Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

¿Puede la ciencia salvarnos? No me refiero al ámbito tecnológico ni a lo social, me refiero a lo personal.

Mi amigo ateo Mycroft comentó que la fe era innecesaria porque “… toda una rama de la ciencia está dedicada a las razones biológicas y sociales de las condiciones humanas, el equilibrio del egoísmo y el altruismo, la codicia y el comportamiento recíproco, el dogma y la tolerancia, etc.”.

Puede que exista una rama de la ciencia dedicada a encontrar una explicación biológica para todo lo que somos y hacemos, pero ¿de qué manera la existencia de esa disciplina impacta en mi comprensión de que los humanos existen en parte en una realidad espiritual e intelectual? ¿De qué manera eso invalidaría mis intentos individuales de entenderme y relacionarme con otros seres humanos? ¿Debo suspender mi creencia de que puedo impactar en mi realidad personal y / o el mundo que me rodea porque hay una rama de la ciencia que está estudiando el problema?

“Te refieres”, continuó Mycroft, “al problema esencialmente político de cómo la ciencia potencialmente beneficiosa se aplica, o más bien no se aplica …. Bueno, por lo que puedo ver desde afuera, parece que los ateos nacen como liberales… En Alemania, donde nací, tienen seguro de salud obligatorio para todos, desde 1871/1889.Fue cuando aún tenían un Kaiser (empresa de seguro de salud), hace más de 120 años… Como dije, es más un problema político “.

La respuesta del gobierno alemán a la necesidad de atención médica puede haber sido política, pero es una respuesta a una cuestión moral y espiritual de si el individuo tiene algunas responsabilidades hacia lo colectivo y viceversa. En un sentido más amplio, la aplicación beneficiosa de la ciencia (y los recursos) es un tema relacionado con cómo pensamos y nos comportamos como individuos y, por lo tanto, qué valores morales y espirituales incorporamos a nuestra sociedad. Incluso lo que parece un problema puramente político (como el estancamiento generado por los quebrados sistemas de partidos de los Estados Unidos) es un síntoma de un problema más profundo.

Conozco a muchos ateos que están lejos de ser liberales. Creo que los liberales sociales vienen en todos los sabores, tal como lo hacen los conservadores dogmáticos. ¿Existe algún tipo de dogmatismo religioso que lleve a las personas a ser egoístas y tacaños? Seguro que sí, pero en ese caso se opondría a las enseñanzas de la Fe que profesan esas personas. También he visto ese tipo de dogmatismo en los ateos, lo que hace que algunos no creyentes muestren prejuicios contra otros simplemente porque son religiosos. Ese tipo de dogmatismo les hace creer, sin evidencia alguna, que todos los “creyentes” son iguales.

Las enseñanzas bahá’ís observan que:

…los principios de las Religiones divinas apenas pueden evaluarse por los hechos de quienes sólo proclaman seguirlas. Pues toda cosa excelente, por incomparable que sea, puede desviarse hacia propósitos torcidos. Una lámpara encendida en las manos de un niño ignorante o de un ciego no disipa la oscuridad circundante ni alumbrará la casa: prenderá fuego tanto al portador como a la casa. – Abdu’l-Bahá, El Secreto de la Civilización Divina, pág. 42.

El punto, por supuesto, es que no importa dónde aparezca el dogmatismo, sigue siendo un dogmatismo y es igual de perjudicial, porque impide que personas con diferentes creencias tengan un diálogo productivo y beneficioso.

Hay cierta ironía en el uso de Mycroft del sistema de salud alemán Bismarck como una evidencia del liberalismo ateo. Irónico, porque Otto von Bismarck —un luterano devoto— propuso su sistema al que él llamó “cristianismo aplicado”. Y tenía razón: era la aplicación de los principios del altruismo repetidamente propuestos por Cristo.

Bahá’u’lláh se refirió a la aplicación de los principios de la fe como clave para nuestro progreso como especie:

Incumbe a todo hombre dotado de discernimiento y comprensión, esforzarse por llevar lo que ha sido escrito a la realidad y acción…. Es de hecho un hombre, quien, hoy, se dedica al servicio de toda la raza humana. – Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 131.

En el curso de mi conversación con Mycroft, comenté que la ciencia en sí misma no podía aportar soluciones duraderas al sufrimiento humano. Mycroft encontró esto indignante. Estaba convencido de que la ciencia era el salvador de la humanidad porque, en sus palabras, “prolongaba la vida humana al eliminar muchas causas de muerte prematura, plagas y pestes, reducía la mortalidad materna e infantil y aún continúa progresando. ¿No hay contribución duradera? Pregúntele a alguien con un trasplante de riñón o un ex paciente de cáncer “.

Esto podría ser cierto si la ciencia tuviera una voluntad moral propia, pero, por supuesto, no la tiene. Es una herramienta al servicio de la voluntad humana. Ningún sufrimiento puede ser aliviado de manera duradera por la ciencia, a menos que los seres humanos decidan usar los frutos de la ciencia para aliviar ese sufrimiento. ¿De qué sirve una larga vida si se gasta en un mundo donde el caos político y la pobreza son desmesurados o si la amenaza de una guerra global o el cambio climático, reforzado por la codicia y la sed de poder, amenaza a toda la población?

La ciencia no puede resolver el sufrimiento causado por el egoísmo, la codicia y un dogma de soberanía individual que dicta que las necesidades de uno (¡YO!) supera a las necesidades de los muchos. La ciencia no puede resolver la crisis de la asistencia sanitaria en los EE. UU. O la epidemia del SIDA en el África subsahariana, porque la ciencia carece de poder propio.

Repito: la ciencia es una herramienta. Hasta ahora la hemos usado tanto para mal como para el bien. Gran parte de la investigación en áreas benignas es financiada por la investigación de armas de guerra: convencionales, nucleares, biológicas.

En los Estados Unidos, una persona que puede permitírselo ciertamente tiene la capacidad de comprar el fruto de la ciencia médica. Los pobres y los marginados, sin embargo, no la tienen. Entonces, para ellos, la voz de la ciencia es, en efecto, vacía, porque la voz de compasión es silenciada por la voz más fuerte y estridente del materialismo.

Cuando podamos resolver ese problema, entonces la ciencia TENDRÁ un efecto duradero.

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