Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Con los muchos libros y películas de ciencia ficción que existen, es posible que sueñes con escapar de este planeta y viajar a otros mundos.

La ciencia ficción está llena de historias como esas, a menudo para ayudarnos a comprender mejor nuestra propia realidad humana en este mundo comparándola con una vida imaginaria en otros planetas.

Pero si bien la tecnología actual ha convertido la visión del viaje espacial en una realidad técnica, también es claro que con los costos y los riesgos, así como con las inevitables limitaciones humanas del tiempo (de por vida) y la velocidad (mucho menos que la velocidad de la luz), solo un puñado de personas podría viajar de manera realista más allá de nuestra biosfera.

Algún día los humanos podrán colonizar otros planetas, pero no podemos escapar del que vivimos ahora.

Esto significa que, en el futuro previsible, estamos atrapados en el planeta Tierra y, junto con todos los demás humanos aquí, tendremos que salir de este embrollo usando los medios que tenemos. Con toda probabilidad, su vida tendrá lugar aquí en esta Tierra, dentro de nuestros límites planetarios.

Según las enseñanzas bahá’ís, cada habitante de nuestro planeta debe reconocer la “omnipresente soberanía de la naturaleza”, al tiempo que reconoce la capacidad humana de trascenderla:

Nuestro planeta, la Tierra, reconoce su omnipresente soberanía. Los reinos mineral, vegetal y animal responden a su voluntad y mandato. El gigantesco elefante, con toda su fuerza masiva, no tiene poder para desobedecer las restricciones que la naturaleza le ha impuesto pero el hombre, comparativamente débil y diminuto, dotado con lamente que es una efulgencia de la Divinidad misma, puede oponerse a su control y aplicar las leyes naturales para su propio uso.

De acuerdo a las limitaciones de sus poderes físicos el hombre estaba destinado por la creación a vivir sobre la tierra, pero mediante el ejercicio de sus facultades mentales elimina la restricción de esta ley y se remonta en el aire igual que un ave. Penetra los secretos del mar en submarinos y construye flotas y navegan a su voluntad por la superficie del océano, ordena las leyes naturales para que cumplan su voluntad. Todas las ciencias y artes que hoy disfrutamos y utilizamos fueron una vez misterios, y de acuerdo con los mandatos de la naturaleza deberían haber permanecido ocultos y latentes. Pero el intelecto humano irrumpió a través de las leyes que los velaban y descubrió las realidades subyacentes. La mente del hombre sacó estos misterios del plano de lo invisible y los trajo al plano de lo conocido visible. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 349.

Entonces, aunque ciertamente podemos romper las restricciones inherentes de la naturaleza, los recursos de la Tierra son, en última instancia, finitos, lo que pone límites a cómo podemos crecer y prosperar. Cuantas más personas haya en este planeta, más tenemos que aprender a compartir y considerar a los demás como a nosotros mismos. En esta etapa de nuestro viaje metafórico y espiritual a través de la vida, todos debemos que unirnos en un esfuerzo colectivo para enfrentar estas limitaciones ambientales y encontrar formas de superarlas.

En la mayoría de los casos, la ciencia ya nos ha dicho lo que hay que hacer para resolver la crisis ambiental del mundo. No es posible agotar todas las posibilidades, ya que la imaginación y la creatividad humanas son ilimitadas y no se pueden anticipar los nuevos descubrimientos, por lo que podemos, al menos, reconfortarnos con saber que existen soluciones. Los impedimentos no son científicos sino humanos y, por lo tanto, no están más allá de las posibilidades humanas.

Al mismo tiempo, puedes desempeñar tu papel adoptando un estilo de vida responsable y sostenible, y alentando a los que te rodean a hacer lo mismo.

Las amenazas son en gran parte de nuestra propia creación. Los problemas ambientales pueden parecer un acontecimiento reciente para la humanidad, o al menos solían ser en gran medida invisibles en relación con otras prioridades para la supervivencia humana. Su surgimiento se debe en gran parte a la expansión extremadamente rápida de la población humana en los últimos dos siglos, y a los desarrollos tecnológicos que han acelerado nuestro consumo de recursos y nuestro impacto en el planeta, que ahora han superado en importancia a los procesos naturales.

Hemos alcanzado límites planetarios, con el potencial de lo llamado “exceso y colapso”. En la ecología poblacional, el exceso y el colapso es un fenómeno bien estudiado: una población que escapa de los controles naturales con respecto a sus números continúa multiplicándose hasta que destruye su suministro de alimentos, o algún otro recurso vital, momento en el cual sus números colapsan, o desaparecen por completo. Esto puede suceder cuando una especie se introduce o invade un nuevo ecosistema, sin los enemigos y parásitos necesarios que proporcionen controles naturales de la población.

Dado que nuestra búsqueda es de esperanza, de reemplazar las formas negativas con algo mejor, todos debemos mirar las alternativas para solucionar este exceso y colapso a escala planetaria.

Los grupos de investigación que preparan escenarios globales para las Naciones Unidas y otras organizaciones también han explorado posibles futuros alternativos en todo el espectro político, desde “negocios como de costumbre”, sin cambios económicos o sociales, a países que cierran sus fronteras y se retiran a algún tipo de fortaleza que mantiene a los demás fuera de sus confines, hasta una transición colectiva hacia un futuro sostenible.

Estos escenarios tienden a mostrar la insostenibilidad y vulnerabilidad de nuestras formas actuales de desarrollo, pero también demuestran que una transición que evite el peor de los problemas es técnicamente posible. Algunos con una opinión positiva piensan que esta necesaria transición es una oportunidad para construir una civilización más sostenible, y grupos enteros de investigadores, como el Great Transition Initiative, ha estado trabajando en cómo esto se podría lograr.

La Fe Bahá’í hizo este llamado para lograr esta transición a una sociedad global desde sus inicios a mediados de 1800:

Bienaventurado y dichoso aquel que se levanta para promover los mejores intereses de los pueblos y razas de la tierra…No debe enorgullecerse quien ama a su patria, sino más bien quien ama al mundo entero. La tierra es un solo país, y la humanidad sus ciudadanos. – Bahá’u’lláh, Las Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 111.

Toda la tierra es un único hogar, y todos los pueblos -si lo supieran- están bañados en la unidad de la misericordia de Dios. – Abdu’l-Bahá, Abdu’l-Bahá en Londres, pág. 13.

Como especie, la humanidad está abandonando la adolescencia colectiva y a medida que crecemos hacia la edad adulta debemos encontrar soluciones más maduras a los límites de recursos, en lugar  de recurrir al conflicto.

El nuevo libro de Arthur Lyon Dahl In Pursuit of Hope, A Guide for the Seeker , publicado por George Ronald Books, está disponible aquí.

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