Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Para ser una buena persona, ¿tienes que ser siempre veraz?

Las enseñanzas bahá’ís sugieren que, sin importar lo que hagan quienes nos rodean, cada individuo tiene la responsabilidad de hacerse cargo de su propio bienestar espiritual:

Cada criatura humana tiene una dote, un poder y una responsabilidad individuales en el plan creativo de Dios. Por consiguiente, depende de vuestra propia razón, juicio y adhesión al resultado de vuestra propia investigación. De otro modo, estaréis totalmente sumergidos en el mar de la ignorancia y privados de todas las bondades de Dios. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 300.

Intentar ser una persona honesta en una cultura que acepta cada vez más la mentira como parte natural o necesaria del comportamiento humano puede parecer idealista. La gente se pregunta por qué alguien trataría de ser honesto cuando tantos a su alrededor mienten. Pero al cuidar nuestro ser espiritual, los escritos bahá’ís afirman que decir la verdad respalda todo nuestro desarrollo:

La veracidad es la base de todas las virtudes humanas. Sin la veracidad, el progreso y el buen éxito, en todos los mundos de Dios, son irrealizables para cualquier alma. Cuando este atributo santo se encuentre arraigado en el hombre, todas las cualidades divinas serán también adquiridas. – Abdu’l-Bahá, citado por Shoghi Effendi en El advenimiento de la justicia divina, pág. 27.

Cuando leí esa cita por primera vez, me preguntaba, ¿por qué? ¿Qué hace que la veracidad sea mucho más importante que ser generoso, amable, creativo, humilde o cualquiera de las otras cosas dignas de alabanza por las que tantas personas se esfuerzan por desarrollar? Al reflexionar más profundamente sobre la honestidad y la veracidad, comencé a darme cuenta de al menos tres razones importantes por las cuales la veracidad precede a todas las otras hermosas cualidades humanas.

1) Una base fortalece todo lo que construimos sobre ella

Todos conocemos personas que no siempre son sinceras, aunque pueden tener otras cualidades realmente excelentes. Algunos pueden ser compasivos y mentir en un esfuerzo por proteger los sentimientos de los demás. Otros pueden ser extremadamente generosos pero se resisten a la confrontación y mienten para evitar conflictos.

Sin una base sólida, cualquier edificio corre el riesgo de derrumbarse. Todos los edificios, y todos, necesitan una base sólida para mantener su integridad.

2) Sin verdad, comprometemos otras virtudes

La deshonestidad contamina casi cualquier virtud. Algunos ejemplos:

Si soy generoso pero no sincero, podría ofrecer generosidad con un interés oculto. Si solo doy porque espero recibir algo a cambio, ¿será esto verdadera generosidad?

Si soy amable pero no soy sincero, podría mostrar una apariencia de amor poco saludable e improductiva, especialmente cuando no sé cómo ser amable cuando alguien me ofende, hace algo mal o me pregunta algo incómodo. ¿Es verdadera amabilidad si no puedo navegar a través conversaciones difíciles y al mismo tiempo mostrar amor verdadero por otra persona?

Si soy disciplinado pero no sincero, podría centrarme en alcanzar mis propios objetivos y engañar a otros en el proceso. Si practico una disciplina deshonesta, fácilmente podría terminar lastimando a las personas que me rodean.

3) El amor requiere una comunicación veraz

Las enseñanzas bahá’ís dicen que en el mundo de la existencia no existe un poder mayor que el poder del amor“. – Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 219.

El amor que entrelaza el tejido de nuestra sociedad comprende una acción, y no solo un sentimiento. El verdadero amor exige honestidad con nosotros mismos y con los demás. Cuando nos mentimos a nosotros mismos, nos ponemos en situaciones potencialmente dañinas, ignorando nuestra intuición. Cuando mentimos a las personas que amamos, destruimos la confianza. No saben qué parte de nosotros es confiable y genuina y cuál no. Esto crea inseguridad, sofoca la alegría y nos separa. Cuando mentimos, no les damos a los demás la oportunidad de vernos como seres vulnerables, imperfectos y con los que podemos identificarnos. Nos robamos la oportunidad de perdonar y practicar la empatía.

Para amarnos unos a otros adecuadamente y actuar como una fuerza de bien en la vida de los demás, tenemos que aprender a ser honestos, incluso cuando parezca difícil. Para desarrollar el músculo de la honestidad, practique decir la verdad en las pequeñas acciones de la vida cotidiana. En lugar de descartar las pequeñas mentiras blancas como aceptables, podemos aprender a ser tácticos sin dejar de ser sinceros. Si hacemos esto, entonces probablemente nos resultará mucho más fácil ser sincero, incluso ante situaciones más difíciles.

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