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Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í. El sitio web oficial de la Fe Bahá’í es Bahai.org y el sitio web oficial de los bahá’ís de los Estados Unidos es Bahai.us.
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Espiritualidad

¿Podemos tener una bandera para nuestro planeta?

Badi Shams | Feb 22, 2022

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Badi Shams | Feb 22, 2022

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Últimamente he deseado que tuviéramos una bandera para nuestro planeta, junto con nuestras banderas nacionales. ¿No sería estupendo tener una bandera universal que mostrara a la Tierra nuestro compromiso, lealtad, respeto y amor?

En realidad, el tema de las banderas lleva ocupando mi mente y mi alma desde hace mucho tiempo, pero tengo que empezar con un descargo de responsabilidad para evitar malentendidos o acusaciones de ser antipatriótico: no estoy en contra de ninguna bandera ni de ningún país, y no tengo nada en contra de amar a la patria o al país de origen. Creo que ese tipo de patriotismo demuestra la existencia de la pasión, el agradecimiento y la lealtad.

Pero tengo un problema cuando esos sentimientos de patriotismo vienen a costa de olvidar nuestro amor por nuestro hogar más grande, nuestro amor por toda la Tierra.

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Este sentimiento es muy personal. Cuando veo los Juegos Olímpicos u otros deportes, a veces siento que tengo lealtades divididas, ya que he vivido en Irán, India, China, América Latina y Canadá. Dondequiera que viviera, sentía que era mi país y que era mi hogar.

Como bahá’í, he asumido como mi deber espiritual obedecer las leyes de los países donde he vivido. Esa experiencia me enseñó a darme cuenta del verdadero significado del poderoso pasaje de Bahá’u’lláh de los escritos bahá’ís:

En este Día incumbe a todo hombre asirse a lo que promueva los intereses de todas las naciones y gobiernos justos y exalte su posición… Cuanto haya hecho a los hijos de los hombres rehuirse uno a otro y haya causado disensiones y divisiones entre ellos ha sido anulado y abolido por la revelación de estas palabras… No debe preciarse quien ama a su patria, sino quien ama al mundo.

Pensando en este ideal bahá’í de la unidad de todo el planeta, cómo me gustaría que tuviéramos una bandera para toda la Tierra, para mostrar nuestro amor por ella, saludarla e incluso derramar lágrimas por su triste situación. Al hacer eso, en realidad, también mostramos amor por nuestros países individuales.

Cómo me gustaría que no matáramos en nombre de una pequeña porción del planeta, o que no odiáramos a la gente que vive al otro lado de una frontera trazada, no por Dios, sino por el hombre.

Cómo me gustaría que algunas de esas lágrimas derramadas cuando se tocan los himnos nacionales se derramaran por una bandera que representara a todo nuestro planeta. Me entristece ver que tanto amor está fuera de lugar. Temo que estos fuertes sentimientos nacionales bloqueen nuestro amor por el mundo en general y por la propia humanidad. Puede que nos impidan expandir nuestras mentes y almas para ver cómo nos necesitamos unos a otros, sin importar en qué lado de la frontera vivamos.

Cómo me gustaría que la humanidad no hubiera dividido nuestro planeta dado por Dios en diferentes trozos, que han cambiado a lo largo de la historia humana debido a los conflictos, la violencia y el derramamiento de sangre.

Mis sentimientos, como los de todos los bahá’ís que consideran a la humanidad como una sola familia y a toda la Tierra como un solo país, tratan de ampliar nuestros horizontes más allá de nuestras lealtades nacionales y religiosas. En un discurso que pronunció en los Estados Unidos en 1912, Abdu’l-Bahá lo expresó así:

Una enseñanza fundamental de Bahá’u’lláh es la unidad del mundo de la humanidad. Dirigiéndose a la humanidad, Él dice: “Sois todos hojas de un solo árbol y frutos de una sola rama”. Con ello quiso decir que el mundo de la humanidad es como un árbol, las naciones o pueblos son los diferentes miembros o ramas de ese árbol, y los individuos humanos son como sus frutos y capullos.

No hay que avergonzarse de amar a nuestro país de origen, pero no a costa de hacer de ello un motivo de aversión u odio o de guerra contra otros de otras partes del planeta.

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Lamentablemente, quienes están dispuestos a matar y morir por su patria ignoran las necesidades de nuestro verdadero hogar, la Tierra. Debido a nuestra estrecha visión del nacionalismo, nuestro hogar está en peligro de ser destruido. Esta declaración de la Casa Universal de Justicia, el órgano administrativo democráticamente elegido de los bahá’ís del mundo, señala este hecho:

El nacionalismo desenfrenado, que es diferente de un patriotismo sano y legítimo, debe ceder ante una lealtad más amplia: el amor a toda la humanidad. La declaración de Bahá’u’lláh es la siguiente: «La tierra es un solo país, y la humanidad sus ciudadanos» . El concepto de la ciudadanía mundial es el resultado directo de la contracción del mundo en una sola vecindad por medio de los adelantos científicos y de la indiscutible dependencia entre las naciones. El amor a todos los pueblos del mundo no excluye el amor al propio país. Se beneficia más una parte determinada de la sociedad mundial cuando se fomenta el beneficio de la totalidad. Las actividades internacionales actuales en diversos campos, que estimulan el afecto mutuo y el sentido de la solidaridad entre los pueblos, deben ser ampliamente multiplicadas.

Los bahá’ís de todo el mundo prestan atención a estas palabras de Bahá’u’lláh, que escribió «… eliminar las diferencias y extinguir la llama del odio y la enemistad, para que la tierra entera llegue a ser considerada como un país«.

La humanidad ha recorrido un largo camino. Espero que pronto alcancemos nuestra madurez colectiva y aceptemos que todos somos ciudadanos de la madre Tierra. Ella es nuestro verdadero país. Entonces podremos dirigir nuestras energías y recursos a la unificación del mundo y a la curación de los daños que nuestra ignorancia y nuestros conflictos han causado.

Espero que la próxima vez que veamos todas las banderas del mundo exhibidas con orgullo, nos demos cuenta de que la bandera de nuestro planeta ondea en lo alto. Después de todo, como dijo Abdu’l-Bahá:

Todos pueden vivir en cualquier punto del globo terráqueo. Por tanto, el mundo entero es la tierra natal del hombre…  Cada área limitada a la cual llamamos nuestro país natal, la consideramos como nuestra patria, mientras que el globo terrestre es la patria de todos y no alguna área restringida.

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