Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

La filosofía materialista se basa en la noción de que la materia es fundamental para la existencia humana y que los intangibles como la conciencia, la mente y el alma no son más que los productos derivados de la materia.

Algunos materialistas atribuyen todo el dominio de las interacciones físicas, incluido el comportamiento humano, a las leyes mecánicas de la ciencia, no reconociendo que el pensamiento y la razón humanos no son procesos puramente mecánicos. Reflexionemos, entonces, en esta breve serie de artículos, sobre el fenómeno del materialismo desde una perspectiva espiritual y psicológica, para comprender sus consecuencias y explorar cómo la humanidad podría superar su influencia negativa.

La adherencia a la filosofía del materialismo puede moldear la visión individual de la vida y su propósito en al menos dos formas: puede llevar a un apego excesivo y egoísta a las posesiones materiales que se convierten en el objetivo central de la vida; y / o puede causar el rechazo de la noción de Dios y las enseñanzas divinas, así como la negación de la realidad espiritual de la existencia humana. Las características comunes de una mentalidad materialista incluyen el egocentrismo, el sentirse con derecho a todo y el apego a las vanidades y los deseos del mundo.

Las enseñanzas bahá’ís hablan enérgicamente sobre el tema del materialismo:

Considerad hasta qué límite extraordinario ha sido sojuzgado por el materialismo la espiritualidad de la gente, los sentimientos espirituales parecen haber desaparecido, la civilización divina se vuelve decadente y la guía y el conocimiento de Dios ya no perduran. Todos están sumergidos en un mar de materialismo. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 234.

Observad cómo la oscuridad ha ensombrecido el mundo. En cada rincón de la tierra hay lucha, discordia y algún tipo de guerra. La humanidad está sumergida en un mar de materialismo y ocupada con lo asuntos de este mundo. No tiene otro pensamiento más allá de las posesiones terrenales y no manifiesta otro deseo salvo las pasiones de esta efímera existencia mortal Su mayor intención es el logro de una subsistencia material, comodidad física y diversiones mundanas como las que constituyen la felicidad del mundo animal antes que la del mundo del hombre. – Ibid., pág. 334.

Recientemente, la Casa Universal de Justicia, el consejo líder democráticamente elegidos por los bahá’ís del mundo, comentó que:

Las fuerzas del materialismo promueven una … línea de pensamiento: que la felicidad proviene de la adquisición constante, que cuanto más uno tiene mejor, que la preocupación por el medio ambiente es para otro momento. Estos mensajes seductores alimentan un sentido cada vez más arraigado de derecho personal, que utiliza el lenguaje de la justicia y los derechos para disfrazar el interés propio. La indiferencia ante las dificultades experimentadas por otros se convierte en algo común, mientras que el entretenimiento y las distracciones se consumen vorazmente. –   La Casa Universal de Justicia, 1 de marzo de 2017.

Vivimos en un mundo donde la cultura del consumismo y la indiferencia ante la difícil situación de los pobres y su sufrimiento se ha vuelto generalizado. Las personas son valoradas por lo que poseen en lugar de quiénes son y qué valores albergan para el mejoramiento de la humanidad. En resumen, el materialismo se ha convertido en una fuerza poderosa que influye en cómo algunas personas planifican sus vidas y persiguen sus metas y logros para el único beneficio y satisfacción de sí mismos.

Shoghi Effendi, el Guardián de la Fe Bahá’í, expresó enfáticamente su preocupación de que esta forma de vida resultaría en la corrupción y el deterioro moral de la sociedad actual que se está hundiendo en un mar de materialismo:

El recrudecimiento de la intolerancia religiosa, de la animosidad racial y de la arrogancia patriótica; las crecientes evidencias de egoísmo, recelo, temor y engaño; la difusión del terrorismo, la anarquía, el alcoholismo y el crimen; la sed insaciable y la búsqueda febril de vanidades, riqueza y placeres terrenales; el debilitamiento de la solidaridad familiar; el relajamiento del control parental; la caída a la indulgencia lujuriosa; la actitud irresponsable hacia el matrimonio y la consiguiente ola de divorcios … la extensión de la influencia y de las actividades de esos “profetas de la decadencia” … que denuncian a la religión como el opio del pueblo, que, si se le diera rienda suelta, harían retroceder a la raza humana a la barbarie, al caos y a la extinción final: estas aparecen como las características sobresalientes de una sociedad decadente, una sociedad que debe renacer o perecer. – El Orden Mundial de Baha’u’llah , pp. 187-88.

¿Qué podemos hacer con este cáncer desenfrenado? En el siguiente ensayo de esta serie de dos partes, exploraremos lo que recomiendan las enseñanzas bahá’ís.

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