Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Hace poco asistí al evento de un mago, y en algún momento me encontré más concentrada observando al público, en vez de a él. Me di cuenta de que personas de todas las edades estaban cautivadas por su magia y sus bromas.

La mayor parte del tiempo enfocó su atención en los niños, invitándolos a participar en algunos de sus trucos. Los niños quedaron impresionados con el “wow-ooh-ahh” de todo esto, mientras que los adultos estaban en el modo de “¿cómo lo hizo?”. Reflexionando sobre esto, creo que ambas reacciones son deseables.

Los niños representan la parte de nosotros que vive en el momento. Caracterizados por el sentimiento, ven maravillas en la naturaleza, no analizan demasiado y aceptan que no todo puede explicarse en términos que puedan comprender en ese momento. Voy a llamar a eso “fe”.

Los adultos representan la parte de nosotros que busca la comprensión, el conocimiento y el control. Caracterizados por el razonamiento, hacemos preguntas, valoramos la ciencia y el proceso, y buscamos evidencias o incluso pruebas. Voy a llamar esto: la razón.

Por supuesto, no todos los niños piensan de una manera, al igual que no todos los adultos se comportan de la misma manera. Como personas en una variedad de circunstancias, somos una mezcla de ambos. Esto demuestra el principio bahá’í del acuerdo esencial entre religión y ciencia:

Si las creencias y opiniones religiosas son contrarias a las normas de la ciencia, son meras supersticiones e imaginaciones…debe haber acuerdo entre la verdadera religión y la ciencia. Si una cuestión es contraria a la razón, la fe y creencia en ella son imposibles y no hay otra salida que la incertidumbre y la vacilación.- Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 195.

Tristemente, la historia ofrece amplia evidencia del conflicto y la desunión que puede surgir como resultado de un desequilibrio entre estas dos áreas vitales del pensamiento y la práctica. Incluso hoy en día, muchas personas creen que existe una oposición esencial entre la ciencia y la religión, que una contradice a la otra en algunos puntos, y que debemos elegir entre ser una persona religiosa, un creyente en un Creador, o un científico, un seguidor de la razón.

Las enseñanzas bahá’ís dicen que ambos tienen un lugar en nuestras vidas, y que ambos están sujetos a cambios o al menos a reinterpretaciones. Lo que la ciencia puede explicar y cómo lo entendemos y lo aplicamos cambia con el tiempo, y lo mismo se aplica a la religión. Los misterios de ayer, una vez resueltos, se convierten en cosas comunes. De hecho, estamos rodeados de elementos que habrían sido inimaginables en el pasado.

Si consideramos la ciencia y la religión de una manera equilibrada, encontramos la armonía entre ellas. El peligro surge cuando llevamos a cualquiera de los dos al extremo. Más específicamente, si las creencias y opiniones religiosas se encuentran en contra de los estándares de la ciencia, entonces son supersticiones, el resultado de la imaginación o rituales sin fundamento. Lo opuesto también es cierto; solo porque algo no pueda ser probado o explicado no significa que no sea verdad. Aquí es donde la fe entra en escena. Como   Abdu’l-Bahá dijo:

La religión y la ciencia están entrelazadas de modo tal que son inseparables. Son las alas con las que la humanidad debe volar. Una sola ala no es suficiente. – Abdu’l-Bahá, Abdu’l-Bahá en Londres, pág. 28.

A medida que avanza la investigación científica, nuestras ideas deben estar abiertas a la evaluación y a la remodelación. No necesito de la ciencia para explicarlo todo. Más bien, Dios (o el nombre que uno prefiera darle) es incognoscible. Esto no me asusta ni me alarma; lo acepto como un hecho. Después de todo,   los escritos bahá’ís dicen:

Considerad la relación entre el artesano y su obra, entre el pintor y su pintura. ¿Podría alguna vez sostenerse que la obra producida por sus manos es igual que ellas mismas? ¡Por Aquel quien es el Señor del Trono en lo alto y de la tierra abajo! No pueden interpretarse de ningún modo sino como pruebas que proclaman la excelencia y perfección de su autor – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 177.

Sigo sintiendo curiosidad por la naturaleza del universo. Por ejemplo, me interesa saber sobre la vida en otros planetas. También me siento reconfortada de que otras personas con esta competencia específica estén aprendiendo sobre cómo prevenir las inundaciones en el sudeste asiático, cómo desinfectar el agua en África, cómo eliminar o controlar enfermedades, y mucho más. No necesito saberlo todo, ya que la humanidad está adoptando cada vez más un enfoque global para aplicar la ciencia a los problemas de todo el mundo.

Del mismo modo, no necesito saber cómo el mago hizo que los anillos se entrelazaran, cómo la tarjeta saltó de la mano de un niño a la otra, o incluso cómo el conejo se ajustó a su sombrero y luego se convirtió en una paloma. Puedo disfrutar del espectáculo y unirme a los niños en la maravilla de todo esto.

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