Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

¿Crees que todas las escuelas públicas deberían privatizarse, lo que teóricamente permitiría que el “mercado libre” determinara su éxito o fracaso?

Recientemente, un legislador estatal estadounidense planteó la idea de que deberíamos convertir nuestras escuelas primarias públicas en activos del mercado libre, promoviendo la idea de que, en sus palabras, “las escuelas exitosas prosperarán” mientras que “las escuelas que fracasen se cerrarán”, así convirtiendo a la riqueza la medida del éxito o el fracaso.

Este debate sobre la privatización de las escuelas públicas se ha prolongado durante décadas, entonces, ¿cómo podemos abordarlo desde una perspectiva espiritual?

Uno de los principios fundamentales de la Fe Bahá’í, la educación obligatoria para todos los niños, independientemente de su clase, raza, medios económicos o género, parece ir en contra de la noción de privatización de las escuelas públicas. Desde una perspectiva bahá’í:

La educación hace sabio al ignorante; al tirano, justo; promueve la felicidad; fortalece la mente; desarrolla la voluntad y hace fructíferos a los estériles árboles de la humanidad. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 101.

Debería ser evidente que las escuelas podrían prosperar financieramente y fracasar académicamente, simplemente enseñando solo lo que agrada a quienes apoyan financieramente a la escuela. Por el contrario, las escuelas podrían fracasar financieramente a pesar de la excelencia académica si las familias que reciben servicios no tienen los medios financieros para pagar el mantenimiento de la escuela.

Si no hay estándares para juzgar el “producto” de cada escuela, es decir, el conocimiento y las habilidades de los estudiantes que salen de esa escuela, entonces no tendremos forma de saber qué escuelas realmente enseñan a los niños cosas útiles. No lo sabríamos hasta que esos niños salgan al mundo como adultos y tengan éxito o fracasen, un proceso que podría llevar años y resultar en una pérdida trágica de talento y potencial.

En su artículo, el legislador estatal preguntó: “El sistema de mercado libre funciona para automóviles, muebles, viviendas, restaurantes y, en menor grado, para la educación superior, entonces, ¿por qué no puede funcionar para nuestro sistema de educación primaria?”

La pregunta se basa en una premisa errónea: que el sistema de mercado libre realmente funciona para todas estas otras cosas. Pero no es así. El sistema de mercado libre no logra cubrir las necesidades básicas tales como alimentos saludables, empleos o viviendas seguras y asequibles en las zonas rurales y urbanas.

Dada esta realidad, ¿cómo podemos suponer que funcionará para la educación primaria y secundaria?

En el análisis final, nuestra preocupación debería ser los bajos resultados académicos, que no tienen nada que ver con el socialismo y todo que ver con nuestro enfoque desigual de la educación. La educación no es valorada universalmente y muchas cosas, como la pobreza, la falta de educación y participación de los padres, los imperativos culturales, las jerarquías institucionales, etc., aumentan la dificultad de crear un sistema educativo efectivo.

El legislador argumentó: “Gastamos el doble de dinero en estudiantes en áreas urbanas que en la mayoría de las áreas rurales y suburbanas aquí [en su estado]”.

Le pedí que considerara qué cambiaría si privatizáramos la educación. Una cosa es afirmar esto como un principio y otra es instalar los mecanismos que podrían hacerlo funcionar. Digamos que una familia que vive en un vecindario urbano desea enviar a un niño a una próspera escuela suburbana del área. Independientemente de si la escuela es pública o privada, la educación de ese estudiante costará más que la de un estudiante que vive al lado de esa misma escuela.

¿Por qué? Debido a que ese niño tendrá que ser transportado a la escuela, probablemente necesitará almuerzos gratuitos o subsidiados y más ayuda con sus estudios que los estudiantes que no tienen que viajar a la escuela y cuyos padres, ellos mismos, están mejor educados y pueden ayudar con sus tareas.

En resumen, en una escuela de mercado libre aún sería más costoso educar a los niños de los barrios del centro de la ciudad que a los niños de las zonas más prósperas. La única diferencia es quién pagaría el costo. Obviamente, una familia pobre no podría, pero una escuela privada debe obtener ganancias para tener éxito financiero, por lo que todavía estamos atrapados con el problema de cómo educar a los que están privados de las ventajas que ofrecen las prósperas áreas suburbanas y rurales.

El artículo se refería a las escuelas charter o autónomas (una escuela que recibe fondos del gobierno, pero opera independientemente del sistema escolar estatal). Dos de nuestros tres hijos asistieron a una escuela charter que elegimos por su nivel académico, la ética basada en la virtud y un modelo integrado de educación que se centraba en el pensamiento analítico. ¿Acaso no podría la solución a este problema de educación desigual ser esforzarse por hacer que todas nuestras escuelas sean tan excelentes como las mejores escuelas charter o las escuelas públicas Blue Ribbon?

Creo que John Adams tenía razón cuando le escribió a John Jebb en 1785 que “todo el pueblo debe asumir la educación de todo el pueblo y estar dispuestos a asumir los gastos”. La solución no es debilitar la naturaleza pública y universal de este recurso compartido, sino fortalecerlo para que realmente entregue recursos a “todo el pueblo”.

En cualquier sociedad democrática, educar a cada niño por igual constituye la base para la viabilidad continua de esa sociedad. Esa es una de las principales razones por las que las enseñanzas bahá’ís exigen una educación obligatoria universal para todos los niños:

Bahá’u’lláh ha anunciado que por cuanto la ignorancia y la falta de educación son barreras de separación entre la humanidad, todos deben recibir instrucción y educación. A través de esta disposición, la falta de entendimiento mutuo será remediada, y la unidad de la humanidad promovida y desarrollada. La educación universal es una ley universal. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 299.

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