Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Odio ver una pizca de dolor en el rostro de alguien. Odio ver una pelea entre personas por cualquier motivo. Odio escuchar palabras desagradables que apuñalan y lastiman la autoestima de otro.

Odio ver sufrir a los niños.

Odio ver abuso y negligencia hacia los animales, y mucho menos hacia los seres humanos. Odio ver disturbios civiles violentos que podrían resolverse mediante la diplomacia y elecciones libres y justas.

Si realmente odio tanto esas cosas, entonces esto me motivará a hacer algo: a tomar medidas para que el odio, aquel odio que causa dolor, no supere al amor y a nuestra humanidad compartida.

El odio puede motivar, pero el objeto de nuestro odio hace toda la diferencia. Las enseñanzas bahá’ís señalan esta verdad fundamental:

En la creación no existe el mal, todo es bueno. Ciertas cualidades y rasgos naturales innatos de algunas personas que en apariencia son censurables, en realidad no lo son. Por ejemplo, desde el comienzo de su vida al lactar el niño de pecho da muestras de codicia, enojo e irritación. Según eso, podría aducirse que la bondad y la maldad son inherentes a la realidad humana, y que ello es contrario a la bondad absoluta de la naturaleza y de la creación. La respuesta es que la ambición, consistente en desear más y más, es una característica loable siempre que sea ejercida convenientemente. Si un hombre ambiciona adquirir ciencia y conocimiento, llegar a ser compasivo, generoso y justo, sus esfuerzos son dignos de alabanza. Si dirige su enojo y su ira hacia los sangrientos tiranos que se asemejan a las bestias feroces, ese empeño es muy loable. Por el contrario, si no emplea dichas cualidades de manera apropiada, se hace acreedor a la censura. – Abdu’l-Bahá, Contestación a unas preguntas, pág. 263.

¿Odias la injusticia? Únete al club. Los investigadores han descubierto que el odio a menudo surge como un medio para intentar frenar las transgresiones contra las normas culturales. Incluso este puede ayudar a mantener unidas a sociedades castigando a quienes rompen el contrato social. El castigo altruista estalla ante una asignación desigual de los recursos o una transgresión de las tradiciones y normas culturales, las cuales se consideran amenazas a la coherencia social.

Esto nos lleva a la pregunta: ¿Qué debemos odiar?

Según las enseñanzas bahá’ís, debemos odiar la discordia. Aquí hay solo un ejemplo, citado por Abdu’l-Bahá sobre las enseñanzas de su padre Bahá’u’lláh:

Su tercera enseñanza es que la religión constituye una poderosa fortaleza, pero que debe engendrar amor, no malevolencia y odio. Si conduce a la enemistad, al rencor y al odio, carece en absoluto de valor. Pues la religión es un remedio, y si el remedio causa enfermedad, entonces descartadlo. Por otra parte, en cuanto a las predisposiciones religiosas, raciales, nacionalistas y políticas: todos estos prejuicios tratan de cortar de raíz la vida humana; todos generan derramamiento de sangre y la ruina del mundo. Mientras esos prejuicios subsistan, habrá continuas guerras espantosas. – Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 187.

Entonces, debemos odiar la malicia, odiar el rencor, odiar el odio y odiar los prejuicios. Cuando odiamos la desunión y la discordia, podemos esforzarnos por beneficiar a todos los seres humanos, por hacer algo bueno dónde, cuándo y cómo podamos.

En la Tabla del verdadero buscador de Bahá’u’lláh, él prescribió un camino que podemos tomar para encontrar la paz y la unidad internas y externas siguiendo la guía de Dios sobre cómo conducir nuestras vidas. El primer paso en ese camino es limpiar nuestro corazón:

¡Oh mi hermano! Cuando un buscador verdadero decide dar el paso de la búsqueda por el camino que lleva al conocimiento del Antiguo de los Días, debe antes que nada purificar su corazón, que es la sede de revelación de los misterios interiores de Dios, del polvo ofuscador de todo conocimiento adquirido y de las insinuaciones de las personificaciones de la fantasía satánica. Debe purgar su pecho, que es el santuario del amor perdurable del Amado, de toda contaminación, y santificar su alma de todo lo que pertenece al agua y arcilla y de todo apego vago y efímero. Debe limpiar su corazón tanto que no quede en él ningún vestigio de amor ni odio; no sea que ese amor le incline ciegamente al error o ese odio le aleje de la verdad. Así puedes ver, en este día, cómo la mayoría de la gente, a causa de tal amor y odio, está privada de la Faz inmortal, se ha apartado lejos de las Personificaciones de los misterios divinos y vaga sin pastor por los desiertos del olvido y del error. –Pasajes de los escritos de Bahá’u’lláh, pág. 139.

Sin embargo, a veces, odiar esas cosas que más queremos abolir del mundo puede cegarnos a la fuente del amor y la unidad. El propósito de odiar la injusticia, por ejemplo, es lograr alcanzar la justicia. El propósito de odiar la guerra es lograr alcanzar la paz.

Cuando reconocemos ese hecho, podemos dirigir nuestros fuertes sentimientos por aliviar la guerra y la injusticia hacia la unidad y la camaradería, trabajar juntos y no unos contra otros, alinear nuestras acciones con lo positivo, no con lo negativo.

Martin Luther King Jr. dijo: “La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad; solo la luz puede hacer eso. El odio no puede expulsar al odio; solo el amor puede hacer eso“.

Se necesita equilibrio. Se necesita sabiduría. Se necesita acción. Espero puedas encontrar los tres.

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