Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Todos inevitablemente nos equivocamos y a veces lastimamos a quienes nos rodean. Aunque un sencillo “lo siento” funciona de maravilla en muchos casos, ¿qué podemos hacer cuando decir lo siento no es suficiente?

Corregir algo que hemos hecho puede ser una tarea difícil. A veces nos sentimos tan molestos por nuestros propios errores que ni siquiera queremos acercarnos a la persona que hemos herido u ofendido. Luego, cuando reunimos el coraje para intentarlo, podemos encontrarnos con una respuesta impredecible. Algunas personas pueden perdonar rápidamente, algunas parecen perdonar, pero en realidad albergan resentimiento en su corazón, y algunas no tienen el interés de liberarte de tu vergüenza.

Cuando reflexiono sobre qué hace que una disculpa sea significativa, pienso en alguien cuya intención esté más allá de únicamente aliviar su propia culpa. Pienso en alguien que se desapega y está dispuesto a escuchar pacientemente para comprender cómo ha lastimado a otra persona, alguien que pide la oportunidad de hacer las cosas mejor, en lugar de sentirse con el derecho a ser perdonado.

Entonces, ¿qué nos impide hacer enmiendas significativas y cómo podemos mejorar nuestra forma de pedir disculpas?

1) No dejes que la culpa te paralice

A veces, después de darnos cuenta de que hemos contribuido a una situación injusta o de haber perjudicado a alguien, en lugar de tomar medidas, nos congelamos. Tal vez simplemente no sabemos cómo rectificar la situación, o internamente tratamos de fingir que no hemos hecho nada malo, pero de alguna manera nuestra culpa se interpone en el camino para hacer algo al respecto.

Los escritos bahá’ís advierten sobre los efectos paralizantes de la culpa:

Así también se debe evitar la parálisis engendrada por la culpa; de hecho, la preocupación por un defecto moral particular puede, en ciertas ocasiones, hacer que sea más difícil superarlo. – La Casa Universal de Justicia, 19 de abril de 2013, pág. 3)

Si pasamos demasiado tiempo pensando únicamente en lo que hemos hecho “mal”, entonces nos quedamos estancados. En lugar de pensar en cómo nos sentimos acerca de una situación y quedar atrapados en nosotros mismos, podemos comenzar a ajustar nuestro comportamiento para evitar futuros errores.

2) Sé humilde y escucha lo que otros necesitan

A menudo quedamos tan atrapados en la culpa que inventamos soluciones desinformadas para reparar el daño que hemos ocasionado. Por ejemplo, podríamos suponer que un amigo quiere que nos disculpemos profusamente y que tengamos una larga conversación sobre una microagresión, cuando en realidad solo quieren que reconozcamos que hicimos algo problemático y que nos eduquemos para evitar daños futuros. Quizás este amigo no quiera tener una conversación profunda en la que tenga que gastar grandes cantidades de energía emocional para ayudar a aliviar nuestra culpa.

Los escritos bahá’ís lo expresan de esta manera:

¡Oh hijo del hombre! Si tus ojos están vueltos hacia la misericordia, abandona las cosas que te benefician y aférrate a lo que beneficiará a la humanidad. Y si tus ojos están vueltos hacia la justicia, escoge para tu prójimo aquello que escogerías para ti mismo. La humildad exalta al hombre al cielo de la gloria y del poder, en tanto que el orgullo le rebaja a las profundidades de la vileza y la degradación. – Bahá’u’lláh, Las Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 41.

Debemos tener cuidado de no actuar de manera superior a los demás, incluso cuando tratamos de compensar nuestras deficiencias. Esto puede significar simplemente preguntarle a alguien si necesita algo de nosotros antes de asumir que nos necesita para que lo ayudemos a perdonar. También puede significar dejar que alguien explique cómo los hemos afectado, y luego confiar genuinamente en su perspectiva.

A medida que descubrimos la capacidad de practicar la humildad en todos los ámbitos de la vida, evitamos lastimar a los demás desde el principio. Nuestra paz no solo se volverá más efectiva, sino que seremos mejores para desenvolvernos en el mundo con mayor gentileza y amor.

3) Hacer enmiendas divinas

Si bien es importante tratar los corazones de los demás con cuidado, cada persona solo tiene una cierta capacidad de perdón, por lo que no importa cuán considerados o sinceros seamos, siempre existe la posibilidad de que no recuperemos su afecto o confianza. Finalmente, tenemos que buscar el perdón de Dios.

Los bahá’ís creen que buscar el perdón es diferente cuando se trata de Dios, quien creó a todos y cada uno de nosotros, y tiene una habilidad extraordinaria para perdonar:

Vuélvete hacia Él, y no sientas temor por tus obras. En verdad, Él perdona a quien Le place como una merced de parte Suya; no hay Dios sino Él, Quien siempre perdona, el Todomunífico. – Bahá’u’lláh, El Libro más Sagrado, pág. 44.

Cuando pensamos en corregir nuestras deficiencias, el perdón más importante que necesitamos es el de Dios. El considerar la capacidad infinita e inimaginable de Dios para perdonar nos libera profundamente de la carga de nuestras debilidades. Siempre podemos confiar en Dios, sin importar cuántos errores cometamos.

Al hacer las paces con Dios, quizás finalmente podamos perdonarnos por nuestras propias imperfecciones. Nuestra resolución final es a través de la misericordia de Dios.

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