Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

A veces, cuando pienso profundamente en alguna aflicción social, me doy cuenta de que si no abordamos el cambio climático, nada más tendrá un efecto duradero.

Los científicos indican que a este ritmo, muchos de nosotros no estaremos aquí para experimentar mejores condiciones sociales a menos que implementamos medidas serias para sanar a la Madre Tierra.

La semana pasada, nuestra reunión devocional en Bushwick se centró en la protección ambiental. Comenzamos con oraciones que basaron en gran medida de las metáforas del mundo de la naturaleza, lo que condujo a una conversación hermosa y animada sobre cuán interconectados física y espiritualmente estamos con el mundo que nos rodea.

¡Oh Dios! Sé Tú su apoyo y su ayuda, y en el desierto, en la montaña, en el valle, en los bosques, en las praderas y en los mares sé Tú su confidente, a fin de que ellas puedan exclamar por medio del poder del Reino y el hálito del Espíritu Santo.

Verdaderamente Tú eres el Poderoso, el Fuerte y el Omnipotente, y Tú eres el Sabio, el que escucha y el que ve. – Abdu’l-Bahá, Oraciones Bahá’ís, pág. 133.

Esas hermosas oraciones nos llevaron a una animada conversación sobre nuestra interconexión física y espiritual con el mundo que nos rodea.

En una sola conversación, discutimos la importancia de incluir voces de diversos orígenes culturales, el especial destino espiritual de los nativos americanos y cómo el sesgo antropológico caracteriza nuestros enfoques sobre el cambio climático. El anfitrión de nuestro devocional, Lizzi Duff, quien trabajó como activista ambiental durante años, y mi buen amigo Omotayo Balogun, mencionaron un punto que no se me había ocurrido antes: cuando buscamos formas de mejorar nuestras vidas, a menudo pasamos por alto los ejemplos de la naturaleza sobre cómo ser coherentes con lo que la Tierra necesita.

Podemos centrarnos tanto en nuestra propia capacidad de crear soluciones para los problemas que nos olvidamos de mirar el mundo que nos rodea para inspirarnos. Olvidamos que muchos de nuestros problemas están relacionados entre sí. Por ejemplo, debido al racismo y a las formas sistemáticas de opresión, muchas empresas grandes e influyentes y entidades gubernamentales son indiferentes al aprendizaje que ciertas poblaciones han cultivado para crear una relación más saludable con la Tierra. Si no encontramos formas de elevar la voz de todos y compartir el poder socioeconómico de nuestro mundo, entonces restringimos que muchas personas contribuyan a la creación de soluciones.

La unidad en la diversidad que imagino existe en los reinos animal, vegetal y mineral, que contienen un sinfín de ejemplos de todas esas drásticamente diferentes especies coexisten entre sí y mejoran el bienestar de los demás.

Abdu’l-Bahá, el hijo del fundador de la Fe Bahá’í, escribió sobre la poderosa interconexión divina de todo lo que nos rodea:

Sin embargo, cuando contemples la íntima esencia de todas las cosas y la individualidad de cada una de ellas, verás los signos de la misericordia de tu Señor en todas las cosas creadas y percibirás los resplandores de los rayos de Sus nombres y atributos que se difunden por todo el dominio del ser, con pruebas que nadie ha de negar, salvo los díscolos y los inconscientes. Entonces observarás que el universo es un pergamino que descubre Sus secretos ocultos, los cuales están preservados en la bien guardada Tabla. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 64.

Debido a la evidente urgencia del tema en cuestión, no es suficiente decir que respetamos y amamos a la Madre Naturaleza. Incluso si creemos que estamos espiritualmente interconectados con el mundo natural, que algunos podrían llamar una creencia radical, ¿cómo podemos realmente mostrar este amor en la práctica? Un amor que se muestra solo en palabras y pensamientos no es realmente amor, ¿verdad?

Bahá’u’lláh, el fundador de la Fe Bahá’í, dijo:

Todos deben manifestar acciones puras y santas, pues las palabras son propiedad de todos por igual, en tanto que acciones como éstas pertenecen sólo a Nuestros amados. Esforzaos, pues, con alma y corazón para distinguiros por vuestras acciones…- Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas, pág. 94.

Puede parecer difícil actuar cuando no conocemos todas las soluciones a un problema tan amplio y universal. Greta Thunberg, la autora y activista de dieciséis años que recientemente tomó una posición contra el cambio climático, dijo recientemente en The New Yorker algo muy perspicaz: “Para evitar el colapso climático deberemos pensar como si estuviéramos construyendo una catedral. Debemos colocar los cimientos aun cuando no sepamos exactamente cómo construir el techo ”.

Incluso si no estamos cien por ciento seguros de que lo que hacemos podrá resolver el problema, tenemos que intentar algo. No podemos dejar que el miedo a las soluciones imperfectas nos impida hacer un cambio. Shoghi Effendi, el Guardián de la Fe Bahá’í, escribió sobre tomar medidas incluso cuando tenemos dudas:

…actúe como si todo hubiera sido respondido. Entonces actúe con energía inagotable. Al actuar será como un imán que le atraerá más poder a su ser hasta convertirse en un canal libre de obstáculos para que fluya el poder divino por usted. -Shoghi Effendi, Los principios de la administración bahá’í, pág. 91.

Si bien es posible que aún no tengamos todas las respuestas que necesitamos para resolver de manera efectiva el daño que le hemos hecho a la naturaleza, tenemos que comenzar a tomar medidas: reunir diversas perspectivas y presentar intentos concertados y receptivos para abordar nuestra apremiante epidemia ambiental.

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