Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Jesucristo nació en Belén; sin embargo, fue criado en Nazaret, un municipio con una muy mala reputación, según el Evangelio de San Juan:

¿Puede algo bueno salir de Nazaret? – Juan 1:46.

Esto puede indicar que Dios eligió ese lugar de nacimiento para Su mensajero divino con el fin de demostrar que la luz de la revelación puede brillar incluso desde las regiones más oscuras.

Del mismo modo, Shoghi Effendi, en la introducción a su traducción de la historia temprana Babí y Bahá’í “Los Rompedores del Alba”, se esfuerza en resaltar cómo Persia (Irán) del siglo XIX, el lugar de nacimiento del mensajero divino más reciente, Bahá’u’lláh, era una nación atrasada, plagada de prácticas corruptas y fanatismos viciosos.

Algunas naciones sufren de subdesarrollo o recursos escasos, pero Persia del siglo XIX se mantuvo voluntariamente estancada. Sus conceptos nacionalistas y religiosos habían creado un sentido de autosatisfacción y grandilocuencia entre sus gobernantes y clérigos, junto con una obstinada negativa a modernizarse. Como resultado, una capa de inmovilidad se extendía sobre esa tierra, al mismo tiempo que una parálisis del pensamiento se apoderó de los persas, tanto de alto como de bajo estatus.

La mayor parte del estancamiento de Persia provino de las actitudes y prejuicios del sacerdocio chiíta. Este clero todopoderoso y corrupto mantuvo al persa promedio en una completa esclavitud desde la cuna hasta la tumba. Además, según el dogma chiíta, el no creyente era considerado impuro. Por lo tanto, siendo considerados como una fuente de contaminación moral, los no musulmanes tenían que ser evitados a toda costa. Los avances científicos y culturales occidentales, debido a que provenían de la Europa “infiel”, eran una contradicción en los términos. En ese momento, Persia no tenía interés en los ferrocarriles, barcos de vapor y líneas telegráficas de los no creyentes, ni en ninguna idea occidental “impura”, y menos aún en la democracia.

En su libro “El secreto de la civilización divina”, Abdu’l-Bahá se dirigió a sus compatriotas persas con valentía, desafiándolos a ir más allá de estas supersticiones y prejuicios arraigados:

¡Oh gente de Persia! ¡Despertad del sueño de vuestra embriaguez! ¡Remontad vuestra decadencia! Sed justos en vuestro juicio: ¿Permitirá el código del honor que esta tierra santa, otrora manantial de la civilización mundial, fuente de la gloria y dicha de toda la humanidad, envidia de Oriente y Occidente, siga atrayendo la compasión y sea deplorada por todas las naciones? Fue ella en otro tiempo el más noble de los pueblos: ¿Permitiréis que la historia contemporánea siga levantando acta durante épocas venideras de su estado hoy degenerado? – pág. 9.

Al exacerbar esta arrogancia intelectual infundada, el clero chiíta de Persia ejemplificó una hipocresía moral que incluso sancionó la degeneración sexual. Shoghi Effendi señaló la práctica por parte del sacerdocio chiíta de adquisición sexual a través de un pago. En ciudades peregrinas como Mashhad, el clero estableció “casas de venta” donde los peregrinos podían comprar una esposa por una noche. Los clérigos cobrarían una tarifa por este matrimonio temporal con una “novia comprada”. Después de la noche de placer del cliente, los llamados hombres sagrados chiítas cobrarían una tarifa para divorciar al peregrino pudiente de su consorte temporal, así como una tarifa por el mantenimiento de aquella doncella, hasta que ella se “case” nuevamente. Las elaboradas leyes “religiosas” (shari’ah) legitimaban todos los aspectos de esta práctica vergonzosa, caracterizada por Shoghi Effendi como difícilmente distinguible de la cuasi prostitución“.El día prometido ha llegado, pág. 87.

Tal era la podredumbre de Persia cuando el Bab y Bahá’u’lláh aparecieron y fundaron su nueva Fe. Bahá’u’lláh se dirigió a los persas, aconsejándoles que “No permitas que nada te entristezca”, pues:

…Dios te ha escogido para ser la fuente de alborozo de toda la humanidad… ya que dentro de ti nació la Manifestación de Su gloria… Dentro de poco cambiará tu situación interna y las riendas del poder caerán en manos del pueblo…Se acerca el día en que tu agitación habrá mudado en paz y sosiego. Así ha sido decretado en el Libro Maravilloso. – Bahá’u’lláh, La epístola al hijo del lobo, pág. 135.

Estos marcados contrastes entre la cultura en la que aparece un profeta de Dios y el nuevo mensaje sagrado que él trae resaltan la continua interacción humana entre la luz y la oscuridad. Pero el amanecer siempre debe vencer a la oscuridad. Al retratar tan vívidamente los detalles particulares de la turbia atmósfera moral de Persia, las enseñanzas bahá’ís parecen decir que para verdaderamente apreciar a los primeros bahá’ís hay que darse cuenta de la oscuridad por las que tuvieron que atravesar, no para perderse en ella, sino para ser conscientes de las fuerzas de la oscuridad que nos atacan continuamente. Shoghi Effendi prescribió precisamente cómo librar una lucha espiritual contra esas fuerzas:

Muy sabedor de la eficacia indefectible del poder de Bahá’u’lláh, y armado con las armas esenciales de la sabia contención y del tesón inflexible, libre una lucha permanente contra las tendencias heredadas, los instintos corruptos, las modas fluctuantes, las falsas pretensiones de la sociedad en la que vive y se mueve. – La Administración Bahá’í, pág. 130.

Shoghi Effendi tradujo la narrativa de Nabil, esa representación dramática de la lucha de la naciente Fe entre las fuerzas de la luz y la oscuridad, y la tituló Los rompedores del alba. Sin embargo, el estilo y el formato de ese texto seminal no siempre es accesible para todos. En 1982, la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís de los Estados Unidos sugirió que se escribiera un relato histórico más accesible sobre los primeros días de la Fe. Aunque con un entrenamiento solo de dramaturgo, poco después comencé a hacer una investigación para intentar escribir un libro así.

Casi cuatro décadas después, mi nuevo libro “La pasión persa” finalmente ha tomado forma como una trilogía. Este año, el primer volumen acaba de ser publicado para coincidir con el bicentenario del nacimiento del Bab. Los dos personajes principales son los dos antagonistas principales de la Revelación de Babí: el Gran Visir (primer ministro) del Sha y la esposa infiel del sha.

Uno quería al Bab muerto; el otro quería a Bahá’u’lláh muerto. Sus sombrías maquinaciones duales impulsan la acción villana en el primer plano del libro, mientras que el Bab y Bahá’u’lláh comenzaban a emitir sus primeros rayos de luz que iluminan el mundo.

“La pasión persa”   no es una obra de ficción. Todos los detalles en el libro han sido investigados meticulosamente, y todos los personajes y eventos, al menos en mi mayor esfuerzo, son históricamente precisos. Sin embargo, los lectores descubrirán que este tiene el ritmo y la trama de una novela que relata los eventos fundamentales de 1848, las cuales enviaron ondas de cambio evolutivo en todo el mundo.

En julio de 1848, el Bab se proclamó el Prometido en un tribunal público. Bahá’u’lláh galvanizó a los primeros creyentes en la Conferencia de Badasht, donde Táhirih se quitó el velo y declaró la emancipación de las mujeres. El primer seguidor del Bab, Mulla Husayn, dirigió una tropa de Babís montados bajo la bandera del Prometido hacia la capital.

Por primera vez, en un formato popular, los principales antagonistas de la Revelación de Babí resaltan aún más a los Rompedores del Alba. Siga esta breve serie de ensayos de tres partes para una introducción a este período heroico y dramático en la historia temprana de la Fe Bahá’í.

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