Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Cuando intento usar mi mente para entender mi corazón, me siento como un ciego tratando de usar todos sus otros sentidos para conocer a un elefante.

Sin ojos no podemos saber cómo es el elefante. Sin nuestros ojos internos no podemos ver lo que nuestro corazón refleja, no podemos saber cómo se asocia el corazón con nuestra mente y la realidad reflejada por nuestro corazón. A menos que abramos nuestros ojos internos, nuestra mente no puede conocer nuestro corazón.

¿Qué son los ojos espirituales? Al igual que nuestra vista física nos permite ver los fenómenos del mundo físico, nuestra vista espiritual – nuestra visión interna – nos hace conscientes de los significados más profundos y ocultos en el ámbito espiritual:

Las promesas celestiales están siempre presentes. Los favores de Dios nos rodean por todas partes. Pero si el ojo consciente del alma del hombre permanece velado y en tinieblas, será inducido a negar estos signos universales y permanecerá privado de estas manifestaciones de la bondad divina. Por tanto, debemos esforzarnos de alma y corazón para que el velo que cubre el ojo de la visión interior sea levantado y podamos contemplar las manifestaciones de los signos de Dios, discernir Sus gracias misteriosas y darnos cuenta de que las bendiciones materiales, cuando se comparan con las bondades espirituales, son como nada. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 107.

Por ejemplo, cuando nos enfrentamos a una dificultad, si sólo vemos el evento en sí mismo sin tratar de entender por qué es difícil para nosotros, y cuál puede ser su propósito final, entonces perdemos el significado espiritual.

Las dificultades me dicen que tengo algún tipo de apego que hace que las cosas se vuelvan difíciles. Con mi vista espiritual trato de entender lo que esa experiencia puede enseñarme, para poder ver a lo que estoy apegada. Cuando logro entenderlo, el suceso cobra un significado espiritual. Normalmente, he aprendido que estoy apegada a una idea hecha por el hombre – los valores que aprendí de mi entorno, una creencia equivocada que proviene de las experiencias que he tenido, o un sentimiento de inseguridad que trato de evitar debido a los miedos que vienen de mi pasado. Si utilizo mi visión interior para observar mientras experimento el suceso, y lo siento con mi corazón, puedo seguir observando la realidad.

Finalmente, cuando uso esa visión espiritual interna, normalmente soy capaz de averiguar a qué estoy apegada mediante el proceso de reflexión. Para ver con nuestros ojos espirituales, necesitamos mantener nuestras mentes abiertas y quietas, para que el espejo del corazón pueda reflejar claramente la guía de Dios. El significado espiritual es la sabiduría que Dios nos otorga, al entender por qué ocurrió aquel suceso en particular.

Al usar nuestros ojos espirituales, nuestra alma también tiene el poder de analizar y hacer la conexión con nuestras antiguas experiencias, lo que puede llevar a la comprensión de los significados espirituales más profundos de la vida. Con los ojos externos observamos el fenómeno, con los ojos internos observamos los cambios en nuestro poder interior mientras experimentamos el fenómeno. Necesitamos tanto los ojos externos como los internos para descubrir cómo el mundo interior tiene una conexión con el mundo exterior:

…si el hombre mirara con el ojo del discernimiento divino y espiritual, fácilmente admitiría que absolutamente nada puede existir sin la revelación del esplendor de Dios, el Rey ideal. Considera cómo todas las cosas creadas atestiguan elocuentemente la revelación de esa Luz interior que hay dentro de ellas. Mira cómo dentro de todas las cosas están abiertos los portales del Ri¤ván de Dios, para que los buscadores alcancen las ciudades del entendimiento y sabiduría y entren en los jardines del conocimiento y poder. Dentro de cada jardín contemplarán a la novia mística del conocimiento interior, guardada en los aposentos de la prolación, llena de gracia y adornada con sus mejores galas. – Bahá’u’lláh, El libro de la certeza, pág. 113.

Cuando aprendemos a entender el porqué detrás de nuestras dificultades y la profundidad de su significado, obtenemos la visión y la práctica de usar nuestros ojos internos para ver lo que Dios ve. En el proceso comprendemos mejor la voluntad de Dios y lo que Él desea para nosotros. Dios realmente otorga conocimiento a través de las dificultades que experimentamos. Nuestras dificultades son donde Dios hace brillar su luz de sabiduría en nuestra zona oscura, en el apego de nuestra alma. Ilumina todo nuestro ser y nos da el espíritu de la vida. Esta luz de sabiduría es como la luz a través de la cual el sol da vida a las plantas, ganamos el espíritu de vida y fortalecemos nuestra alma con la luz de la sabiduría.

Y si el amante, confirmado por el Creador, escapa de las garras del águila del amor, entrará en: El Valle del Conocimiento y saldrá de la duda para hallar la certeza, y se volverá de las oscuras ilusiones hacia la luz de guía del temor de Dios. Se abrirá su vista interior y conversará íntimamente con el Bienamado. Entreabrirá el portal de la verdad y la piedad, y cerrará las puertas de las vanas imaginaciones. En esta etapa se contenta con el decreto de Dios, ve en la guerra la paz y encuentra en la muerte los secretos de la vida sempiterna. Con ojos interiores y exteriores atestigua los misterios de la resurrección en los dominios de lo creado y en las almas de los hombres, y purificado su corazón, comprende la sabiduría divina en las infinitas Manifestaciones de Dios. En el océano discierne una gota y en una gota contempla los secretos que atesora el mar. – Bahá’u’lláh, Los siete valles y los cuatro valles, pág. 31.

Seguir las enseñanzas de Bahá’u’lláh, junto con la oración y la meditación diarias, me da una guía divina y me ayuda a encontrar mi corazón. El amor de Bahá’u’lláh ha limpiado mi mente, abierto mis ojos interiores, sanado mi alma y me ha dado una nueva vida. La sabiduría de Bahá’u’lláh me dio la luz para salir de la oscuridad, para combatir mi propia ignorancia y para seguir un camino recto. Las enseñanzas bahá’ís me dieron todo lo que busqué, pero no pude encontrar.

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