Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Shakespeare escribió: “¡Cuidado con los celos, mi señor! Es el monstruo de ojos verdes el que se burla de la carne de la que se alimenta”.

Tal vez un nuevo año calendario brinde una buena oportunidad para pensar en lo que haces y lo que no quieres en tu vida.  La envidia se encuentra en esta última categoría para mí. Como uno de los Siete Pecados Mortales de la Biblia, la envidia se define como el deseo por los rasgos, estado, habilidades o situación de los demás. Está estrechamente relacionado con los celos. Las enseñanzas bahá’ís también se refieren a este defecto del carácter:

¡Oh Hijo de la Tierra! Sabe, ciertamente que el corazón en que perdure el menor residuo de envidia nunca alcanzará mi dominio sempiterno ni aspirará los suaves y sagrados aromas que emanan de mi reino de santidad. – Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas, pág. 24.

¡Oh mi siervo! Purifica tu corazón de la malevolencia y, libre de envidia, entra en la divina corte de santidad. – Ibid., pág. 36.

Todos sabemos que la envidia no es una buena característica, pero imagino que todos sentimos envidia o celos ocasionalmente, como cuando alguien recibe o tiene algo que nos gustaría, ya sea que lo merezcamos o no. ¿Qué, o a quién, envidias?

Al terminar otro período de vacaciones, en el que me sentía más sola de lo normal, siento envidia de aquellas personas que tienen familias grandes, cercanas y que se apoyan entre sí. Además, a veces siento envidia de aquellos que han logrado mucho más en sus vidas de lo que yo he hecho. Usted sabe de quién estoy hablando: aquellas personas que tienen un título en derecho, han escrito una novela muy vendida y fundaron una organización sin fines de lucro exitosa al alcanzar la edad madura de los 25 años. No hace falta decir que el trabajo duro ayuda, y no siempre vemos las luchas que otros están enfrentando. Aún así, es difícil entender por qué a algunas personas se les dan habilidades y oportunidades aparentemente “superiores” mientras que otras no lo son.

Sin embargo, este pasaje de los escritos bahá’ís ayuda a poner las cosas en perspectiva:

Todo el deber del hombre en este Día es alcanzar aquella parte del torrente de la gracia que Dios derrama para él. Por tanto, que ninguno considere si el receptáculo es grande o pequeño. La porción de algunos puede caber en la palma de una mano, la porción de otros pudiera llenar una taza y la de otros alcanzar la medida de un galón. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 5.

Entonces, tal vez mi porción es del tamaño de un dedal y ya casi la he llenado. Por el contrario, tal vez mi recipiente sea del tamaño de un galón y solo haya llenado el valor de una taza. Tal vez he usado mis talentos de la mejor manera que las circunstancias lo permiten. O, tal vez recibí una capacidad que no he colmado debido, quizás, a la apatía o decisiones equivocadas. Me imagino que mucha gente lucha con estas mismas preguntas, pero, en realidad, no sabemos realmente lo que Dios ha “derramado” para cada uno de nosotros.

Quizás un punto importante es que, si prestamos demasiada atención a los receptáculos de los demás, tal vez no estemos prestando suficiente atención a los nuestros. Puede que podamos descubrir nuestro propio propósito aquí en esta Tierra temprano o tarde, cumplirlo o no lograrlo, pero, en cualquier caso, concentrarnos en los caminos de otros probablemente desperdicie nuestro precioso tiempo y recursos

Supongo que la envidia también es una ofensa a Dios en cierto modo. Según un pastor cristiano que encontré en línea, la envidia “cuestiona los planes, las elecciones y la bondad de Dios”.

También puede valer la pena reflexionar sobre qué es lo que envidiamos y por qué. Los logros externos, por ejemplo, no siempre son equivalentes a un servicio benéfico o felicidad interior, como lo señaló Abdu’l-Bahá :

No es una distinción común la que deseo, ni científica, comercial o industrial. Para vosotros deseo la distinción espiritual – es decir – debéis volveros eminentes y distinguidos en moral. En el amor de Dios debéis distinguiros de todo lo demás. Debéis distinguiros por amar a la humanidad, por la unidad y armonía, por el amor y la justicia. En suma, debéis distinguiros en todas las virtudes del mundo humano – por honradez y sinceridad, por justicia y fidelidad, por firmeza y constancia, por acciones filantrópicas y servicio al mundo humano, por amor hacia todo ser humano, por unidad y armonía con toda la gente, por remover los prejuicios y promover la paz internacional. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 204.

Cumplir con estos nobles estándares espirituales parece tan difícil como tratar de no sentir envidia de los demás, pero son objetivos que deben alcanzarse. En un nivel más práctico, un consejo interesante que he visto es orar por el éxito de alguien a quien envidias. O bien, podría centrarse en lo bueno que tiene en su propia vida.  Desapegarnos del mundo material y el servicio a otros probablemente también ayuda a mantenernos lejos de la envidia. Tal vez la próxima vez que nos visite este monstruo de ojos verdes, simplemente necesitamos reflexionar sobre por qué está allí y luego invitarlo a que se vaya.

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