Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Desde el momento en que nacemos, la forma en que nuestros padres nos tratan nos afecta toda la vida. Nuestro tipo de apego en las relaciones adultas está moldeado por el hecho de si nuestros padres satisficieron consistentemente nuestras necesidades o no de niños.

Existen tres tipos de apego humano: seguro, ansioso ambivalente y ansioso evasivo. Si nuestros padres atendieron consistentemente nuestras necesidades, es más que probable que tengamos un “apego seguro”.

¿Cuáles son las necesidades de un niño? Inmediatamente pensamos en el amor y el cuidado, que se muestran de innumerables maneras tanto intrínsecas como extrínsecas. Según los expertos, algunas formas intrínsecas en que los padres lo muestran son: elogiar a nuestros hijos por el esfuerzo en lugar de por el éxito o la capacidad, resaltar los progresos realizados, fomentar la autonomía mediante la toma de decisiones, alentar la resolución de problemas, tener expectativas realistas, reconocer las cosas buenas que hacen nuestros hijos y elogiarlos por ello en lugar de destacar las deficiencias.

Abdu’l-Bahá señala:

Que las madres consideren de importancia primordial todo lo concerniente a la educación de los hijos. Que se esfuercen al máximo en este sentido, pues cuando el tallo es verde y tierno crece en cualquier forma que se le enseñe. Por tanto, incumbe a las madres criar a sus pequeños como un jardinero cuida sus plantitas. Que procuren día y noche establecer en sus hijos la fe y la certeza, el temor de Dios, el amor hacia el Bienamado de los mundos y todas las buenas cualidades y características. – Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 170.

Hacer estas cosas crea una motivación positiva intrínseca en los niños. Como resultado, es más probable que exhiban rasgos similares con otros y con sus propios hijos más tarde. En mi propia experiencia con mis hijos, esto creó confianza, respeto, aceptación y amor en ellos.

Extrínsecamente, los padres muestran su amor por ellos al proporcionarles un hogar seguro y protegido, así como al satisfacer sus necesidades de comida, ropa y escolarización. Esto puede ser difícil – o extremadamente difícil – para los padres sin los medios para ganarse la vida, o sin un gobierno o sociedad estable en la que vivir. Hoy en día, demasiados padres que desean cuidar de sus hijos se ven obstaculizados por circunstancias difíciles, situaciones que todos estamos llamados a aliviar como podamos. Las leyes que conceden asilo a los inmigrantes, la formación laboral, la baja por maternidad o paternidad, la cobertura sanitaria, las guarderías y la educación deben convertirse en derechos a los que todo ciudadano tiene derecho también.

Todos los humanos están motivados por una de dos realidades, o resultados: la recompensa o el castigo. Los niños, en particular, encuentran difícil saber la diferencia entre las dos porque deben aprender las consecuencias de su comportamiento de la escuela, la socialización, los padres y su propia experiencia. A menudo el comportamiento negativo lleva a la obtención la atención, algo que muchos de nosotros anhelamos desde una edad temprana. Un buen maestro sabe que el comportamiento negativo, para poder ser extinguido, debe ser ignorado o corregido, pero corregido de manera positiva.

Abdu’l-Bahá escribió que bajo ninguna circunstancia se debe golpear o vilipendiar a un niño, ya que su carácter se pervertiría totalmente.

Cuando una madre vea que su hijo se ha portado bien, que le alabe y aliente y le alegre el corazón; y si se manifestare el más mínimo rasgo indeseable, que ella aconseje al niño y le castigue utilizando medios basados en la razón, incluso un leve castigo verbal si fuere necesario. Sin embargo, no está permitido golpear al niño o vilipendiarle, pues su carácter se pervertirá totalmente si es sometido a golpes o a maltrato verbal. – Ibid.

Desafortunadamente, existe un caso tras otro de padres que abusan de sus hijos. Las memorias abundan con tales historias y a veces nos sorprende que esos niños hayan podido superar esas circunstancias y convertirse en miembros felices, seguros y productivos de la sociedad.  El punto es que la unidad familiar debe ser protegida y apoyada por la sociedad. Es la piedra angular de cada cultura y sociedad. Si se trata como tal, los beneficios para la comunidad, el estado, la nación, incluso en el mundo serían enormes.

La integridad del lazo familiar debe tenerse en cuenta constantemente y los derechos de sus miembros individuales no deben ser transgredidos. Los derechos del hijo, del padre, de la madre, ninguno de ellos debe ser transgredido, ningún de ellos debe ser arbitrario. Así como el hijo tiene ciertas obligaciones hacia su padre, de igual modo el padre tiene ciertas obligaciones hacia su hijo. La madre, la hermana y los otros miembros del hogar tienen sus prerrogativas precisas. Todos estos derechos y prerrogativas deben ser mantenidos… – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 182.

Aquí hay un simple principio a seguir: En el ámbito familiar, los derechos de todos los miembros deben ser respetados.

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