Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Hoy, en algún momento, de alguna manera, en algún lugar, perdí un artículo de gran valor sentimental, algo que disfruté durante muchos años.

Cuando noté que no lo tenía, busqué por todos los lugares en que recordaba haber estado. Por desgracia, mi búsqueda no tuvo resultados, más que un recordatorio de que incluso los objetos materiales no son permanentes.

Supongo que de alguna manera todos estamos en busca de algo. Ya sea que busquemos información, mejorar la salud, un trabajo satisfactorio, amigos para compartir aventuras o nuestro propósito en la vida, todos somos buscadores y aprendices.

Estar en esta búsqueda no significa necesariamente que nos falta algo o que estamos descontentos. Por el contrario, puede significar que nos sentimos curiosos, comprometidos, energizados o desafiados.

Cuando éramos niños, queríamos aprender porque buscábamos respuestas sobre el mundo y las personas en él. Aun cuando había límites a lo que podíamos entender o aprender a una edad determinada, teníamos curiosidad.

Como adultos, seguimos buscando y aprendiendo, aunque en algún momento volveremos a alcanzar nuestro límite. Esto no es debiado a que ya no haya más qué descubrir por ahí, sino que eventualmente alcanzamos el punto máximo de nuestras limitaciones humanas y nuestra capacidad de comprensión. Abdu’l-Bahá ofreció esta explicación:

… Dios es todopoderoso, pero Su grandeza no puede reducirse al alcance de la limitación humana. No podemos confinar a Dios dentro de un límite. El hombre es limitado pero el mundo de la Divinidad es ilimitado. – La Promulgación a la Paz Universal, pág. 282.

Como individuos y como parte de la humanidad, podemos avanzar a través de esfuerzos intelectuales, científicos y creativos. La Casa Universal de Justicia expresó esta idea en su publicación de 1985: La Promesa a la Paz Mundial, observando que como seres espirituales nuestra realización como seres humanos se basa en mucho más que solo nuestros logros:

Pero tales triunfos por sí solos no han satisfecho nunca al espíritu humano, cuya naturaleza misteriosa le inclina hacia lo trascendente, hacia un anhelo de alcanzar un reino invisible, hacia una Realidad última, hacia esa desconocida esencia de las esencias que se llama Dios. – pág. 7.

Los escritos bahá’ís muestran ante nosotros la relación que existe entre la búsqueda de la verdad y la meta de alcanzar la unidad, ya que nuestros caminos individuales nos llevarán a encontrarnos unos con otros. En este camino, nos encontramos y somos guiados por nuestros maestros.

¿Dónde estaríamos sin nuestros maestros? Desde nuestros primeros días estuvieron siempre presentes. Sospecho que todos podemos pensar en nuestros maestros favoritos. Por ejemplo, recuerdo a una maestra de inglés que valoraba la estructura y la precisión en el lenguaje. Incluso si parecía tedioso en ese momento, lo que ella me enseñó ha sido útil a lo largo de mi vida.

Luego estaba mi maestro de conversación en francés durante mis años universitarios. Él solía contar historias en francés que eran tan atractivas que nosotros, los estudiantes, veíamos que estábamos comprendiendo más allá de nuestro nivel real de instrucción. Su entusiasmo por las historias me enseñó más de lo que yo imaginaba en ese momento.

Fuera de los entornos educativos, aprendemos de muchas otras personas, desde periodistas formados hasta la persona que se encuentra en la siguiente máquina de correr en el gimnasio. Podemos estar concentrados en la información que brindan o algún aspecto de los eventos en ese momento, algunos de los cuales serán subjetivos o de actitud.

Aquí es donde las cosas pueden ponerse difíciles; las ideas, opiniones o actitudes subjetivas pueden ser verdaderas para una persona, pero no para otra. Más allá de eso, no es suficiente haber aprendido algo de alguien para que esto sea necesariamente verdad. Las creencias de los padres o maestros, trasmitidas ciegamente a los niños, pueden no resistir la prueba del tiempo. Más bien, la base para una vida auténtica se cimienta en lo que nosotros mismos hemos observado y recogido de otros y luego examinado exhaustivamente. Esta idea también ayuda a explicar las diferencias entre los prejuicios, las vanas imaginaciones y la verdad. Desde la perspectiva bahá’í, todo ser humano tiene el deber de examinar cuidadosamente lo que se nos enseña y decidir por sí mismo qué aceptar:

La primera enseñanza de Bahá’u’lláh es un deber que a todos concierne: el de investigar la realidad. ¿Qué significa investigar la realidad? Significa que el hombre debe olvidar todos los rumores y examinar la verdad por sí mismo, pues él no sabe si las declaraciones que oye están de acuerdo con la realidad o no. Dondequiera que encuentre la verdad o la realidad, él debe aferrarse a ella, abandonando, descartando todo lo demás; porque fuera de la realidad no existe nada sino superstición e imaginación. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 82.

En el mundo de hoy, en el cual nuestra interdependencia quizás nunca ha sido tan evidente, deseo traducir mi aprendizaje en acción. Si he aprendido algo, y si uso esos aprendizajes como un principio que guíe mi propia vida, entonces algo bueno debe resultar de tal acción.

¿Qué mejor recompensa para los aprendices y buscadores que descubrir un propósito para todo lo que han encontrado y aprendido?

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