Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Las enseñanzas bahá’ís animan a los bahá’ís a orar diariamente, y este énfasis en la oración también incluye una práctica diaria de meditación.

La meditación no es simplemente vaciar nuestra mente de todos nuestros pensamientos como muchos creen. La verdadera meditación centra la mente en el asunto y no en los detalles de un problema, preocupación o intereses. Sin distracciones externas.

La meditación es un arte que requiere práctica para perfeccionarse. Cuanto más practicamos la meditación, más descubrimos su poder para restaurar la sensación de tranquilidad y propósito. Es durante este período meditativo que la gente espera la inspiración que vendrá.

La inspiración viene tanto del interior como del exterior. Como muchos artistas han tratado de describir, la inspiración se recibe en lugar de encontrarse. Un pasaje de los escritos bahá’ís explica la inspiración de esta manera:

Esta facultad [la meditación] hace aparecer desde el plano invisible las ciencias y las artes. A través de la facultad meditativa, se hacen realidad las invenciones y se llevan a cabo colosales empresas; gracias a ella, los gobiernos pueden gobernar con tranquilidad. Por intermedio de esta facultad, el ser huma – no entra en el mismo Reino de Dios… A través de la facultad de la meditación, el ser humano alcanza la vida eterna; mediante ella recibe el soplo del Espíritu Santo… La meditación es la llave que abre las puertas de los misterios. En ese estado, el ser humano se abstrae; en esa actitud se aísla de todos los objetos que le rodean; en este esta – do subjetivo se sumerge en el océano de la vida espiritual, y puede descubrir los secretos de las cosas en sí mismas… Es un hecho axiomático que mientras se medita se está hablando con el propio espíritu. En tal estado mental, se hacen ciertas preguntas al espíritu y éste os contesta; la luz se abre paso y la realidad se manifiesta.

La facultad meditativa es semejante a u n espejo: si se sitúa frente a los objetos terrenales, los reflejará. Por consiguiente, si el espíritu del ser humano se encuentra en contemplación de las cosas terrenales, será informado de ellas. Pero si volvéis vuestro espejo espiritual hacia el cielo, las constelaciones celestiales y los rayos del Sol de la Realidad se reflejarán en vuestros corazones y obtendréis las virtudes del Reino… Ojalá que seamos, en verdad, espejos reflejando las realidades celestiales, y que nos volvamos tan puros que podamos reflejar las estrellas del cielo. – La sabiduría de Abdu’l-Bahá.

Pero la oración y la meditación, para los bahá’ís, no son un fin en sí mismas. En cambio, estas deben conducirnos a la siguiente etapa: la volición. La volición significa convocar la fuerza de voluntad para poner en acción las ideas e inspiración recibidas durante la oración y la meditación.

La volición personal es vital para que el individuo tenga éxito. La fe también es necesaria. Cada persona debe adquirir una actitud mental que crea que la inspiración combinada con la fuerza de voluntad hace posible la acción. En este sentido, la fe es similar a la visualización. El individuo debe ser capaz de ver la idea implementada, y comportarse como si ya se hubiera logrado.

Finalmente, la oración, la meditación y la volición deben conducir a la acción. El propósito y el producto del proceso de oración y meditación es la aplicación práctica de la inspiración que el individuo ha recibido. Este proceso es un mecanismo de resolución de problemas para el individuo, y la fuente y la vía de inspiración para el artista y el científico, el escritor y el profesional.

Las enseñanzas bahá’ís tienen una visión única de este proceso – comenzando con la súplica y la reflexión interna, que conduce al desarrollo de la volición, que luego conduce a la acción real en el mundo. De esta manera, transformamos nuestras oraciones de adoración a realidad:

En la Causa Bahá’í, las artes, las ciencias y todos los oficios son [considerados como] adoración. La persona que fabrica un pedazo de papel con toda la habilidad de que es capaz, concienzudamente, concentrando sus fuerzas en perfeccionarlo, está alabando a Dios. En pocas palabras, todo esfuerzo y dedicación realizados por una persona con todo su corazón, es adoración, si están inspirados en motivos elevados y el deseo de servir a la humanidad. Esto es adoración: servir a la humanidad y proveer las necesidades de las gentes. El servicio es oración. Un médico atendiendo a los enfermos cariñosa, tiernamente, libre de prejuicios y creyendo en la solidaridad de la raza humana, está ofreciendo alabanzas. – La sabiduría de Abdu’l-Bahá.

Para los bahá’ís, no basta con orar diligentemente para obtener orientación, y luego no hacer nada. Nuestras oraciones, acompañadas con la meditación, tienen que transformarse en acciones en sí mismas.

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