Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Hace poco asistí a una conferencia sobre el tema “Enseñar y aprender”, que me hizo preguntarme cómo se conectan entre sí estos dos temas importantes.

Con tantas ideas exploradas ese día, he estado pensando desde entonces en la relación entre la enseñanza y el aprendizaje, e incluso si una puede ocurrir sin la otra.

Probablemente todos hemos escuchado aquella pregunta proverbial: si un árbol se derrumba en medio del bosque ¿hace ruido si es que nadie lo escucha? Entonces, ¿puede la enseñanza tener lugar en ausencia del aprendizaje?

La teoría clásica de las comunicaciones diría que no, insistiendo en que un mensaje debe tener un receptor. Dentro de estos términos teóricos, la comunicación requiere un emisor, un medio y un receptor; y luego se puede establecer un bucle de retroalimentación, mediante el cual uno impacta o influye sobre el otro.

Sin embargo, veo esto de forma diferente, y la razón es simple. Mientras estoy sentada en la oficina de mi casa escribiendo esto, el sol brilla, y lo hace para todos, no solo para mí. Aunque en este momento no puedo verlo, creo que está brillando allá afuera. En lo que respecta a la retroalimentación, bueno, el sol no deja de brillar simplemente porque no me doy cuenta de que lo hace.

En el marco de las tradiciones religiosas, esta discusión tiene una perspectiva diferente y, por lo tanto, las palabras que usamos serían diferentes. Para ofrecer una metáfora, la enseñanza podría considerarse como las verdades o instrucciones de los mensajeros y profetas divinos, lo que significa que aprender sería, en este caso, el resultado de los cambios en los pensamientos y comportamientos de las personas.

Como individuo, podría preguntarme qué determina que pueda recibir la enseñanza y qué puedo hacer con ella, es decir, cómo podría aprender. La respuesta: tengo libre albedrío para reconocerla y actuar en la medida de mi capacidad. En este contexto, la capacidad es más que una inteligencia innata (como la medida por las pruebas de IQ o EQ). Más bien, la palabra se refiere a la receptividad, la falta de prejuicios y el anhelo de aprender y crecer. A través del libre albedrío, puedo optar por llegar a alcanzar los límites de mi capacidad, o puedo permanecer insatisfecha.

Los bahá’ís siguen las enseñanzas de Bahá’u’lláh, y “Divino Educador” se encuentra entre las muchas formas en que los bahá’ís se refieren al fundador de nuestra Fe. Su llegada fue anunciada y su mensaje fue dado a conocer, independientemente de quién lo haya escuchado o respondido. Dado que la esencia del mensaje de Bahá’u’lláh es la unidad, creemos que el mundo se está moviendo hacia la unidad, aun cuando los signos de desunión persisten en este camino:

Es cierto que el medio más importante para el logro del avance y gloria del hombre, el instrumento supremo para la iluminación y redención del mundo, es el amor y el compañerismo, y la unidad entre todos los miembros de la raza humana. Nada puede llevarse a cabo en el mundo, ni siquiera como proyecto, sin unidad y acuerdo, y el medio perfecto con que engendrar compañerismo y unión es la verdadera religión. – Abdu’l-Bahá, El Secreto de la Civilización Divina, pág. 43.

A lo largo de los siglos, muchos educadores divinos han venido a instruir a la humanidad con el propósito de promover la civilización y guiarnos hacia una mayor conciencia. Dado que las verdades fundamentales no han cambiado, los bahá’ís están de acuerdo con los principios básicos que se encuentran en otras tradiciones religiosas. Pero a medida que la humanidad se ha desarrollado y ha madurado, también lo ha hecho el mensaje. Específicamente, a lo largo de la historia de la humanidad, se han revelado enseñanzas sobre asuntos prácticos y temas relevantes para aquellas épocas. Cualquiera que sea la motivación de una persona por aprender, esta ofrece muchos beneficios. Como dijo Leonardo da Vinci: “El placer más noble es la alegría de la comprensión”.

Entonces, para volver a mi pregunta inicial sobre la enseñanza y el aprendizaje, creo que una puede tener lugar sin la otra. Puedo elegir estar atento a la enseñanza y aprender de ella; o puedo optar por ignorarla. En cualquier caso, las consecuencias son mías. Ya sea que yo misma aprenda o no, el potencial sigue existiendo para que otros aprendan y se beneficien, al igual que el sol brilla afuera incluso cuando yo no lo veo.

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