Bahá en Londres, pág. 36.

Esta idea sumamente significativa – que “no existe una separación real” entre este mundo y el mundo más allá – significa que la existencia en el otro mundo tiene una dimensión independiente del tiempo y el espacio. Por lo tanto, la interacción entre los dos mundos debe ser una especie de sincronicidad, simpática de naturaleza y modalidad, en la que la comunicación es mediada a través de los sueños inspirados (diferenciándolos de los sueños que son meramente el producto de nuestra imaginación) o a través del pensamiento puro. Tal inspiración sutil y perspicacia repentina puede venir en muchas formas – tales como soluciones a problemas personales, revelaciones útiles, ideas artísticas y descubrimientos científicos.

Sin embargo – la receptividad de parte de la persona aquí en la Tierra es requerida para beneficiarse de tal influencia del otro mundo. Sin esa receptividad, el mensaje no puede ser entregado. Las oraciones sinceras pueden ayudar a cultivar esa sutil y espiritual susceptibilidad del corazón y del alma.

Estas enseñanzas bahá’ís sobre la influencia espiritual del otro mundo en este mundo pueden resumirse así: “El cielo es levadura”. En este sentido, el cielo y la tierra están interconectados, interrelacionados e intercomunicados. Las influencias del mundo venidero son sutiles, pero potencialmente significativas en cada aspecto de nuestras vidas.

Para terminar, he aquí una oración bahá’í, que se debe recitar a medianoche, que puede aumentar su propia receptividad a las ideas inspiradas del mundo del más allá:

¡Oh buscador de la verdad! Si deseas que Dios abra Tus ojos, debes suplicarle, orar y comulgar con Él a medianoche, diciendo:

Oh Señor, he vuelto mi rostro hacia Tu reino de unidad y estoy sumergido en el océano de Tu misericordia. Oh Señor, ilumina mi visión mediante la contemplación de Tus luces en esta noche oscura y hazme feliz con el vino de Tu amor en esta época maravillosa. Oh Señor, hazme oír Tu llamada y abre ante mi rostro las puertas de Tu cielo para que pueda ver la luz de Tu gloria y ser atraído hacia Tu belleza.

Verdaderamente Tú eres el Donador, el Generoso, el Compasivo, el Perdonador. – Abdu’l-Bahá, Oraciones Bahá’ís, pág. 214.

Dedicado a la memoria amorosa de Sandra Kay (Thompson) Buck (4 de septiembre de 1928-24 de abril de 1991) y George Hugh Buck (10 de marzo de 1926-10 de mayo de 2010), mis padres, en honor perpetuo: “La gratitud nos insta a devolver la bondad; la justicia nos dispone a hacer lo que es correcto; la bondad nos mueve a actuar con gracia; la humanidad nos obliga a mostrar misericordia”. – John Page Hopps, First Principles of Religion and Morality (1874), p. 22.

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