Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Las profundas desigualdades raciales y la feroz violencia racial del cuerpo político estadounidense se manifiestan plenamente durante la pandemia de coronavirus, así como la creciente intolerancia hacia las personas de ascendencia africana. Los individuos tienen la opción de acatar pasivamente el statu quo de la desigualdad desenfrenada o invertirlo activamente cambiando los sistemas de opresión racial y eliminando la injusticia racial de raíz.

Los escritos bahá’ís indican que cada uno de nosotros tiene la oportunidad de realizar acciones que ayuden a todos en nuestros vecindarios y comunidades a entender que el racismo es un mal que nos destruye a todos. Como individuo, mi progreso espiritual se retrasa si no examino cómo y por qué es que podemos o no obtener los recursos adecuados, la movilidad social y la seguridad solo en base al color de la piel. Ninguno de nosotros existe en un vacío en lo que respecta a la raza. La erradicación del racismo es, por lo tanto, un desafío diario.

La idea de erradicar el racismo en los Estados Unidos me hace recordar una cita de los escritos bahá’ís sobre la importancia de erradicar la fuente de la discordia entre la humanidad.

Bahá’u’lláh, el profeta y fundador de la fe bahá’í, dijo:

“¡Oh pueblos y linajes contendientes de la tierra! Dirigid vuestros rostros hacia la unidad y dejad que el fulgor de su luz brille sobre vosotros. Reuníos y, por amor a Dios, decidíos a extirpar todo lo que sea fuente de discordia entre vosotros”.

¿Y si “la fuente de discordia” es el racismo? ¿Y si “una causa de discordia” es la supremacía blanca, definida en el Diccionario de Inglés de Oxford como “la creencia de que los blancos son superiores a los de todas las demás razas, especialmente la negra, y por lo tanto deben dominar la sociedad“?

¿Qué fuerza puede arrancar de raíz lo que los escritos bahá’ís dicen que es el “mal patente” de la “doctrina falaz de la superioridad racial” de la humanidad?”

Los escritos bahá’ís señalan que todo ser humano tiene una realidad espiritual y una realidad material. En una charla en Minneapolis en 1912, Abdu’l-Bahá, el hijo de Bahá’u’lláh dijo que “el cuerpo del hombre expresa ciertas virtudes materiales, pero el espíritu humano manifiesta virtudes ideales“.

Recientemente han estallado protestas en Minneapolis tras el asesinato de George Floyd (foto arriba) por la policía local.

Si el racismo es una manifestación material, la erradicación del racismo es una función de la virtud humana, y todo ser humano puede manifestar el ideal espiritual de erradicar el racismo. Nuestras vidas humanas individuales son el escenario donde este esfuerzo espiritual se lleva a cabo. A través del aprendizaje espiritual y el esfuerzo consciente, una persona blanca puede eliminar el racismo inconsciente y demostrar las falacias de la superioridad racial a través de acciones conscientes. Como el racismo tiene dimensiones materiales y espirituales, erradicarlo requiere esfuerzos espirituales, materiales, individuales y colectivos.

Desafortunadamente, hoy en día demasiados estadounidenses blancos no son conscientes de las disparidades raciales causadas por el racismo con las que los negros deben vivir cada día. Estas disparidades causan dolor, angustia, profunda pena, y como vemos ahora, muerte.

“Para eliminar activamente el racismo es necesario desafiar aquellos mantras personales de ‘yo no soy racista'”.

A pesar de las mejores intenciones – manifestadas con simples palabras – las disparidades raciales siguen enconándose en la sociedad americana. Las disparidades raciales relacionadas a los servicios salud americanos han sido reveladas por la pandemia del coronavirus. Ahora existen oportunidades para que los estadounidenses blancos actúen para eliminar el racismo en sus vecindarios y comunidades mediante un compromiso personal y consistente con el cambio sistémico y social.

Sin embargo, para algunos, puede parecer más fácil solo referirse a tópicos sobre la eliminación de los prejuicios raciales en lugar de actuar consistentemente en la creencia fundamental de que los prejuicios raciales son perversos. Para eliminar activamente el racismo es necesario desafiar aquellos mantras personales de “yo no soy racista”.

Pero no son solo los individuos los que perpetúan las disparidades raciales que experimentan los afrodescendientes, sino que el racismo es sistémico. Las personas de ascendencia africana experimentan diariamente la desigualdad racial en todos los niveles y funciones de la sociedad. Lamentablemente, el racismo es perpetuado inconscientemente -o conscientemente- por personas blancas que dicen: “Yo no soy racista” y por quienes se quedan mirando en silencio viendo cómo persisten las desigualdades raciales, tal vez debido a la falta de conciencia de la unidad de la humanidad y de que toda la vida humana está relacionada.

Las personas de ascendencia africana experimentan racismo generalizado en los Estados Unidos, independiente del hecho de que un individuo blanco crea que exista o no, o que esa persona piense “yo no soy racista”.

En los escritos bahá’ís, las acciones están por encima de las palabras en el desarrollo espiritual individual. Para un bahá’í, el crecimiento y desarrollo espiritual es un proceso de toda la vida, las 24 horas del día, los 365 días del año, que requiere la eliminación activa de los prejuicios raciales de uno mismo y en todos los niveles de la sociedad. Una pregunta sencilla para mí como persona de ascendencia africana: ¿cómo puedo saber si no crees en la superioridad de una raza sobre otra si no experimento la igualdad y la ecuanimidad de tus acciones hacia mí y hacia las personas que se parecen a mí? ¿Cómo puedo creer que valoras mi bienestar y seguridad tanto como valoras la tuya? ¿Cómo te “presentas” como comprometido activamente en desafiar el racismo individual y sistémico?

Bahá’u’lláh escribió: “pon ante tus ojos la infalible Balanza de Dios, y como si estuvieras en Su Presencia, sopesa en esa Balanza tus acciones cada día, en cada momento de tu vida. Hazte un examen de conciencia antes de que seas llamado a rendir cuentas, en el Día en que ningún hombre tendrá fuerza para sostenerse por temor a Dios“.

Si cada uno de nosotros no se centra en la erradicación del racismo como fuente de discordia, ¿cómo puedo saber que estamos caminando juntos hacia la unidad de la humanidad? Bahá’u’lláh ha eliminado la posibilidad de que cualquiera de nosotros solo observe y espere desde el margen un cambio sistémico para erradicar el racismo. Él escribió: “Que las acciones, y no las palabras, sean vuestro adorno”.

Todos los estadounidenses deben transformar el discurso en acciones que demuestren de manera consistente la solidaridad mutua, la preocupación, el respeto y el compromiso con el cambio que se requiere para mitigar las disparidades raciales que vemos en el cuidado de la salud, el empleo, la vivienda, la educación y la política comunitaria.

Los escritos bahá’ís nos piden que “nos preocupemos ansiosamente por las necesidades de la época en que vivimos” y que “centremos nuestras deliberaciones en sus exigencias y requerimientos“. Por consiguiente, la erradicación del racismo es un esfuerzo diario, una tarea urgente para cada hombre, mujer y niño de este país. Estar informado sobre la historia del racismo y su legado de más de 400 años en la sociedad americana a todos los niveles, y aprender sobre las formas prácticas y personales de erradicarlo – dentro de un marco de unicidad de la humanidad – es un requisito previo esencial para la paz y la seguridad mundial.

El esquema bahá’í, sin clero y con un orden administrativo divinamente ordenado, ofrece oportunidades para que cualquiera pueda eliminar el flagrante mal del racismo a nivel de su vecindario y comunidad a través de la educación espiritual y el servicio comunitario. Como escribió Bahá’u’lláh, “Toda cosa buena es de Dios y todo lo malo procede de vosotros“.

Una cita de Shoghi Effendi, el Guardián de la Fe Bahá’í, me recuerda las expectativas de este singular esfuerzo personal y colectivo que los bahá’ís están llamados a demostrar: “Una cosa y sólo ella garantizará por sí e indefectiblemente el triunfo indudable de esta sagrada Causa, a saber, la medida en que nuestra propia vida interna y nuestro carácter privado reflejen en sus múltiples aspectos el esplendor de esos principios eternos proclamados por Bahá’u’lláh“.

Los requisitos para actuar de acuerdo con nuestras creencias como personas comprometidas con la eliminación del racismo deben extenderse a desafiar el racismo sistémico dentro de nuestra realidad actual -dondequiera que vivamos-, como por ejemplo, denunciar y cambiar las disparidades en la atención sanitaria entre las comunidades blancas y negras. Abdu’l-Bahá una vez escribió que la voluntad es lo que hacemos, la comprensión es lo que conocemos y que la voluntad y la comprensión deben ser una… la intención trae el logro.

¿Tenemos, individual y colectivamente, el coraje y la voluntad de demostrar nuestro compromiso diario para eliminar los prejuicios raciales? La Casa Universal de Justicia, el órgano internacional de gobierno de los bahá’ís del mundo, escribió en el 2010 que “las fuerzas de la sociedad actual engendran pasividad“.

La comunidad mundial bahá’í está aprendiendo a pensar, estudiar y actuar junto con otros para servir a nuestras comunidades. Estamos “resistiendo la pasividad” aprendiendo a crear un modelo de erradicación del racismo a través de iniciativas personales y colectivas, valorando y respetando las diferencias, los talentos y las capacidades de cada uno para servir a nuestras comunidades locales y transformarlas activamente en lugares más equitativos y justos donde vivir. ¿Cómo? Mediante el conocimiento de nosotros mismos como seres humanos tanto materiales como espirituales, a través de la comprensión activa de los comportamientos que nos acercan a las virtudes divinas y evitar aquellos comportamientos que conducen al comportamiento autodestructivo e inhumano del racismo.

Los escritos bahá’ís afirman que “los días en que la vana adoración era considerada suficiente han llegado a su fin. Ha llegado la hora cuando nada sino el motivo más puro, apoyado por acciones de inmaculada pureza, pueden ascender al trono del Altísimo“. Como miembro de la familia humana y como persona de ascendencia africana, aliento encarecidamente a quienes también se preocupan profundamente por la crisis racial en la sociedad estadounidense a que demuestren con sus acciones internas y externas un firme compromiso con la eliminación de los prejuicios raciales.

Para mí, el esfuerzo diario y profundo por eliminar el racismo implica cambiar acciones y comportamientos. Entonces, y solo entonces, nuestros actos reflejarán, como escribió Shoghi Effendi, “el esplendor de esos principios eternos proclamados por Bahá’u’lláh“.

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