Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

El concepto chino de yin y yang refleja un principio básico de la naturaleza: los opuestos unidos son como un todo mutuo. Mantenerlos en equilibrio hace que todo funcione en armonía.

Las enseñanzas bahá’ís también reflejan la idea del yin y el yang:

El mundo del pasado ha sido gobernado por la fuerza, y el hombre ha dominado a la mujer debido a sus cualidades más potentes y agresivas, tanto físicas como mentales. Pero el equilibrio está variando, la fuerza esta perdiendo su dominio, y la viveza mental, la intuición y las cualidades espirituales de amor y servicio, en las que la mujer es fuerte, están ganando en poder. En adelante tendremos una época menos masculina y más influida con ideales femeninos, o, para explicarnos más exactamente, será una época en la que los elementos masculinos y los femeninos de la civilización estarán más equilibrados. – Abdu’l-Bahá, citado por J.E. Esslemonten en Bahá’u’lláh y la Nueva Era, pág. 127.

Si una edad completa puede caracterizarse por el yin o el yang, entonces es lógico pensar que el movimiento de la vida también necesita ese equilibrio:

Un líder puede actuar como guerrero y como sanador. Como guerrero, el líder actúa con poder y decisión. Ese es el Yang, o aspecto masculino del liderazgo. Pero la mayoría de las veces el líder actúa como un sanador, en un estado abierto, receptivo y nutritivo. Ese es el aspecto femenino, o Yin, del liderazgo. Esta mezcla de hacer y ser, de guerrero y sanador, es tanto productiva como potente. – John Heider, El Tao del Liderazgo – Tao Te Ching de Lao Tzu, adaptado para una nueva era.

Pero también existe un tercer aspecto del liderazgo, llamado en chino “Dao” o “Tao”. Periódicamente, el líder se retira del grupo y vuelve al silencio, regresa a Dios. Ese ciclo (ser, hacer, ser, luego Dao) significa que el líder periódicamente tiene la oportunidad de vaciar el yo de lo que ha sucedido y restaurar el espíritu:

Todos los seres llevan a Yin y abrazan a Yang, logran la armonía combinando estas fuerzas. – Laozi, Dao De Ching, capítulo 42.

Un Maestro conoce su poder masculino; sin embargo, la mayoría del tiempo usa su poder femenino. Las personas acuden a él porque la poderosa influencia de este poder hace que la gente se sienta atraída por él como la corriente que recoge agua.

Un Maestro sabe que la fama sigue a la luz que él arroja, pero entonces él vive como un ser oculto, su oscuridad es una demostración de la oscuridad de la ley natural en sí.

Un Maestro conoce su gloria, pero en cambio vive como un ser humilde, el Maestro contiene a todos los seres debido a su apertura y receptividad, tal como un valle puede contener todo. – Ibid., capítulo 28.

Laozi

Laozi

Estas virtudes descritas por Laozi pueden ayudarnos a comprender que tanto el poder masculino como el femenino provienen de una fuente divina. Si podemos aprender a mantenerlos en equilibrio en nuestra práctica espiritual, ese poder equilibrado puede realmente cambiar el mund”o.

¿Cuáles son las virtudes en el poder masculino y femenino? Tradicionalmente, para los hombres (Yang), incluyen: dirección, lógica, enfoque, integridad, estabilidad, independencia, disciplina, confianza, fuerza, resistencia, propósito y control. Para el femenino (Yin), incluyen: receptividad, empatía, luminosidad, fluidez, sensualidad, cuidado, afecto, compartir, ternura, paciencia y amor.

Por supuesto, todos tenemos estas cualidades y atributos espirituales potenciales dentro de nosotros, no están limitados solo a hombres o mujeres. El espíritu humano no tiene género, según las enseñanzas bahá’ís:

“…que ante la vista de Bahá, las mujeres son consideradas iguales a los hombres y Dios ha creado a toda la humanidad a Su propia imagen y semejanza. Es decir, los hombres y las mujeres por igual son los reveladores de Sus nombres y atributos y, desde el punto de vista espiritual, no existe diferencia entre ellos. Aquel que se acerque a Dios es el más favorecido, ya sea hombre o mujer”. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 61.

Como el Dao De Ching nos dice, las cualidades yin y yang deben equilibrarse para lograr la armonía dentro y fuera. El poder masculino se muestra en nuestra acción y en el hacer, mientras que el poder femenino se muestra en quiénes somos y cómo vivimos. Representan los aspectos duales de nuestra vida espiritual, hacer y ser, productivos y potentes, lógica y amor.

Más allá del yin y el yang como el movimiento de nuestras vidas individuales, esa dualidad también forma el proceso de la civilización. No podemos lograr un verdadero progreso humano simplemente haciendo y sin descubrir y mejorar nuestro poder femenino. El poder femenino nutre nuestra vida espiritual y le da al templo humano la vida del espíritu. Mira el mundo en que vivimos ahora, que parece estar más dominado por el poder masculino. Sin embargo, sabemos que una civilización verdaderamente divina no puede progresar sin la infusión del espíritu. Al alimentar la vida del espíritu estamos desarrollando nuestro poder femenino, por lo que los dos aspectos pueden ser igualmente equilibrados.

Aprender a mantener el equilibrio entre el yin y el yang es parte del proceso de nuestro crecimiento espiritual, para volver a nuestro ser natural interior. Así, podemos ver cada desafío en nuestra vida desde una perspectiva diferente. A medida que lo hacemos, aprendemos más sobre nosotros mismos y entendemos qué virtudes masculinas o cuáles virtudes femeninas deben fortalecerse.

Cuando algo sucede o hay que cambiar algo, actuamos con confianza y enfoque, y nos nutrimos con la ternura del amor y la paciencia. Con el poder femenino (yin) y el masculino (yan), podemos mantener el círculo en movimiento. Este movimiento hace girar la rueda del Tai Chi. Las virtudes femeninas y masculinas son el poder (fuerza) y la energía (flujo penetrante) del espíritu. Sabemos de Laozi que la humildad, la paz y el amor también son poderes femeninos, y que la conquista es un poder masculino. En lugar del impulso excesivo para la conquista que existe en el mundo en este momento, todos, hombres y mujeres, podemos aplicar cualidades más femeninas a nuestra práctica espiritual, sometiendo nuestros propios egos y actuando con amor y paciencia para restablecer el equilibrio de la Creación.

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