Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Me encantan las historias, sospecho que igual que a la mayoría, así que me gustaría compartir contigo algunas historias sobre el Bab. Incluso si conoces muy poco sobre él, probablemente te guste escuchar algunos de estos notables relatos.

El trasfondo de esta historia proviene de mi propia historia personal. Nací en una familia judía y la consideré como mi fe hasta el año 1970, cuando decidí buscar mi propia verdad. Me uní a la Fe Bahá’í en 1980.

Esos 10 años entre la Fe que heredé y la que escogí comenzaron cuando aún era una estudiante universitaria que exploraba la política, las ciencias sociales, la economía, las filosofías y más. Cualquiera de una larga lista de “ismos” podría darnos una explicación sobre el mundo y nuestro lugar en él. En algún momento conocí a una mujer llamada Jan y, quizás aun más importante para esta historia, su esposo Ross.

Ross era un gran narrador y pudo reconocer mi sed por encontrar significado. Entre las muchas historias que me contó había una sobre un hombre extraño (extraño para mí de cualquier forma) a mediados de 1800 en Persia, el antiguo nombre de Irán.

Nacido en 1819 con el nombre de Siyyid Ali Muhammad Shirazi, desde muy temprana edad, el Bab, que significa “la puerta”, fue reconocido por otros, incluidos sus maestros, como poseedor de un “conocimiento innato”. Inmediatamente me sentí enganchada con la idea de un niño tan sabio, tan perspicaz, que enseñaba a sus propios maestros.

Ross me contó muchas historias de la infancia y la vida familiar del Bab, incluyendo su reputación de ser justo, incluso generoso, en su negocio familiar como comerciante. En su trabajo diario y en su vida privada, era como un imán, atrayendo a otros a través del poder de su personalidad, su conocimiento y su sabiduría. La forma cómo discutió los textos sagrados con hombres eruditos provenientes de lugares cercanos y distantes, y cómo su comportamiento inspiró a otros; todo esto está bien documentado por personas, incluidos sus enemigos, que presenciaron estos eventos.

Para ponerlo en un contexto histórico, alrededor de esa época surgieron profundas conmociones entre muchos grupos religiosos de todo el mundo, no solo el Islam. Durante ese período, a mediados del siglo XIX, cada uno de estos grupos religiosos estaba esperando el retorno de su profeta original. Comúnmente etiquetados como “mesiánicos”, algunos de los movimientos más conocidos incluyeron a los milleritas y mormones aquí en América del Norte, y los templarios alemanes en Palestina.

Al mismo tiempo, en Persia, las personas literalmente salieron a pie, viajando durante meses, buscando al prometido que serviría como “la Puerta” para renovar su fe.

Esta historia, que ahora tiene lugar en 1844, nos lleva al hecho extraordinario de que, independientemente de cualquier influencia externa, dieciocho buscadores espirituales, cada uno por su propia cuenta, cada uno a través de sus propias historias, encontraron y reconocieron al Bab como un Mensajero Divino. El Bab no solo dio explicaciones sobre el Corán y otros textos sagrados, sino que también introdujo nuevos conceptos, escritos y principios que demostraron ser un alejamiento del Islam y, de hecho, entonces, como ahora, era reconocido como una religión independiente. Para entender esto, podríamos compararlo con Cristo, que tenía raíces judías incluso cuando fundó una fe independiente a la que llamamos cristianismo.

Finalmente, el Bab declaró su misión abiertamente, y después de eso sus seguidores fueron conocidos como babis, y la religión en sí misma se llamó Babismo. Muchas historias cuentan cómo creció la religión y cómo las instituciones políticas y religiosas de Persia, motivadas por el miedo, la corrupción y los celos, conspiraron contra los babis. Pude encontrar estas historias fascinantes, aunque no las detallaré aquí. En cambio, solo mencionaré que durante esos años las persecuciones y los asesinatos, realmente más como matanzas genocidas, fueron tan intensos, tan salvajes, que si se tratara de una película, no creo que quisiéramos verla.

Una de las cosas que respeté de estas historias es que sabemos que son ciertas. Testigos, periodistas, fotógrafos y otros, no solo de Persia sino de todo el mundo, han dejado sus relatos como evidencia.

Entonces, ¿qué diferencia hicieron estas historias en el mundo? En el siguiente artículo de esta serie de dos partes, discutiré el impacto de las enseñanzas del Bab y cómo estas enseñanzas se relacionan con la Fe bahá’í.

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