Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Hace unos años descubrí una estupenda serie de televisión turca con subtítulos en inglés, y en el proceso aprendí algo sobre mí misma – desde entonces es todo lo que quiero ver.

Prácticamente he dejado de ver la televisión o las películas americanas – que también me encantaban – pero ahora, cada vez que veo una película americana en un avión o en mi servicio de suscripción, me siento horrorizada. ¿Por qué? Porque muchas de ellas parecen saturadas de demasiado sexo y violencia.

No soy una mojigata, así que esto me tomó por sorpresa. Curiosamente, no me había sentido así antes. Era consciente de que los cineastas añaden a propósito la desnudez, el sexo, la violencia y la grosería para llamar la atención, con el fin de apelar a la naturaleza inferior y a los instintos a los que los humanos se sienten naturalmente atraídos, pero lo aceptaba como algo normal.

Sin embargo, ahora he comenzado a darme cuenta de que he sido “culturalmente condicionada”. ¿Has oído hablar de esto antes? Puede afectarnos a todos, sin importar la cultura que llamemos como propia. El condicionamiento cultural se define como:

El proceso social en el que figuras de autoridad como padres, profesores, políticos, líderes religiosos, compañeros y los medios de comunicación definen nuestros valores culturales, creencias, sistemas éticos y, en última instancia, la forma en que nos percibimos a nosotros mismos en el mundo.

El mayor peligro del condicionamiento cultural: inhibe nuestra capacidad de pensamiento crítico.

En todas las sociedades, la gente a menudo solo sigue las normas y estándares sociales aceptados sin cuestionarlos. En muchos casos seguir algunas normas sociales es inofensivo, como celebrar las fiestas de la cultura en la que vivimos. Sin embargo, algunos condicionamientos culturales provienen de motivaciones como la codicia o el beneficio propio, apelando a nuestros miedos y deseos, con el objetivo de vendernos algo apelando a nuestros egos y a nuestro deseo de gratificación instantánea.

Idealmente, sin embargo, la primera esencia de la vida social es que los individuos sean capaces de discernir lo verdadero de lo falso y lo correcto de lo incorrecto, y de tener la capacidad de ver las cosas en sus verdaderas proporciones. Es necesario tener una mente abierta y desarrollar humildad para no caer en el condicionamiento cultural.

El principio fundamental de las enseñanzas bahá’ís pide a todas y cada una de las personas que eviten el condicionamiento cultural, la mentalidad de manada, y el hacer algo solo porque todos los demás lo hacen. Esencialmente, los bahá’ís tratan de pensar por sí mismos, llevando a cabo su propia investigación independiente de la verdad. Elogiando a aquellos que piensan de forma independiente, Abdu’l-Bahá escribió:

… habéis investigado la verdad y os habéis librado de las imitaciones y las supersticiones… observáis con vuestros propios ojos y no con los de los demás, que escucháis con vuestros propios oídos y no con los de otros y que descubrís los misterios con la ayuda de vuestra propia conciencia y no con la de los demás. Pues el imitador dice que tal hombre ha visto algo, que tal hombre ha oído algo y que tal conciencia ha descubierto algo; en otras palabras, él depende de la vista, del oído y de la conciencia de los demás y no tiene voluntad propia. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 48.

Así que decidí, después de reflexionar sobre mi propio condicionamiento cultural, resistir. Pensé: si no quiero una sociedad que practique la violencia y el sexismo, entonces debería practicar el deshacerme de esos en mi propia vida primero, y dejar de ser condescendiente con las normas culturales que las apoyan.

He aquí un ejemplo: como bahá’í no bebo alcohol, una práctica que se ha hecho común en nuestra cultura. Como joven adulta, e incluso como mujer adulta, a menudo soy objeto de burlas, cuestionamientos y burlas por parte de otros por tomar esa decisión – pero siempre he sabido, en el fondo de mi corazón, que no hay ninguna razón lógica o necesidad de que yo beba. Las enseñanzas bahá’ís piden a todos los bahá’ís que se abstengan del alcohol, pero además de eso, esta recomendación tiene un sentido lógico para mí. La abstención me ayudó a reconocer que si me sometiera a la presión de mis compañeros para beber alcohol sería puramente debido a los condicionamientos culturales, no a lo que yo creía que era correcto o necesario. Esta cita bahá’í ayudó a guiarme:

¡OH HIJ O DEL ESPÍRITU! No Me pidas lo que no deseamos para ti; conténtate, pues, con lo que hemos ordenado para ti, porque esto es lo que te beneficia, si con ello te contentas. – Bahá’u’lláh, Las palabras ocultas, pág. 33.

Entonces, ¿cómo sabemos si algunas de nuestras creencias y hábitos provienen del condicionamiento cultural? ¡Definitivamente no es fácil!

Siempre que me enfrento a una disonancia cognitiva – cuando mis prácticas y comportamientos parecen diferir de mis ideales – trato de aprovechar esa oportunidad de cambiar. En lugar de evadir el pensamiento y la confrontación, es en ese punto que comienzo mi propia investigación independiente de la verdad:

Dios ha dado al hombre el ojo investigador mediante el cual puede ver y reconocer la verdad. Ha dotado al hombre con oídos para que pueda escuchar el mensaje de la realidad y le confirió el don de la razón con la que puede descubrir cosas por sí mismo. Estos son sus dotes o instrumentos para la investigación de la realidad. El hombre no fue pensado para ver con los ojos de otro, oír con los oídos de otro, ni comprender con el cerebro de otro. Cada criatura humana tiene una dote, un poder y una responsabilidad individuales en el plan creativo de Dios. Por consiguiente, depende de vuestra propia razón, juicio y adhesión al resultado de vuestra propia investigación. De otro modo, estaréis totalmente sumergidos en el mar de la ignorancia y privados de todas las bondades de Dios. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 300.

Una vez que empiezo a reconocer las áreas en las que he sido condicionada culturalmente frente a lo que conozco como correcto y sensato, activo mi visión interna y aprendo a ver más allá de lo que la sociedad presenta como norma. También utilizo la oración, la meditación y la reflexión, todas herramientas muy poderosas para resistir el condicionamiento cultural. Volverme hacia Dios y la luz divina me guía y permite a mi visión interna reconocer y distinguir el bien del mal. Finalmente, en pasajes como estos, la oración diaria y la lectura de los escritos bahá’ís me ayuda a protegerme de las vanas imaginaciones y de los riesgos del condicionamiento cultural:

¡Oh Dios, mi Dios! Escuda a Tus siervos leales contra los males del ego y la pasión; protégelos, con el ojo vigilante de Tu amorosa bondad, de todo rencor, odio y envidia; ampáralos dentro de la inexpugnable fortaleza de Tu cuidado y, libres de los dardos de la duda, hazlos las manifestaciones de Tus gloriosos signos […] – Abdu’l-Bahá, Oraciones Bahá’ís, pág. 237.

¡OH HIJ O DEL POLVO! Ciega tus ojos, para que veas Mi belleza; tápate los oídos para que oigas la dulce melodía de Mi voz; vacíate de todo saber, para que compartas Mi conocimiento; y santifícate de las riquezas, para que obtengas una parte perdurable del océano de Mi eterna riqueza. Ciega tus ojos, esto es, a todo salvo a Mi belleza; tápate los oídos a todo excepto a Mi palabra; vacíate de todo saber salvo del conocimiento de Mí, para que con una visión clara, un corazón puro y un oído atento, entres en la corte de Mi santidad. – Bahá’u’lláh, Las palabras ocultas, pág. 11.

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