Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Recientemente, la Universidad de Texas A & M anunció que había nombrado al abogado, profesor y estudioso bahá’í (y mi hijo) Robert B. Ahdieh como decano de su Facultad de Derecho.

Conocido como un defensor de la justicia para todos, Bobby Ahdieh tiene una Licenciatura en Artes de la Facultad de Asuntos Públicos e Internacionales Woodrow Wilson de la Universidad de Princeton, y un Juris Doctor de la Facultad de Derecho de Yale. Se desempeñó como asistente legal ante el juez James R. Browning de la Corte de Apelaciones de los Estados Unidos del Noveno Circuito antes de ser seleccionado para el Programa de Honores de la División Civil del Departamento de Justicia de los EE. UU.

Bobby, que actualmente es el K.H. Gyr Profesor de Derecho Internacional Privado y Director del Centro de Federalismo y Gobernanza Intersistémica de la Facultad de Derecho de la Universidad de Emory en Atlanta, Georgia, proviene de una familia bahá’í multigeneracional que remonta su linaje a los primeros días de la Fe Bahá’í. De hecho, mi bisabuelo y el tatarabuelo de Bobby, Mulla Abdu’l-Husayn, vinieron de la pequeña aldea iraní de Nayriz, e incluso siendo juez, él enfrentaró una severa persecución en su propia búsqueda de justicia. Déjame que te cuente la historia.

En 1850, Mulla Abdu’l-Husayn y su familia aceptaron las enseñanzas del Bab, el profeta revolucionario que inauguró la Fe de Babi y anunció la revelación de Bahá’u’lláh, el fundador de la Fe Bahá’í.

Mulla Abdu’l-Husayn y sus familiares creían que las enseñanzas de este nuevo mensajero de Dios eran la respuesta a sus oraciones, y que esas enseñanzas tenían el poder de producir justicia, unidad y paz:

De seguro estamos viviendo hoy en los Días de Dios. Estos son los días gloriosos que jamás vieron la luz del sol en tiempos pasados. Estos son los días que las gentes de épocas anteriores esperaban ansiosamente. ¿Qué os ha acontecido que os encontráis tan profundamente dormidos? Estos son los días en que Dios ha hecho que el Lucero del Alba de la Verdad brille resplandeciente. ¿Qué os ha hecho guardar silencio? Estos son los días señalados que habéis estado anhelando en el pasado —los días del advenimiento de la justicia divina—. El Báb, Selecciones de los Escritos del Báb, p. 70.

La familia de Abdu’l-Husayn enfrentó una severa persecución del clero musulmán por su lealtad al Bab y sus enseñanzas. Muchos de ellos fueron torturados y ejecutados cuando rehusaron retractarse de sus creencias. Creo que el sufrimiento que ellos soportaron se relaciona directamente con el actual nombramiento de Bobby 165 años más tarde en Estados Unidos.

En 1853, en el segundo levantamiento de Nayriz, un gran número de Babis fueron atacados en las montañas del sur de la ciudad. Muchos fueron asesinados y finalmente fueron derrotados por más de 10.000 soldados persas que rodearon la montaña. Cerca de 700 mujeres, niños y ancianos fueron tomados como rehenes y, de manera humillante, fueron obligados a desfilar por las aldeas y las calles y finalmente fueron presentados al jefe del ejército como premio y signo de victoria.

Después de varios ataques y asesinatos horribles, presenciados por mujeres y niños, los soldados trajeron a Mulla Abdul-Husayn, que entonces tenía alrededor de 80 años y había tenido una distinguida carrera como un juez respetado, cara a cara con el jefe de policía. El oficial dijo: “Eres un sabio. ¿Por qué, con todo su conocimiento y sabiduría, y después de una vida de arduo trabajo, ha aceptado esta nueva Fe y ha consentido que sus hijos sean asesinados y su esposa capturada?”.

Mulla Abdul-Husayn respondió: “No tengo la fuerza para responder. Lo único que puedo decirles es que todas las leyes divinas del pasado han sido abrogadas y que se han establecido nuevas leyes para este día. Todas las religiones son una sola y Dios envía nuevas revelaciones para responder a las necesidades de la humanidad “.

Su audaz declaración enojó al oficial en jefe. Ordenó que le pusieran un puñado de tierra en la boca para humillarlo y silenciarlo a él y a su voz, la voz de la verdad y la justicia.

Después de ese interrogatorio en Shiraz, Mulla Abdu’l Husayn fue martirizado cuando él y una veintena de otros babis fueron llevados a pie desde Shiraz a Tiher por orden del Sha. En la aldea de Seadat-u-Abad, cerca de la ciudad de Abadeh, el anciano Mulla Abdu’l-Husayn se puso muy enfermo y no pudo continuar el viaje. En consecuencia, los soldados lo decapitaron, enterraron su cuerpo, y luego llevaron su cabeza en la punta una lanza mientras marchaban, así como lo hicieron con los de los demás mártires babís decapitados. Eventualmente enterraron las cabezas en descomposición, en un lugar conocido, después de llegar a Abadeh.

Poco sabían esos soldados que la llama de la verdad es indomable y no puede extinguirse. Ese día, en 1853, pudieron haber silenciado a Mulla Abdul-Husayn, pero no tenían ni idea de que la realidad de la justicia y la voz de la verdad resonarían ampliamente más allá del pueblo de Nayriz en todos los rincones del mundo, incluyendo Texas.

0 Comentarios

characters remaining