Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Perdí a mi primer amor en una tragedia, de una manera que me pareció singularmente traumática. Mientras intentaba procesar su muerte, me encontré profundamente atrapada en mi dolor. Y luego de experimentar otros dolores amorosos aparentemente más comunes, comencé a preguntarme sobre la relación entre un corazón roto y la salud mental. ¿Por qué era tan difícil recuperarse de esas experiencias?

Las investigaciones demuestran que cuando una persona con un corazón roto se realiza una resonancia magnética el resultado puede ser similar a la de una persona con adicción a opiáceos en estado de abstinencia. Los estudios también indican que la frase “corazón roto” es, en realidad, algo intuitiva: cuando nos sentimos con el corazón roto, nuestro cerebro puede iluminarse en una resonancia magnética como si estuviéramos experimentando un dolor físico prolongado. Los pensamientos intrusivos, generalmente recuerdos, sobre la persona o la cosa por la que agonizamos, mantienen activadas estas partes del cerebro, lo que dificulta que superemos el dolor.

A menudo, sentimos como si el dolor fuera a durar para siempre. A veces, cuando no comprendemos la realidad de que el tiempo está de nuestro lado, que “esto también pasará”, queremos darnos por vencidos a recuperarnos. Leí un artículo sobre una mujer que estaba sumida en la ansiedad después de una ruptura que coincidió con otros desafíos en su vida. Ella comprendía el concepto de que las cosas mejorarían con el tiempo; sin embargo, sentía que volvía a caer en el mismo dolor una y otra vez. “Pensaba que mi dolor se desvanecería con el tiempo”, dijo. “Amigos y familiares, podcasts, libros sobre rupturas y mi terapeuta hicieron eco de este pensamiento. Pero sentía que necesitaba algo más que solo tiempo. Necesitaba ayuda”.

A veces, necesitamos más. Como se evidencia en la creciente popularidad de la meditación, la consciencia plena (mindfulness) y el servicio a los demás como herramientas de curación, es evidente que la espiritualidad es profundamente beneficiosa para mejorar la salud mental. Comencé a buscar un significado más profundo: ¿qué verdades espirituales ayudan en la recuperación de una ruptura y las repercusiones que tiene en el bienestar mental?

Un concepto que encuentro útil es “crisis y victoria”. Bahá’u’lláh, el profeta y fundador de la fe bahá’í, vivió una larga vida sufriendo exilio, encarcelamiento, pobreza, traición y la muerte de sus seres queridos. Él dijo: “Al comienzo de cada revelación han prevalecido las adversidades, que más tarde se han convertido en gran prosperidad”.

La perseverancia a través de estas crisis puede ser difícil. Puede que tengamos que arrastrarnos por la vida durante un tiempo mientras lidiamos con los problemas de salud mental agravados por un corazón roto. A veces, cuando una persona realmente batalla por recuperarse de un cambio, los profesionales de la salud mental le diagnostican un “trastorno de adaptación”. Esta etiqueta describe un conjunto de síntomas que pueden tratarse como cualquier otro trastorno y pueden ayudar a la persona a superar la sensación de que aquel dolor abrumador será permanente. En cambio, puede convertirse en una oportunidad para crecer a través de la terapia, la curación espiritual y el esfuerzo personal. Al tratar nuestra salud mental, a menudo transformamos nuestro ser espiritual.

Los escritos de muchas religiones coinciden en que, con el esfuerzo adecuado, ciertamente hay esperanza, sin importar cuán dolorosas y caóticas parezcan las cosas en un momento dado. Como escribió Abdu’l-Bahá, el hijo de Bahá’u’lláh:

Pero estos episodios habrán de pasar, mientras que aquella gloria perdurable y esa vida eterna permanecerán por siempre inalterables. Además, estas aflicciones serán la causa de un gran progreso.

Pensar en el crecimiento como resultado de las dificultades me ayuda a ser amable conmigo misma si noto que estoy batallando en el proceso de curación. También me hace ser más amable con los demás cuando los veo batallando. Aun cuando un corazón roto puede sentirse abrumador o incluso devastador, hay una luz al final de cualquier túnel cuando usamos las herramientas adecuadas para avanzar.

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