Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

La mayoría de los niños entienden que el impacto de un asteroide mató a los dinosaurios, al golpear la Tierra hace 65 millones de años. El polvo atmosférico impidió el paso de la luz del sol que los dinosaurios necesitaban para sobrevivir.

¿Como sabemos esto? Bueno, los geólogos descubrieron una fina capa de sedimentos que llaman el límite K/Pg, que representa la extinción masiva del Cretácico-Paleógeno, tanto en rocas marinas como terrestres en todo el mundo. Ese delgado y oscuro límite, otrora polvo atmosférico pero ahora endurecido en roca, tiene niveles muy altos de iridio que raramente se encuentran en la corteza terrestre, pero son muy frecuentes en los asteroides. Luego, en la década de 1990, los científicos descubrieron el enorme cráter Chicxulub de 160 kilómetros de ancho bajo el océano en el Golfo de México, y finalmente conectaron esos dos hechos, que ocurrieron exactamente al mismo tiempo.

Curiosamente, muchos científicos ahora creen que esta extinción masiva no solo provino de ese gigantesco asteroide y el “invierno tras el impacto” que causó, sino que también fue parcialmente causada por erupciones volcánicas, rápidas alteraciones del nivel del mar y el ciclo del carbono, y el cambio climático impulsado durante un período de varios siglos. Estas teorías plantean algunas preguntas interesantes: ¿podrían ocurrir esas mismas cosas ahora, y si lo hicieran, se extinguirían los seres humanos posiblemente?

Para responder esas preguntas, repasemos: el límite K/Pg no fue la única extinción masiva en la Tierra. A lo largo de la historia conocida de nuestro planeta, unos cuatro mil quinientos millones de años, hemos detectado cinco grandes eventos de extinción masiva. O tal vez seis.

Estos son los nombres científicos de los llamados “Cinco Grandes” eventos de extinción, desde el primero hasta el más reciente:

  1. El Ordovícico-Silúrico, que sucedió hace unos 450 millones de años;
  2. El Devónico tardío, que ocurrió hace 360-375 millones de años, y también puede haber sido causado por un asteroide que golpeó lo que ahora es el centro de Suecia en un área llamada Anillo de Siljan;
  3. El evento de extinción Pérmico-Triásico, hace unos 252 millones de años, que los científicos llaman “La Gran Muerte”, porque aniquiló hasta el 96% de toda la vida marina y el 70% de las especies de vertebrados terrestres;
  4. El evento de extinción Triásico-Jurásico; hace unos 201 millones de años, que mató a la mitad de las especies en la Tierra en ese momento y marcó el comienzo de la era de los dinosaurios; y
  5. El Cretácico-Paleógeno, el asteroide, el volcán y la extinción causada por el cambio climático que nos trajo de la era de los dinosaurios a nuestra Era Cenozoica actual, también conocida como la Era de los Mamíferos.

Al estudiar estas cinco grandes extinciones masivas, encontrarás varias teorías creíbles sobre sus causas. Una de los más destacadas es el enfriamiento rápido o los efectos de calentamiento del cambio climático, provocados por la caída de asteroides o las erupciones volcánicas múltiples que emitieron grandes volúmenes de dióxido de carbono a la atmósfera. Sabemos que el ciclo del carbono de la Tierra se interrumpió en cada uno de esos cinco eventos de extinción masiva y que la atmósfera se calentó o enfrió drásticamente durante esos períodos, gracias a que hoy podemos medir la presencia pasada de carbono en los antiguos núcleos de hielo en los polos.

Entonces, ¿qué es ese sexto evento de extinción masiva? Es en lo que estamos ahora, el que los científicos llaman el evento Holoceno, o el Antropoceno, o la Sexta Extinción. Esta, sin embargo, no es causada por la caída de asteroides o la erupción de volcanes; es causada por los seres humanos.

¿Cómo? Los seres humanos, a través de nuestras actividades, hemos logrado alterar los procesos naturales del planeta al degradar los hábitats biodiversos como por ejemplo las selvas tropicales y los arrecifes de coral. Hemos cazado y matado a gran parte de la megafauna de la Tierra, los grandes mamíferos y los depredadores del ápice en la parte superior de las cadenas alimenticias. Continuamos consumiendo un gran porcentaje de los recursos naturales del mundo, generando escasez para otras formas de vida. Hemos acidificado los océanos con nuestras emisiones de dióxido de carbono provenientes de la quema de combustibles fósiles. Hemos removido la vegetación para obtener gran parte de la tierra cultivable del mundo para la agricultura, y nuestras prácticas agrícolas, especialmente el uso de pesticidas, fungicidas e insecticidas, han dañado y siguen dañando el ecosistema. En resumen, nos hemos convertido en los principales depredadores, y nuestro número cada vez mayor de población, ahora más de 7.000 millones, sigue diezmando el medio ambiente natural a un ritmo insostenible y sin precedentes.

se pueden llegar a extinguir lo seres humanos

¿Podría la humanidad misma extinguirse? Sí, por supuesto. Somos mamíferos y, a pesar de nuestros ingeniosos cerebros y nuestra notable capacidad de adaptación, la Sexta Extinción también podría acabar con nosotros. De hecho, investigaciones recientes en el MIT han demostrado que tenemos el resto de este siglo, hasta aproximadamente 2100, antes de que nuestras descontroladas actividades humanas puedan desestabilizar completamente la ecosfera oceánica, haciendo que el equilibrio natural de la Tierra esté tan fuera de control que desencadenaría un rápido pico catastrófico en la Sexta Extinción.

Desde una perspectiva bahá’í, estas aterradoras proyecciones científicas son una alarma más para toda la humanidad, emitida por primera vez por el mensaje de Bahá’u’lláh en el siglo XIX. Ese mensaje bahá’í nos pide que nos unamos para reformar “el mundo material y físico” y dar paso a una nueva primavera espiritual en la vida colectiva de la humanidad:

… debemos esforzarnos con vida y corazón para que el mundo físico y material sea reformado, para que se agudice la percepción humana, se haga manifiesto el misericordioso esplendor y brille el resplandor de la realidad. Entonces la estrella del amor aparecerá y el mundo de la humanidad se iluminará. El objeto es que el mundo de la existencia depende de la reforma para su progreso; de otro modo, estaría como muerto. Reflexionad: si no apareciera una nueva primavera, ¿cuál sería el efecto sobre este globo, la tierra? Indudablemente se volvería desolada y la vida se extinguiría. La tierra tiene necesidad de un regreso anual de la primavera. Es necesario que una nueva generosidad se aproxime. Si no llegara, la vida sería destruida. De la misma forma, el mundo del espíritu necesita una nueva vida, el mundo de la mente necesita un nuevo ánimo y desarrollo, el mundo de las almas una nueva munificencia, el mundo de la moral una reforma y el mundo del esplendor divino siempre necesita nuevas dádivas. Si no fuera por este reaprovisionamiento, la vida del mundo sería destruida, extinguida. Si este cuarto no estuviese ventilado y el aire no fuese renovado, después de un período de tiempo sería irrespirable. Si no cayera la lluvia, todos los organismos de la vida perecerían. Si no llegara una nueva luz, la oscuridad de la muerte envolvería la tierra. Si no llegase una nueva primavera, la vida sobre este globo sería borrada.  – Abdu’l-BahaLa Promulgación de la Paz Universal, pág. 278

Los bahá’ís creen que no podemos lograr la reforma global necesaria para evitar esa aniquilación con los actuales mecanismos, líderes, tratados, sistemas y gobiernos. En cambio, necesitamos una luz completamente nueva: la luz de la revelación.

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