Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Imagínese esto: uno de los países más grandes del mundo tiene un brote severo de una enfermedad terrible, por lo que su gobierno ordena una solución: cada región del país debe tratar la enfermedad como mejor le parezca.

De alguna manera, eso es exactamente lo que el mundo ha hecho para abordar el cambio climático: hemos intentado abordar un problema global utilizando un enfoque fragmentado basado en las naciones.

Varios países han aprobado e implementado leyes ambientales estrictas; sin embargo, no todos los países. La mayoría de los países han firmado tratados internacionales, pero desde entonces algunos se han retirado y la mayoría no han alcanzado sus objetivos de emisiones acordados, o ni si quiera lo han intentado seriamente.

Los principales contribuyentes del mundo al problema del cambio climático, los llamados países “emisores brutos” (China, Estados Unidos, India, la Federación de Rusia y Japón) han adoptado enfoques muy variados sobre el tema, sin mucha coordinación o acuerdo.

Las principales víctimas del cambio climático hasta el momento, las naciones isleñas bajas y los países más pobres y menos poderosos del mundo, han tenido poca o ninguna voz en proponer o implementar soluciones.

Todo esto parece al revés, ¿no? De hecho, parece una receta para el fracaso.

En este momento, la mayoría de la gente entiende que el cambio climático representa uno de los primeros problemas verdaderamente globales que enfrenta la humanidad. Hemos tenido guerras y epidemias mundiales, entre otros, pero ninguno de ellos ha desafiado a todas las naciones por igual, ni ha impactado potencialmente a todas las personas en el planeta. Este sí, o pronto lo hará. Cuando los niveles de CO2 y otros gases de efecto invernadero aumentan, nuestro mundo se calienta. Ese calentamiento ha comenzado, y la ciencia muestra que continuará y probablemente empeorará, a menos que actuemos. Por “nosotros”, dicen los científicos, se refieren a la totalidad de la especie humana, a todos nosotros.

Las enseñanzas bahá’ís tienen una recomendación:

Hoy día, el más importante favor de Dios se concentra en torno a la unión y la armonía entre los amigos, a fin de que esta unidad y concordia sean la causa de la promulgación de la unicidad del mundo de la humanidad, que emancipen al mundo de esta intensa oscuridad de enemistad y rencor, y que el Sol de la Verdad brille con pleno y perfecto esplendor. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 137.

Considere esto: un problema global, por definición, requiere una solución global. Ninguna solución puramente local, regional o nacional puede resolver el enigma mundial del cambio climático. Dado que todos en la Tierra respiran el mismo aire, y dado que la atmósfera de la Tierra no conoce fronteras nacionales, debemos enfrentar el desafío del calentamiento global de una manera global. Ningún tratado inejecutable entre cierto número de naciones será suficiente. Ningún país puede dictar políticas para que los demás países sigan. Ningún sistema político de gobierno existente podría imponer su voluntad a todos los demás sistemas.  

Hemos alcanzado un punto de inflexión en la evolución humana, cuando nuestros problemas planetarios han superado las capacidades de nuestras estructuras de gobierno limitadas y localizadas. Hemos restringido y limitado nuestro potencial colectivo para la acción al tratar de enfrentar las batallas del siglo XXI con las armas del siglo XVIII.

Obviamente, entonces, necesitamos un sistema de gobernanza global: una federación de naciones que hayan acordado ceder parte de su soberanía y capacidad de toma de decisiones a un parlamento que hable por todas las personas:

…el Tribunal Supremo que Bahá’u’lláh describió realizará esta tarea sagrada con el máximo de fuerza y poder. Y Su plan es éste: que las asambleas nacionales de cada país y nación, es decir, los parlamentos, deben elegir dos o tres personas que sean las más selectas de esa nación y estén bien informadas acerca de las leyes internacionales y las relaciones entre los gobiernos, y estén conscientes de las necesidades esenciales del mundo de la humanidad en este día. El número de estos representantes debe ser proporcional al número de habitantes de ese país… De entre estas personas se elegirán a los miembros del Tribunal Supremo y así toda la humanidad tendrá participación en éste, ya que cada uno de estos delegados representará plenamente a su nación. Cuando el Tribunal Supremo emita un fallo sobre cualquier cuestión internacional, ya sea por unanimidad o por mayoría, ya no habrá pretexto alguno para el demandante o motivo de objeción para el acusado. En caso de que alguno de los gobiernos o las naciones sea negligente o dilatorio en la ejecución de la irrefutable decisión del Tribunal Supremo, el resto de las naciones se alzará en su contra, porque todos los gobiernos y naciones del mundo serán los defensores de este Tribunal Supremo. Considerad cuán firme es este fundamento. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 401.

En otras palabras, la humanidad necesita desesperadamente un cuerpo representativo cuya responsabilidad abarque a todo el planeta. Para proteger y preservar el frágil medio ambiente de la Tierra, del que depende toda la vida, debemos tener un sistema de gobernanza global preparado para supervisar, regular y limitar el uso de nuestros recursos naturales de manera detallada, cuidadosa y científica. Hoy, ningún grupo tiene ese alcance, lo que significa que el planeta carece de defensores que puedan protegerlo efectivamente, legislar por él y mantenerlo como un fideicomiso para las generaciones futuras de nuestra progenie. Las enseñanzas bahá’ís exigen el establecimiento de un gobierno mundial y dicen que solo la unidad global puede resolver nuestros problemas globales:

… en ello se encuentra el bienestar, la seguridad y los verdaderos intereses de todos los hombres; de otro modo, cada día la tierra será atormentada por una nueva calamidad y estallarán convulsiones sin precedentes. Quiera Dios que benévolamente se ayude a las gentes del mundo a preservar la luz de Sus amorosos consejos en la esfera de la sabiduría. Abrigamos la esperanza de que todos se adornen con la vestidura de la sabiduría verdadera, base del gobierno del mundo. – Bahá’u’lláh, Las Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 197.

¿Qué podría ser más importante?

Solo un grupo de un par de millones de personas en cada parte del planeta trabaja actualmente hacia ese objetivo de gobernanza global: la comunidad mundial bahá’í. Si desea ver emerger un parlamento mundial efectivo y cree, como lo hacen los bahá’ís, que la unidad mundial y una federación mundial de naciones ofrecen a la humanidad la mejor oportunidad posible para enfrentar el cambio climático, únase a nosotros.

0 Comentarios

characters remaining