Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Los escritos bahá’ís afirman enfáticamente que las dificultades en la salud mental están separadas de la vida del alma: “el alma del hombre está por encima de todas las enfermedades del cuerpo y de la mente y es independiente de ellas“. Pero también parece haber una fuerte correlación entre la fuerza espiritual y el manejo de la salud mental.

Incluso como profesional de la salud mental, sigo tratando de entender la conexión entre la espiritualidad y la salud mental, y aprender a aplicar las enseñanzas espirituales de mi fe a mi vida.

He experimentado ansiedad y depresión en diferentes momentos de mi vida y he llegado a sentir que tal vez tales luchas son parte de nuestro viaje espiritual en esta vida y nuestra preparación para la siguiente. Pasar por periodos de ansiedad y depresión fue un catalizador para que reflexionara sobre mi propósito. Hizo que me preguntara: ¿por qué estoy experimentando estas pruebas y dificultades? ¿He hecho algo malo para merecer esto?

A veces, estas preguntas me llevaron a preguntarme cuánto realmente estaba ayudando a mi comunidad y si estaba haciendo mi parte como consejero profesional para ayudar realmente a mis clientes. Me llevaron a examinar mis prejuicios subyacentes, mi miedo al fracaso y mi necesidad de complacer a los demás.

He empezado a comprender que algunas cosas están en mi poder para cambiar y otras no.  Algunas de mis dificultades pueden ser heredadas biológicamente, y otras pueden ser consecuencia de los entornos en los que me encuentro, y puede que nunca sea capaz de diferenciarlas. Pero por muy dolorosos que puedan ser esos desafíos, los retos a los que nos enfrentamos pueden proporcionarnos oportunidades para crecer en áreas como la paciencia, la tolerancia y la firmeza.

Las figuras centrales de la fe bahá’í han compartido sabiduría en este sentido. En un discurso de 1911, Abdu’l-Bahá, hijo de Bahá’u’lláh, el fundador y profeta de la fe bahá’í, dijo: “Las pruebas son favores de Dios, por lo que debemos estarle agradecidos. Las penas y las desgracias no nos vienen por casualidad; la Misericordia Divina nos las envía para nuestro perfeccionamiento“.

Llegar a este entendimiento me ha llevado a descubrir qué virtudes debo esforzarme por desarrollar para crecer espiritualmente. Estoy aprendiendo a ser honesto conmigo mismo como ser humano, como miembro de mi comunidad de fe y como profesional – para reconocer de lo que soy capaz, escuchar mi voz interior, y practicar la veracidad, que Bahá’u’lláh nos dijo que es la “base de todas las virtudes humanas”.

Todos los profetas de Dios soportaron una intensa persecución y tuvieron que tomarse un tiempo para centrarse en su propio bienestar, orar y reflexionar. Por ejemplo, Moisés fue a la montaña y Cristo al desierto. Y aunque estas figuras sagradas tenían un poder espiritual más allá de nuestras capacidades, también eran humanas. Shoghi Effendi, el Guardián de la fe bahá’í, escribió:

“Cuando sufrimos estas desgracias, debemos recordar que incluso los Profetas de Dios no eran inmunes a esas cosas por las que los hombres sufren. Ellos conocieron también sufrimiento, enfermedad y pena. Ellos superaron esas cosas con su espíritu, y esto es lo que debemos intentar y hacer también nosotros cuando nos encontramos afligidos. Los problemas de este mundo pasan, y lo que dejamos de nosotros es lo que hemos conseguido espiritualmente; esto es, por lo tanto, lo que debemos mirar: ser más espirituales, acercarnos más a Dios, no importa lo que nuestras mentes humanas y cuerpos estén pasando”.

Aunque todavía existe un estigma en torno a las enfermedades mentales, es importante que dejemos esas actitudes atrás. Buscar ayuda y apoyo de un profesional de la salud mental capacitado puede ser esencial. La terapia proporciona un espacio seguro y confidencial para explorar cualquier preocupación que una persona pueda necesitar abordar, y además, la mayoría de los clínicos de hoy en día entienden la importancia de incorporar la espiritualidad en su práctica.

Las habilidades utilizadas en la terapia son fundamentalmente derivadas de todas las tradiciones espirituales. Incorporan la fe sobre el miedo como una habilidad para sobrellevar la situación, superando las preocupaciones, cambiando los pensamientos ansiosos por otros pacíficos, practicando conexión con la tierra y atención, métodos basados en la fuerza, reorientación, enfoques cognitivos-conductuales, y la idea de que los pensamientos puros conducen a acciones puras.

Cuando se busca un consejero apropiado, la entrevista inicial de admisión puede brindarle la oportunidad de desarrollar una relación con su médico y determinar si respeta sus creencias religiosas y si está abierto a utilizar herramientas espirituales. Recuerde, la cualidad espiritual más esencial es la veracidad: si no es capaz de ser honesto con su terapeuta, el progreso en el asesoramiento será imposible.

Además, tomarme el tiempo para confiar en el remedio divino – la Palabra de Dios – me ha traído mucha curación y me ha ayudado a hacer frente a mis propias luchas de salud mental. Cuando estamos sintiendo dolor, podemos perder de vista que nuestra fe en Dios puede empujarnos a través de los tiempos de angustia. Encuentro consuelo en una de mis citas favoritas de los escritos bahá’ís:

“Cuenta con Dios; confía en Él. Alábale y recuérdale continuamente. Él, ciertamente, transforma la dificultad en tranquilidad, la pena, en consuelo, y el afán, en completa paz. Él, en verdad, tiene dominio sobre todas las cosas”.

Mantener nuestros pensamientos centrados en la oración y la Palabra de Dios es crítico, pero también tenemos cuerpos físicos que requieren entrenamiento. Nuestras mentes se benefician del ejercicio y el entrenamiento, por lo que prácticas como la meditación y la atención consciente nos preparan mejor para poder hacer frente a los factores estresantes de la vida. 

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