Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Trabaja duro, diviértete mucho. Muchos de nosotros conocemos ese lema. La idea detrás es que si trabajamos duro por un tiempo cuando sea hora de relajarnos, debemos divertirnos tanto como podamos.

Muchos de nosotros vemos el trabajo simplemente como un medio para luego poder tener tiempo para la diversión – para obtener dinero que podremos cambiar por diversión y placer.

Nuestra sociedad parece estar centrada en la diversión, y esa tendencia afecta la vida de las personas. El placer personal, la comodidad, la riqueza y la facilidad se convierten naturalmente en máximas prioridades cuando ponemos al deseo individual como una prioridad principal. Este enfoque centrado en la diversión parece surgir de la cultura capitalista, que prospera bajo el supuesto de que la gente necesita comprar cosas nuevas y mejoradas para sentirse satisfecha, lo que refleja la popularización de la creencia de que divertirse representa el principal propósito de la vida.

Los escritos bahá’ís dicen:

Hoy vemos a nuestro alrededor cómo las personas procuran rodearse de todas las comodidades modernas y de lujo, sin negarle nada al lado físico y material de su naturaleza. Pero tened cuidado, no sea que por pensar demasiado en las cosas del cuerpo os olvidéis de las cosas del alma; pues los progresos materiales no elevan el espíritu humano. La perfección en las cosas mundanas es una dicha para el cuerpo humano, pero en modo alguno glorifica su alma. – Abdu’l-Bahá, La sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 78.

Cada vez que una actitud como esta se convierte en parte de la cultura, da forma a muchos componentes de la vida de aquellos que estamos inmersos en aquella cultura. Como joven en una gran ciudad, he visto cómo esta cultura centrada en la diversión tiene serios efectos en las citas, las relaciones y la búsqueda de pareja. Mucha gente sale en citas sólo para pasar el tiempo y divertirse con un buen compañero. No estoy en posición de juzgar las diferentes razones por las que la gente sale en citas, pero puedo hablar de las dificultades que una persona puede tener en este entorno cuando su propio objetivo de salir en citas implica encontrar a alguien que también quiera construir un hogar y una familia duraderos.

La sociedad moldea a algunos hombres para que estén menos centrados en la familia y la vida familiar, así que como una mujer que sale en citas con hombres, parece que las probabilidades están en mi contra. Es muy probable que me encuentre en una cita con alguien que no tenga el objetivo de construir una relación duradera.

Una relación en nuestra sociedad actual centrada en la diversión supone que miles de personas están buscando a alguien con quien pasar solo las vacaciones, mientras que menos de nosotros buscan a alguien que nos ayude a profundizar nuestra comprensión del mundo. Mucha gente busca un compañero de compras o alguien con quien construir una casa bonita, pero menos se enfocan en construir un hogar que nutra a la comunidad. Las primeras etapas de una cita a menudo implican preguntarse mutuamente cuál es nuestro “lenguaje del amor”, mientras olvidamos considerar cómo es el carácter de la otra persona.

No es que estas formas de acercamiento no sean importantes. Creo que es profundamente importante disfrutar estar en compañía de otros, especialmente si esta persona puede llegar a ser alguien con quien comprometerse. El problema: a menudo no vemos más profundamente. Nos olvidamos de mantener los ojos abiertos a las formas más importantes de compatibilidad y nos quedamos atrapados en sólo encontrar a alguien divertido con quien estar, es así que las relaciones no siempre nos impulsan hacia el verdadero crecimiento. En ese proceso, podemos perder oportunidades para desarrollar nuestro ser interior.

Los escritos bahá’ís enmarcan el propósito de esta vida en el contexto más amplio de una existencia espiritual mucho más duradera – una que perdura eternamente. Nuestro enfoque aquí, entonces, no solo debe centrarse en ser feliz, pero llegar a ser feliz con un propósito:

Por lo tanto, él debe prepararse en este mundo para la vida en el más allá. Todo aquello que necesita en el mundo del Reino lo debe obtener aquí. Así como se preparó en el mundo de la matriz adquiriendo las fuerzas necesarias para esta esfera de la existencia, del mismo modo las fuerzas necesarias de la existencia divina deben ser potencialmente obtenidas en este mundo.

¿Qué podrá necesitar en el Reino que trascienda la vida y las limitaciones de esta esfera mortal? Ese mundo futuro es un mundo de santidad y esplendor; por consiguiente, es necesario que en este mundo él adquiera esos atributos divinos. En ese mundo hay necesidad de espiritualidad, de fe, de certeza, del conocimiento y amor de Dios. El hombre los debe obtener en este mundo para que luego de su ascensión desde el mundo terrenal al Reino celestial pueda encontrar listo para él todo lo necesario para la vida eterna. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 238.

Muchas veces el objetivo de divertirse puede coincidir con el desarrollo de nuestra naturaleza superior, pero otras veces la diversión que buscamos puede consentir el egoísmo, la codicia, el desperdicio de energía y tiempo, o la exclusión de otros. Si nos centramos en encontrar felicidad mientras cumplimos con un propósito más elevado que no solo nos sirva a nosotros mismos, sino que también a los demás, nuestras relaciones pueden florecer como fuentes de felicidad y paz.

En lugar de crear relaciones aisladas, asociaciones transaccionales o historias de corta duración que terminan en un desengaño, podemos aprender a reformular el propósito de nuestras vidas románticas. Una vez que veamos las citas como algo más que entretenimiento y comodidad, el potencial para el amor verdadero es ilimitado.

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