Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Caminando en un parque regional en un hermoso día de verano, sobre los enormes troncos de muchos árboles caídos, me detuve a leer un cartel a lo largo de un sendero.

El letrero, en el Parque Provincial Cathedral Grove en Columbia Británica, contaba la historia de una devastadora tormenta que causó la caída de los árboles gigantes del bosque. El mensaje terminaba con: “Se dejarán aquí para proporcionar nutrientes a la próxima generación de gigantes”.

Tormentas, incendios, terremotos: la naturaleza utiliza estas herramientas para regenerarse. Desde una perspectiva humana, reconocemos estos eventos dramáticos y traumáticos tanto de manera natural como cíclica. Al igual que el bosque que visité, cada generación deja un legado para la siguiente, que a su vez se convierte en su alimento.

Al considerar la escala de esa tormenta y el marco geológico en el que ocurre este tipo de eventos, me pregunté acerca de estas ideas en un sentido más social, ya que se pueden aplicar a las personas. Vivimos en comunidades con intercambio comercial y cultural. ¿Qué nos alimenta ahora? ¿Qué nutrientes dejamos para las generaciones futuras? ¿Quiénes serán los próximos gigantes?

Lo primero en mi lista de lo que nos alimenta es creer en el futuro. Los niños eventualmente piensan más allá de su disfraz de Halloween y quieren “ser” algo cuando crezcan. Tenemos ideas sobre las formas en que queremos vivir, las experiencias que queremos tener y cómo queremos involucrarnos con los demás. Por supuesto, no todo esto se hará realidad, porque la vida nos ofrecerá sus sorpresas y sus decepciones.

Pero mirar hacia adelante nos inspira y nos motiva a soñar, planificar y actuar.

La educación, la ciencia y las artes nos alimentan. Aprender es vivir, y la ciencia es más que un medio para mejorar las tecnologías y las comodidades, también proporciona un medio para observar y entender las maravillas de la vida misma. Del mismo modo, las artes significan más que la decoración del hogar, el entretenimiento y la moda. El verdadero arte también aumenta nuestra imaginación y nos deja considerando nuevas posibilidades.

Si agrupamos estas ideas en nutrientes para el futuro, entonces deberían contribuir a una civilización pacífica y un planeta más saludable.

En aquel futuro, dicen las enseñanzas bahá’ís, también se caracterizará por la ausencia de prejuicios, la igualdad de hombres y mujeres, la eliminación de los extremos de la pobreza y la riqueza, y la trascendencia más allá de los intereses partidistas. La preocupación por el bienestar de todos será de suma importancia. Al describir la relación física de la humanidad, Abdu’l-Bahá dijo:

La dependencia y hermandad humanas existen debido a que el servicio mutuo y la cooperación son los dos principios necesarios que subyacen el bienestar humano. – La Promulgación a la Paz Universal, pág. 164.

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Al relacionar esto con la metáfora de esos árboles caídos como nutrientes, entonces desearemos asegurar que nadie esté hambriento, sin hogar, enfermo o desesperado. Construiremos sistemas y salvaguardas para todos, y los límites geográficos no nos impedirán preocuparnos por los demás. Más bien, estos límites invitarán a nuevas formas de cooperar y corresponder.

No sé a quién consideraremos como los gigantes (héroes) en el futuro. Actualmente, a menudo son multimillonarios jóvenes, innovadores de negocios, atletas, estrellas de la cultura pop y otros ampliamente conocidos a nivel público. Sí, también hay filántropos menos conocidos y otros que realizan grandes hazañas. Pero me pregunto si un mundo futuro, debidamente nutrido, se convertirá en un lugar más generoso y amoroso.

¿Hasta dónde nos atrevemos a mirar en el futuro? Si nos comparáramos con la generación anterior a nosotros, ¿estamos mejor? Entonces, ¿cuál podría ser la situación dentro de cinco generaciones? ¿Y dentro de 10 generaciones? ¿O incluso más?

La Comunidad Internacional Bahá’í en el documento de 1999 “Quién está escribiendo el futuro” declaró:

Sin importar cuán grande sea la agitación, el período al que la humanidad se está acercando abrirá para cada individuo, cada institución y cada comunidad de la tierra, oportunidades sin precedentes para contribuir a escribir el futuro del planeta. 

Un bosque se regenera lentamente, mientras que nuestro marco de tiempo humano avanza con mayor rapidez. Si vamos a creer en el futuro, debemos reconocer que nuestras propias acciones, ahora, son las que proporcionarán los nutrientes para el futuro. Vamos a alimentarlo bien.

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