Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

La mayoría de las personas quiere tener algún tipo de identidad, pero todos saben y entienden que la pregunta “¿qué eres?” no se puede contestar solamente con una palabra.

Responder simplemente “estadounidense” no transmite mucha información si ambas personas son estadounidenses. Ambas partes ya saben que todos los estadounidenses son diferentes. La identidad social nunca es tan simple.

Reconocemos que identificarnos con un aspecto no excluye que tengamos muchos otros aspectos también. En respuesta a la pregunta “¿Qué eres?” una persona puede decir que es “un oregoniano”. Esto no significa necesariamente que nació y creció en Oregon. Él bien puede haber nacido en California y haber vivido en una docena de estados antes de mudarse a Oregon, por lo que podría ser una declaración de dónde reside actualmente. Dependiendo del contexto de la pregunta, la respuesta adecuada podría ser cualquier número de identidades geográficas. No importa donde vivamos, hay designaciones nacionales, regionales y locales que empleamos para vernos a nosotros mismos como diferentes o especiales.

En verdad, sin embargo, nuestra identidad social siempre tendrá muchas capas.

Algunas de las capas están definidas no solo por lo que somos, sino por nuestra ascendencia. Las creencias profundamente arraigadas sobre la clase social, la casta, la nacionalidad, la ciudadanía, el origen étnico, el patrimonio y la ascendencia se utilizan a menudo para trazar líneas de distinción y discriminación entre las personas. Estas creencias erróneas forman la lógica del privilegio y la superioridad social. Pero las escrituras bahá’ís nos hacen recordar nuestra unidad esencial:

¿No sabéis por qué os hemos creado a todos del mismo polvo? Para que nadie se exalte a sí mismo por encima de otro. Ponderad en todo momento en vuestros corazones cómo fuisteis creados. Puesto que os hemos creado a todos de una misma substancia os incumbe ser como una sola alma, caminar con los mismos pies, comer con la misma boca y habitar en la misma tierra para que mediante vuestros hechos y acciones se manifiesten los signos de la unicidad y la esencia del desprendimiento desde vuestro más íntimo ser. – Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas, pág. 13.

Las enseñanzas bahá’ís recomiendan que cada una de nuestras creencias arraigadas y erróneas sobre la identidad deben reemplazarse por una nueva comprensión de la unidad. La unidad es el reconocimiento, por encima de todo , de que todos somos seres humanos e hijos de Dios y que somos iguales a la vista de nuestro Creador:

Dios, el Todopoderoso, ha creado a toda la humanidad del polvo de la tierra. Los ha formado a todos con los mismos elementos; todos sus miembros descienden de la misma raza y viven sobre el mismo globo. Los ha creado para que habiten bajo el mismo cielo, como miembros de la familia humana y como sus hijos, dotados todos con iguales sensibilidades. Él los mantiene, los protege y es bondadoso con todos. No hace distinción alguna en compasión y generosidad entre Sus hijos. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 302.

¡Oh amados del Señor! Este día es el día de la unión, el día de la reunión de toda la humanidad. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 194.

Las enseñanzas bahá’ís dicen que “Dios ha querido que el amor sea una fuerza vital en el mundo. – Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 151. Todos debemos abrazar esta realidad y actuar en consecuencia, dejar de lado las actitudes y creencias perjudiciales y vivir como un solo pueblo en un planeta. El resultado de entender y reconocer nuestra unidad inherente es alcanzar dicha unidad. Bahá’u’lláh describió el potente efecto de su realización cuando escribió: “Tan potente es la luz de la unidad que puede iluminar toda la tierra”La Epístola al Hijo del Lobo, pág. 14.

No debemos poner tanta atención a nuestro orgullo de lugar, nuestro regionalismo o nuestro nacionalismo y olvidar que más allá de la geografía de las fronteras, todos vivimos en el mismo planeta:

No debe preciarse quien ama a su patria, sino quien ama al mundo. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los escritos de Bahá’u’lláh, pág. 50.

Sois los frutos de un solo árbol y las hojas de una misma rama; sed compasivos y bondadosos con toda la raza humana. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 55.

Desde el espacio, la Tierra es claramente un solo territorio, una patria única para toda la humanidad, sin fronteras nacionales. Sin embargo, las rivalidades y las guerras del pasado han hecho que ciertos grupos de personas parezcan extraños entre sí:

Cerrad vuestros ojos a la separación, y después fijad vuestra mirada en la unidad. Asíos firmemente a lo que conducirá al bienestar y la tranquilidad de toda la humanidad. – Bahá’u’lláh, Las Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 85.

Esforzaos por alcanzar una posición de amor absoluto el uno hacia el otro. Por la ausencia de amor, la enemistad aumenta. Por el ejercicio del amor, el amor se fortalece y las enemistades desaparecen. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 34.

0 Comentarios

characters remaining