Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Como consecuencia de la crisis mundial, la educación a distancia es un reto compartido para todos los padres del mundo. ¿Cómo te sientes con la educación virtual de tus hijos?

Hace dos años opté valientemente por una educación a distancia para mis hijos Rafaella y Vincenzo. Fue un enorme desafío para mi familia. Pero ni en el sueño más alocado podría haber imaginado que me estaba preparando para las circunstancias actuales que nos deja el COVID-19.

Decidí educar a mis hijos a distancia desde que mi pequeña Rafaella empezó a cambiar sus lindas anécdotas escolares por preguntas de por qué sus amiguitas de tercer grado tenían conversaciones inapropiadas. Me asusté, sin embargo, la gota que colmó el vaso fue el día que mi pequeño Vincenzo de solo 6 añitos llegó a casa con una hemorragia nasal porque un niño le pateó la cara en el bus escolar.

Tomé la decisión. Tenía que hacer algo radical. Encontré un buen programa de educación a distancia y con la ayuda invalorable de mi querida madre, empezamos.

Debo admitir que fue una empresa difícil la que iniciamos. En los descansos de mi teletrabajo debía controlar el avance de los cursos, y mi madre, que cargó con la mayor parte del trabajo, debía controlar que los niños cumplieran cabalmente con el requerimiento del currículo de la escuela. Mi hija reclamaba: “Mamá, ¿te das cuenta que no tendré fiesta de promoción?”.

Desde el inicio, la experiencia fue exasperante y por momentos muy tensa, sobre todo cuando los niños tenían que rendir exámenes y tenían un tiempo cronometrado para hacerlo. Fue tenso. Descubrí que no tenía el talento para enseñar. Y es bueno aceptarlo, porque así podemos empezar a mejorar.

Aprendiendo a ser maestros

 ¡Cuán importante es desarrollar la virtud de la paciencia! No solo con nuestros niños, sino con uno mismo. Hay momentos en que lo mejor que podremos hacer será respirar profundo y quedarnos en silencio. Luego, con mucho amor y paciencia, replantear lo que queremos y hacernos entender. Aquí la clave es entender que la mayor parte del tiempo el problema somos nosotros: los padres que aún no hemos aprendido a enseñar.

Nadie dijo que sería fácil, pero cada esfuerzo hecho por la educación de nuestros hijos es loable. Eso dice Abdu’l-Bahá, el hijo del fundador y profeta de la Fe bahá’í:

Que las madres consideren de importancia primordial todo lo concerniente a la educación de los hijos. Que se esfuercen al máximo en este sentido, pues cuando el tallo es verde y tierno crece en cualquier forma que se le enseñe. Por tanto, incumbe a las madres criar a sus pequeños como un jardinero cuida sus plantitas… Cuando una madre vea que su hijo se ha portado bien, que le alabe y aliente y le alegre el corazón. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá.

La mayoría de padres no estamos preparados para asumir la tarea de educadores. Siempre relegamos esa responsabilidad a las escuelas y los maestros. Pero de la noche a la mañana, la pandemia lo cambió todo. Los padres hemos tenido que tomar la batuta de educadores. No ha quedado de otra. Muchos estamos aún tratando de encontrar la mejor forma de enseñar a nuestros hijos, pero todos estamos aprendiendo juntos.

Ahora estamos volviendo a descubrir que la educación de los niños siempre ha sido nuestra responsabilidad. Como dicen las enseñanzas bahá’ís: “Es de incumbencia del padre y de la madre adiestrar a sus hijos, tanto en la buena conducta como en el estudio de libros; es decir, en el grado que se requiera tal estudio, de modo que ningún niño, ya sea mujer o varón, permanezca iletrado”. – Pasajes de los escritos de Bahá’u’lláh.

Adaptando el currículo para beneficiar a nuestros hijos

Durante la crisis debemos esforzarnos por ver el lado positivo de las cosas. Debemos entender que nos estamos preparando para el futuro. No sabemos a ciencia cierta qué vendrá más adelante.

Analicemos también las ventajas: nuestros hijos dormirán mejor, no llegarán tarde a sus clases, sus horarios siempre serán flexibles, y tendremos la enorme ventaja de programar sus cursos de acuerdo a sus estados de ánimo.

Cada padre puede identificar qué curso le causa mayor estrés a su hijo. Los días que hacemos matemáticas, por ejemplo, les damos más tiempo para descansar entre tareas. Para nosotros fue de mucha ayuda incluir la música en nuestro currículo. No solo fue importante, fue mágico. Rafaella y Vincenzo tocan el teclado y el ukelele. Cada padre puede analizar y escoger el instrumento que más se adapte a sus hijos.

“El arte de la música es divino y eficaz. Es el alimento del alma y el espíritu. Mediante el poder y el arte de la música, el espíritu del hombre se eleva. Tiene un maravilloso influjo y efecto en el corazón de los niños, pues sus corazones son puros y las melodías tienen gran influencia entre ellos. Los talentos latentes de los cuales están dotados los corazones de estos niños encontraran expresión a través del medio musical.”. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal.

Conectando con nuestros hijos

Usemos este tiempo para volver a conocer a nuestros hijos. Tengamos conversaciones significativas con ellos, preocupémonos por ayudarlos a formar un carácter recto, ayudémoslos a preparar sus exposiciones y presentarlos ante toda la familia. Sin darnos cuenta ellos nos van a enseñar a nosotros a educar.

Ahora que tenemos tiempo, podemos aprovechar las redes sociales de forma productiva: unámonos a algún grupo de padres o de educadores, etc. Aprovechemos ese tiempo que antes nunca teníamos.

Los escritos bahá’ís dicen: 

“Alentad a los escolares, desde sus primeros años, a dar discursos de gran calidad, para que en su tiempo libre se ocupen en dar conferencias convincentes e impresionantes, expresándose con claridad y elocuencia”. –Pasajes de los escritos de Bahá’u’lláh.

Nuestros hijos nunca olvidarán esta pandemia, así que ayudemos a que cuando les toque volver a salir a las calles, entiendan que la vida es un regalo, y que hayan aprendido qué es la solidaridad, la paciencia, el desprendimiento. Ahora que todos estamos tratando de ayudar a los necesitados con oraciones, con energía, con alimentos, con lo que tengamos a la mano, no olvidemos que podemos empezar desde casa a formar una nueva raza de personas que se distingan por esas cualidades.

No olvidemos que prestar especial atención a la educación de nuestros hijos es nuestro granito de arena para contribuir con el mejoramiento de la sociedad.  

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