Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Los historiadores difieren en este punto, pero en 1916, ya sea John D. Rockefeller o Henry Ford se convirtió en el primer multimillonario del mundo. Hoy en día el mundo tiene 2.604 multimillonarios, que poseen una riqueza total de 8,7 billones (millones de millones) de dólares.


En 2017, Oxfam informó de que los ocho multimillonarios más ricos del mundo poseen tanta riqueza combinada como “la mitad más pobre de la raza humana”.

De hecho, algunos de esos multimillonarios ultra-ricos están ahora en camino, si sus ingresos continúan aumentando, a convertirse en los primeros trillonarios del mundo.

Así que la pregunta que ha surgido recientemente entre la gente común, los políticos y los legisladores por igual: ¿debemos prohibir a los multimillonarios?

¿Deberían las naciones del mundo hacer imposible o ilegal que un individuo acumule tanto exceso de riqueza? ¿Deberíamos adoptar políticas económicas y fiscales que reorienten algunas de esas enormes riquezas individuales en beneficio general de los pueblos del mundo? En general, ¿qué debería hacer la humanidad con respecto a la creciente disparidad entre los muy ricos y los muy pobres?

Las enseñanzas bahá’ís responden a esas preguntas con estos principios fundamentales:

La riqueza es muy encomiable, siempre que toda la población sea rica. Sin embargo, si sólo unos pocos poseen riquezas desproporcionadas, mientras que el resto se encuentra empobrecido, y no hay fruto ni beneficio que resulte de semejante abundancia, entonces es ésta tan sólo una carga para su poseedor. – Abdu’l-Bahá, El secreto de la civilización divina.

No debería existir un financiero con una colosal riqueza mientras cerca de él haya alguien en extrema necesidad. Cuando vemos que la pobreza alcanza los límites del hambre, es un signo seguro de que en alguna parte existe tiranía. La humanidad debe implicarse de lleno en este asunto, y no demorar por más tiempo la modificación de las condiciones que causan la miseria de la tiranía de la pobreza a un gran número de personas. – Abdu’l-Bahá, La sabiduría de Abdu’l-Bahá.

En este sentido, las enseñanzas bahá’ís prescriben dos remedios paralelos para esta multiplicación de riqueza masiva: un creciente amor por la humanidad entre los ricos, que se traduce en un aumento de las donaciones caritativas voluntarias a los pobres; y la adopción de políticas progresivas de impuestos para que tales acumulaciones brutas de riqueza ya no sean posibles.

Abdu’l-Bahá señaló:

…las Enseñanzas de Bahá’u’lláh abogan por compartir voluntariamente, y esto es algo más grande que la equiparación de riqueza. Pues la igualación debe ser impuesta desde afuera, mientras que el compartir es un asunto de libre elección.

El hombre alcanza la perfección por medio de las buenas acciones, realizadas voluntariamente, no por buenas obras que le son impuestas. Y compartir es una acción justa de decisión personal: es decir, el rico debe ofrecer su ayuda al pobre, debe gastar sus bienes en favor del pobre, mas por su propio libre albedrío, y no porque el pobre haya obtenido esto por la fuerza. Pues la cosecha de la fuerza es el tumulto y la ruina del orden social. Por el contrario, la partición voluntaria, el libre desembolso de los propios bienes, conducen a la comodidad y la paz de la sociedad. Ello ilumina el mundo y confiere honor a la humanidad. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá.

Sin embargo, en las enseñanzas bahá’ís también dice que es necesario un equilibrio entre la filantropía voluntaria y la política gubernamental que funciona para abolir la pobreza extrema:

Uno de los más importantes principios de la Enseñanza de Bahá’u’lláh: el derecho de todo ser humano al pan de cada día, por medio del cual subsiste, o a la equiparación de los medios de subsistencia.

Las medidas para regularizar las condiciones económicas de la gente deberían ser tales que la pobreza desapareciera y que todos, en la medida de lo posible y de acuerdo con su rango y posición, tuvieran su parte de comodidad y bienestar.

Por un lado, vemos entre nosotros a personas que están sobrecargadas de riquezas, y por otro lado, otras desafortunadas que desfallecen por no tener ni qué comer; aquellos que tienen varios palacios imponentes, y otros que no tienen dónde descansar su cabeza. Encontramos a algunos con abundancia de alimentos, exquisitos y costosos; mientras que otros apenas pueden conseguir un mendrugo para mantenerse con vida. Mientras unos se visten con terciopelos, pieles y delicado lino, otros sólo tienen prendas miserables, pobres y ligeras con las que protegerse del frío.

Esta situación es injusta, y debe ser remediada. Pero el remedio deberá emprenderse con sumo cuidado. – Abdu’l-Bahá, La sabiduría de Abdu’l-Bahá.

Esta visión de un futuro más espiritual vaticina la eliminación de los extremos de pobreza y riqueza a través de los efectos combinados de la filantropía y las políticas:

Bahá’u’lláh estableció principios de guía y enseñanzas para el reajuste económico. Reveló las regulaciones que aseguran el bienestar de la mancomunidad. Así como el rico disfruta de su vida rodeado de comodidades y lujos, el pobre de igual modo debe tener un hogar y debe ser provisto con el sustento y las comodidades proporcionales a sus necesidades. Este reajuste de la economía social es de la mayor importancia puesto que asegura la estabilidad del mundo de la humanidad; y hasta que no sea efectivizado, la felicidad y prosperidad son imposibles. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal.

Esencialmente, las enseñanzas bahá’ís sugieren reajustar la economía social de la humanidad a través de un sistema de impuestos progresivos, en el que la tasa impositiva aumente a medida que la cantidad de riqueza gravable también aumente:

Bahá’u’lláh ha revelado principios y leyes que efectuarán el ajuste de las diversas capacidades humanas. Él ha dicho que todo lo que sea posible lograr en el gobierno humano será realizado a través de estos principios. Cuando las leyes 230 que Él ha instituido se cumplan, no será posible que haya millonarios en la comunidad y de igual forma no habrá gente extremadamente pobre. Esto será realizado y regulado mediante el ajuste de los diferentes grados de la capacidad humana…

Cada persona en la comunidad cuya necesidad es igual a su capacidad de producción individual, estará libre de impuestos. Pero si sus ingresos son mayores que sus necesidades, debe pagar un impuesto hasta que se logre un ajuste. Es decir, la capacidad de producción de un hombre y sus necesidades serán compensadas y reconciliadas a través del tributo. Si su producción es abundante, deberá pagar un impuesto; si sus necesidades exceden a su producción, recibirá una cantidad suficiente para compensar o ajustar. Por tanto, el gravamen será proporcional a la capacidad y a la producción, y no habrá pobres en la comunidad. – Ibid.

En caso de que se lo pregunten, Abdu’l-Bahá dijo que “no serán posibles los millonarios en la comunidad” en 1912 – y un millón de dólares en 1912 equivale aproximadamente a 26 millones de dólares hoy en día. Así que a juzgar por las enseñanzas bahá’ís, mil millones de dólares – según la mayoría de las definiciones económicas, la riqueza que posee un multimillonario – excede con creces la fortuna que cualquier persona debería poseer:

Deberán establecerse leyes especiales, que tr aten de las condiciones extremas de riqueza y de pobreza. Los funcionarios del gobierno deberían tener en cuenta las leyes de Dios cuando formulen planes para gobernar al pueblo. Los derechos universales de la humanidad deben ser protegidos y preservados.

Los gobiernos de los distintos países deberán ajustarse a la Ley Divina, que otorga igual justicia a todos. Ésta es la única manera de abolir la deplorable futilidad de la riqueza exagerada, así como la miserable, desmoralizante y degradante pobreza. Hasta que esto no sea un hecho, no se habrá obedecido la ley de Dios. – Abdu’l-Bahá, La sabiduría de Abdu’l-Bahá.

…el mundo humano se adaptará a una nueva forma social, la justicia de Dios se hará manifiesta a través de los asuntos humanos, y la igualdad humana será universalmente establecida. Los pobres recibirán una gran dádiva, y los ricos lograrán felicidad eterna. Porque aunque en el presente los ricos disfrutan del más grande lujo y confort, no obstante, están privados de la felicidad eterna, pues la felicidad eterna depende del “dar”; y, a su vez, los pobres en todas partes se hallan en un estado de abyecta necesidad. A través de la manifestación de la gran equidad de Dios, los pobres del mundo serán recompensados y ayudados plenamente, y habrá un reajuste en las condiciones económicas de la humanidad para que en el futuro no haya anormalmente ricos ni pobres abyectos. Los ricos disfrutarán el privilegio de esta nueva condición económica tanto como los pobres, pues debido a ciertas provisiones y restricciones no podrán acumular tanto como para agobiarse con su administración, en tanto los pobres serán aliviados de la tensión de la privación y la miseria. El rico disfrutará en un palacio, el pobre tendrá su cómoda cabaña. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal.

0 Comentarios

characters remaining