Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Durante la Ilustración, los filósofos y pensadores comenzaron a anticipar que los avances científicos algún día informarían nuestra filosofía moral – y darían a la humanidad un mejor sentido de propósito moral.

Entonces, en 1975, el renombrado biólogo Edward O. Wilson concluyó en su libro Sociobiología: La nueva síntesis, que una parte significativa del estudio de la vida humana ha sido influenciada por los desarrollos de la biología evolutiva – y que ahora debería incluir la moralidad y por lo tanto el propósito de la vida: “… ha llegado el momento de que la ética sea retirada temporalmente de las manos de los filósofos y sea biologizada”. – – p. 562. Wilson también ha afirmado que la religión “nos arrastra hacia abajo” y “debe ser eliminada por el bien del progreso humano”.

Algunos científicos están de acuerdo, pero muchos no. Los científicos materialistas ven a los humanos como si no tuvieran más propósito en el gran esquema de las cosas que un halcón o un árbol de acebo. No ven la escalera de la creación en la que los humanos ocupan el peldaño superior – y por lo tanto no pueden imaginar ningún propósito en la vida. Suponen que la raza humana existe debido a un afortunado accidente evolutivo, y que Dios no forma parte de ese accidente.

Pero hoy en día el mundo todavía no ha cumplido los deseos de los filósofos de la Ilustración como Diderot y Voltaire, o los objetivos de los científicos contemporáneos como Wilson – que la ciencia en lugar de la fe debe definir y avanzar la moral y el propósito humanos. De hecho, muchas personas reconocen que mientras la ciencia ha ayudado a la humanidad a evolucionar de alguna manera, también ha ayudado a crear las fuerzas destructivas en nuestro medio ambiente global, como señalan las enseñanzas bahá’ís:

No importa cuán lejos llegue el mundo material, no puede establecer la felicidad de la humanidad. Sólo cuando las civilizaciones material y espiritual sean unidas y coordinadas, podrá asegurarse la felicidad. Entonces la civilización material no contribuirá con sus energías a las fuerzas del mal para destruir la unidad de la humanidad; en la civilización material el bien y el mal progresan juntos y sostienen el mismo paso. Por ejemplo, considerad el avance material del hombre en la última década. Escuelas y colegios, hospitales, instituciones filantrópicas, academias científicas y templos filosóficos han sido fundados, pero mano a mano con estas evidencias de desarrollo, se han incrementado la invención y producción de medios y armas para la destrucción humana. En días pasados el arma de guerra era la espada; hoy es el rifle a repetición. Entre los antiguos, los hombres peleaban con jabalinas y dagas; ahora emplean bombas y granadas. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág.  125.

Así que la mayoría de nosotros todavía se vuelve, no a la ciencia, sino a la filosofía y la religión en busca de la verdad absoluta y nuestro propósito moral en la vida:

La ciencia no pregunta “¿Por qué?” Porque sólo puede responder a “¿Qué?” y “¿Cómo?”

La ciencia es muy, muy buena respondiendo a preguntas como “¿Qué?”, como “¿Qué colores tiene el cielo?” Y la ciencia es bastante buena para responder a las preguntas de “¿Cómo?”, como “¿Cómo llegaron estos colores aquí?” pero la ciencia es incapaz de responder “¿Por qué hay un cielo? ¿Por qué tenemos color?” Podemos describir la gravedad y la termodinámica y cómo se formó la atmósfera, pero no podemos decir por qué existe todo esto…

La ciencia sólo avanza descubriendo cosas que no son verdaderas, mediante la falsificación.

La industria, los negocios y la mayoría de las otras profesiones no se preocupan por lo que es verdadero o falso. Se preocupan por lo que funciona.

La ciencia se trata de descubrir falsedades. La religión es tener fe en la creencia de que algunas cosas son verdaderas. – Thomas P Seager, PhD, El Proyecto Polymath.

Todo esto significa que la eterna pregunta “¿Cuál es mi propósito?” sólo puede encontrar su respuesta en el reino de tu alma.

Considéralo: cuando decides qué tema te interesa más en la escuela, qué especialidad elegir en la universidad, o a qué oficio o profesión o pareja dedicar tu vida, eliges a un nivel mucho más profundo que uno exclusivamente racional o científico. En cambio, buscas en tu alma:

Cuando deseáis reflexionar o considerar un asunto, consultáis algo en vuestro interior. Decís: “¿Lo haré o no lo haré?” “¿Es mejor hacer este viaje o abandonarlo?” ¿A quién consultáis? ¿Quién está dentro vuestro decidiendo esta cuestión? Seguramente hay un poder distinto, un yo inteligente. Si no fuese distinto de vuestro ego no estarías consultándole. Es más grande que la facultad del pensamiento. Es vuestro espíritu el que os enseña. El cual aconseja y decide los asuntos. ¿Quién es el que interroga? ¿Quién es el que responde? No hay duda de que es el espíritu, y no existe cambio o transformación en él, pues no es una composición de elementos y cualquier cosa que no está compuesta de elementos es eterna. El cambio y la transformación son peculiaridades de la composición. No hay cambio o transformación en el espíritu. Los miembros del cuerpo pueden debilitarse. Este puede ser desmembrado o uno de sus miembros puede estar incapacitado. El cuerpo entero puede estar paralizado, y aun así la mente, el espíritu permanecen siempre iguales. La mente decide, el pensamiento es perfecto; y aun así la mano está macilenta, los pies se han vuelto inútiles, la médula espinal está paralizada y no hay movimiento muscular alguno, pero el espíritu permanece en el mismo estado. Desmembrad a un hombre saludable; el espíritu no es desmembrado. Amputad sus pies; el espíritu sigue ahí. Puede volver discapacitado; el espíritu no es afectado. El espíritu es siempre el mismo, no podéis percibir cambio o transformación alguna, y debido a que no hay cambio o transformación es sempiterno y permanente. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 254.

Sólo tú puedes descubrir tu propósito y actuar en consecuencia. Sólo tú puedes darle sentido y propósito a tu vida. Ese profundo propósito interior reside en tu alma, y sólo reconociendo y luego consultando tu alma puedes encontrarlo:

…pues la razón por la cual Dios Se ha manifestado a Sí mismo y han resplandecido estas luces ilimitadas de lo Invisible no es sino educar las almas de los hombres y refinar el carácter de todos los que habitan la tierra, para que los seres benditos que se han librado de la lobreguez del mundo animal desplieguen aquellas cualidades que constituyen el ornamento de la realidad del hombre. El propósito es que las criaturas que son terrenales se conviertan en celestiales, que aquellos que caminan en la oscuridad entren en la luz, que quienes están excluidos ingresen en el círculo interior del Reino y que los que son como la nada lleguen a ser los íntimos de la Gloria sempiterna. Que los desposeídos obtengan su porción del ilimitado mar y los ignorantes beban a plenitud de la fuente de vida del conocimiento; que aquellos que están sedientos de sangre abandonen su salvajismo y los que están armados de garras se vuelvan mansos y tolerantes, y quienes aman la guerra busquen la verdadera reconciliación; que las bestias de afiladas garras disfruten de los beneficios de la paz perdurable; que los impuros sepan que existe el dominio de la pureza y los corruptos encuentren el camino que conduce a los ríos de la santidad. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 25.

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