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Espiritualidad

¿Qué es la educación espiritual y por qué la necesitamos?

Keng-Liang Huang | Nov 9, 2020

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Keng-Liang Huang | Nov 9, 2020

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

A lo largo de mi viaje espiritual, he descubierto que esto es cierto:

El amor de Dios es una fuente de alegría y es el único poder que puede unir los corazones humanos.

De hecho, recientemente recordé esto al encontrarme con una cita en Internet que a menudo se atribuye erróneamente a Albert Einstein, pero el autor real es desconocido:

“Existe una fuerza extremadamente poderosa que, hasta ahora, la ciencia no ha encontrado una explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todos los demás, e incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no ha sido identificado por nosotros. Esta fuerza universal es AMOR. Cuando los científicos buscaron una teoría unificada del universo, olvidaron la fuerza invisible más poderosa. El amor es luz, que ilumina a quienes lo dan y lo reciben. El amor es la gravedad, porque hace que algunas personas se sientan atraídas por otros. El amor es poder, porque multiplica lo mejor que tenemos y permite que la humanidad no se extinga en su egoísmo ciego. El amor se despliega y revela. Por amor vivimos y morimos. El amor es Dios y Dios es amor”.

Me hizo reflexionar sobre cómo el descubrimiento de esta fuerza divina solo puede ocurrir a través de la educación espiritual.

¿Por qué necesitamos educación espiritual?

Abdu’l-Bahá, el hijo del profeta y fundador de la fe bahá’í, Bahá’u’lláh, escribió: En el mundo de la existencia no hay nada tan importante como el espíritu, nada tan esencial como el espíritu del hombre. El espíritu del hombre es el más noble de los fenómenos. El espíritu del hombre es el encuentro entre Dios y el hombre. El espíritu es el aliento de la vida humana y el centro colectivo de todas las virtudes humanas. El espíritu del hombre es la causa de la iluminación de este mundo.

En la creación de Dios, el espíritu humano se distingue del resto de la naturaleza. Si no usamos nuestras facultades intelectuales y espirituales para que nuestras virtudes espirituales se desarrollen, y si no hacemos que estas virtudes espirituales se manifiesten en la creación, entonces no cumplimos el propósito para el que hemos sido creados.

Un grupo que estudia el empoderamiento espiritual de los prejóvenes en Biharsharif (India)

Como escribió Abdu’l-Bahá, “El mundo puede compararse con la chimenea de la lámpara, en tanto que el hombre es la luz. El hombre mismo puede compararse con la lámpara; su espíritu es la luz dentro de la lámpara”.

Las virtudes espirituales hacen que el cuerpo cobre vida. El espíritu es la realidad de la vida, y el cuerpo es el instrumento para expresar esa vida. Por lo tanto, la educación espiritual nos ayuda a desarrollar las virtudes espirituales que hacen que el espíritu del hombre se manifieste en el mundo. 

¿Qué es la educación espiritual? 

La condición del mundo refleja la condición de la naturaleza humana. Abdu’l-Bahá dijo que el poder espiritual es una de las dos alas del hombre: “El hombre necesita dos alas. Una es el poder físico y la civilización material; la otra es el poder espiritual y la civilización divina. Con una sola ala, el vuelo es imposible. Las dos alas son esenciales. Por tanto, no importa cuánto avance la civilización material, no podrá lograr la perfección sino a través de la elevación de la civilización espiritual”.

Hoy dejamos que el mundo material domine nuestras mentes y buscamos soluciones en base al poder material. Pero después de miles de años usando solo medios materiales para encontrar soluciones – solo una de nuestras dos alas – la humanidad no ha encontrado la solución para la paz mundial. Es hora de que la humanidad despierte y se dé cuenta de que somos más capaces de amarnos los unos a los otros. Abdu’l-Bahá escribió:

Emprende arduas labores para sondear los misterios terrenales, pero no se preocupa en absoluto por conocer los misterios del Reino atravesando los ilimitados campos del mundo eterno, estando informado de las realidades divinas, descubriendo los secretos de Dios, adquiriendo el conocimiento de Dios, atestiguando los esplendores del Sol de la Verdad y comprendiendo las glorias de la vida sempiterna. Es desatento e irreflexivo… Es como si un bondadoso y amoroso padre hubiese dispuesto una biblioteca de maravillosos libros a fin de que su hijo sea informado de los misterios de la creación, rodeándolo al mismo tiempo con todos los instrumentos del confort y del placer; pero el hijo se entretiene con piedrecillas y juguetes, descuidando todos los dones y provisiones de su padre.

Con esta comprensión de nuestra naturaleza divina, podemos descartar el concepto tradicional de la religión: de autoridad opresiva, de obediencia por miedo, de uniformidad sobre la diversidad. La religión es la educación espiritual de Dios. A través de la educación espiritual, descubrimos el poder de la palabra de Dios y el amor de Dios, y llegamos a amarlo. Bahá’u’lláh escribió: “¡OH HIJO DEL HOMBRE! Amé tu creación, por eso te creé. Por tanto, ámame para que mencione tu nombre y llene tu alma con el espíritu de vida”.

A través del amor a Dios, la fuente de todo, entendemos cómo ese poder puede ayudarnos a transformar nuestras vidas y mejorar el mundo. 

La educación espiritual nos ayuda a entender la conexión entre la realidad espiritual y física, y cómo usar el poder divino para ayudarnos a controlar nuestra naturaleza inferior (nuestra naturaleza animal) y elevarla a una naturaleza superior (nuestra naturaleza divina). Es como otra ala del sistema educativo donde aprendemos a utilizar las herramientas y luego las ejercitamos para crear algo nuevo que beneficie a todos, ya sean inventos, ideas o actos de bondad. Nos ayuda a descubrir la realidad de la creación – el poder dentro de nosotros, y cómo se sostiene por el poder de Dios.

También nos ayuda a saber cómo utilizar los recursos del reino espiritual, como la oración y la meditación, y a pedir ayuda divina. Dios ha hecho todo lo que está disponible para nosotros para lograr nuestro propósito de vida.

Una reunión de oración en el Centro Bahá’í en Lauro de Freitas, Brasil

Cuando los científicos profundizan en el conocimiento de sus predecesores, su intelecto se fortalece y entran en un modo creativo. De la misma manera, cuando nos permitimos sumergirnos en el conocimiento de Dios, nuestras facilidades intelectuales y espirituales se fortalecen. Nos preparamos para descubrir más de los misterios divinos y canalizar nuestras habilidades para traer paz y unidad a la sociedad.

Las barreras de separación entre la humanidad se deben a la falta de educación espiritual y conocimiento de las leyes universales. Las enseñanzas de Dios no son doctrina religiosa – son el amor de Dios protegiéndonos, como las reglas en una escuela o en un laboratorio para proporcionar un ambiente de aprendizaje seguro. La oración y la meditación son el camino del exterior al interior, al laboratorio de la ciencia divina – nuestros corazones.

El marco bahá’í para la educación espiritual

Los bahá’ís creen que a través de las enseñanzas de Bahá’u’lláh, Dios ha revelado aún más conocimiento divino que en el pasado – su mensaje para este día es como el más reciente grado en la escuela de educación espiritual.

Debido a esto, la comunidad bahá’í creó lo que se llama el proceso del «Instituto Ruhi», un espacio para el aprendizaje colectivo. El objetivo de este marco es permitirnos trabajar por la paz y la unidad mundial a través de la construcción de comunidades espiritualmente vibrantes en todo el mundo, donde la transformación individual puede ocurrir a través del servicio a la comunidad, y al mismo tiempo, el esfuerzo de cada individuo se convierte en una fuerza activa para la transformación de la comunidad.

Una clase para niños en Austin, Estados Unidos

Este proceso de construcción de la comunidad se lleva a cabo en todo el mundo – en grupos de adultos que aprenden juntos, en clases para niños del vecindario, en programas de fortalecimiento espiritual para preadolescentes y adolescentes, y en reuniones de oración interreligiosas. Todas estas actividades toman forma de acuerdo con la cultura local, los intereses y las conexiones únicas entre las personas, lo que conduce a diversas manifestaciones de la práctica espiritual colectiva – y la visión de un mundo más pacífico, basado en la mayor recompensa de Dios: la educación espiritual.

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