Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Nuestra primera tarea como seres humanos, para evitar ocasionar algún daño a los demás, es volver nuestra atención a nuestro ser interior.

Refinando Nuestro Ser Interior

El segundo principio para desarrollar una vida hermosa plantea el gran desafío de hacer una limpieza de nuestros propios pensamientos, sentimientos, lenguaje y comportamiento: dominar nuestro ser espiritual interno y llevarlo a un estado de refinamiento, pureza y desprendimiento.

En los escritos bahá’ís, Shoghi Effendi concluyó que todos podemos beneficiarnos de cualidades tales como la modestia, la pureza, la moderación, la decencia y la limpieza mental, porque con estas cualidades podemos separarnos de los apegos, las preocupaciones y con los aspectos de la vida que no contribuyen con el propósito de esta:

Una raza de hombres, incomparable en carácter, será creada la que, con desprendimiento, caminará sobre todos los que están en el cielo y en la tierra y extenderá el manto de santidad sobre todo lo que ha sido creado del agua y del barro. – Bahá’u’lláh, citado por Shoghi Effendi en El Advenimiento de la Justicia Divina, pág. 31.

Si bien lo que se mencionó antes puede ser el tipo de cualidades que usted esperaría de una vida “pura”, estos lo siguiente podrían ser una sorpresa: Shoghi Effendi recomendó el “el abandono de una conducta frívola, con su excesivo apego a los placeres triviales y con frecuencia, erróneamente dirigidos”. Los términos “frívolo” y “trivial” sugieren olas superficiales en las aguas de la vida. Podemos pensar que calificamos para una vida pura y santa simplemente porque no cometemos las peores abominaciones imaginables, pero esta advertencia nos informa que una vida superficial puede ser tan odiosa y ofensiva como una corrupta.

Libérate del miedo a lo desconocido, de los prejuicios

El tercer principio que recomendó Shoghi Effendi, la ausencia de todo prejuicio, nos obliga a encontrar formas de aceptar e incluso amar a lo desconocido.

El prejuicio significa juzgar anticipadamente: llegar a una conclusión antes de examinar algo o familiarizarse con él. Si nos dejamos llevar por un miedo semejante, nuestra propia ignorancia nos aprisionará. Nuestro mundo social se reducirá al lugar más pequeño que pueda encontrar a fin de asociarse solo con lo familiar y evitar lo desconocido.

Si bien la excusa más común de prejuicio entre nosotros es la raza o el color, otras formas de prejuicio también afectan nuestra libertad de movimiento y comunicación, haciéndonos adversos a las personas que difieren de nosotros en cuanto a género, edad, capacidad, etnia, nacionalidad u otros. cualidades Las enseñanzas bahá’ís nos llaman a alcanzar un orden diferente de desarrollo humano: tener tal grado de aceptación mutua, bienvenida y concordia para que nuestra vida colectiva, más que meramente armoniosa, se sienta como vivir juntos como una sola alma, como un ser completamente integrado e interrelacionado. ¿Podemos empezar a imaginar cómo se sentiría estar tan en sintonía con los demás?

Puesto que os hemos creado a todos de una misma substancia os incumbe ser como una sola alma, caminar con los mismos pies, comer con la misma boca y habitar en la misma tierra para que mediante vuestros hechos y acciones se manifiesten los signos de la unicidad y la esencia del desprendimiento desde vuestro más íntimo ser. – Bahá’u’lláh,  Las Palabras Ocultas, pág. 13.

Eliminar nuestros prejuicios significaría que desde nuestro ser más profundo surgiría la certeza de que somos uno; y el liberarnos del miedo y el distanciamiento nos permitiría lograr una resonancia cultural tan armónica como la que produce una orquesta que interpreta acordes musicales perfectos.

Despierta agradecido

Hacia el final de El Advenimiento de la Justicia Divina, después de todas sus poderosas instrucciones sobre lo que se necesitará para crear una vida armoniosa en este mundo, Shoghi Effendi nos brinda una efusión esperanza, como la que nos da la luz del sol después de un día de tormenta. Esa esperanza reconfortante contempla las pruebas de este mundo a través de la perspectiva de los mundos por venir.

Según las enseñanzas bahá’ís, las almas que han fallecido ahora miran hacia este mundo y desean poder regresar. ¿Por qué? Las condiciones en los siguientes mundos no parecen ofrecer las mismas oportunidades que esta vida terrenal para mostrar cualidades nobles y vivir al servicio de los demás. Sin la muerte, ¿cómo podríamos ser valientes? Sin escasez, ¿cómo podríamos ser generosos?

Las santas realidades del Concurso de lo alto anhelan hoy en día en el Exaltadísimo Paraíso, regresar a este mundo de manera que puedan ser ayudadas para que presten algún servicio al umbral de la belleza de Abhá y surjan para demostrar su servidumbre a Su Umbral sagrado. – Abdu’l-Bahá, citado por Shoghi Effendi en El Advenimiento de la Justicia Divina, pág. 45.

Los que se fueron antes pueden vernos, saber lo que estamos haciendo y anhelar brindar algún servicio a la humanidad. Por lo tanto, sería sabio pedirles que nos ayuden a incrementar nuestros esfuerzos y nos envíen bendiciones y la capacidad de completar cualquier buen trabajo que hayamos comenzado. Las enseñanzas bahá’ís nos llaman a dar la bienvenida a cada nuevo día con gratitud, entusiasmo y ardiente compromiso con la causa de la unidad humana. La vida pasa tan rápido, y las oportunidades para servir también lo hacen. Celebremos este día sirviendo a los demás, ya que nunca se repetirá.

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