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La única solución a nuestros problemas económicos: La unidad de la humanidad

Badi Shams | Mar 4, 2024

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Badi Shams | Mar 4, 2024

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Muchos economistas han señalado la importancia de la unidad y la cooperación globales para resolver las crisis económicas mundiales, cada vez más graves. Pero no ha habido grandes cambios, y el tiempo se está agotando.

Se acaba el tiempo para que los gobiernos, los economistas y los responsables políticos hagan un cambio para deshacer las miserias económicas que, a sabiendas o sin saberlo, han infligido a miles de millones de personas.

Nuestra economía mundial se enfrenta hoy a una amplia gama de cuestiones críticas: recursos naturales, medio ambiente, migraciones y refugiados, guerras y disputas, cambio climático, comunicación y transporte, pobreza extrema, control de futuros virus y enfermedades y, lo que es más importante, el desarrollo de una paz y una armonía sostenibles entre las personas y las naciones.

¿Cómo podemos abordar con éxito estas importantes cuestiones? Según los escritos bahá’ís, la solución es que la humanidad se una. En un discurso que pronunció en París en 1911, Abdu’l-Bahá dijo:

…dirija sus pensamientos hacia la unidad de la humanidad; que nunca perjudiquéis a vuestros vecinos, ni habléis mal de nadie; que respetéis los derechos de todos los seres humanos, y os preocupéis más por los intereses de los demás que por los vuestros propios.

Esta propuesta, la unificación de la humanidad, no es un mero eslogan. Representa la única solución real para la supervivencia a largo plazo de la humanidad, para aplicar remedios que puedan rectificar nuestras crisis políticas, económicas y medioambientales.

Personalmente, llevo décadas repitiendo ese mismo mensaje, pero hace poco recordé la historia de un padre y sus hijos, que ilustra maravillosamente el principio. Puede que algunos de ustedes conozcan la historia. Dice así:

Un anciano tenía varios hijos que se peleaban constantemente. Utilizó todos los medios para persuadirlos de que dejaran sus disputas y se unieran, sin ningún resultado. Por fin, hizo lo siguiente:  Pidió a sus Hijos que vinieran y trajeran también un pequeño manojo de palos y les dijo que intentaran romperlos con todas sus fuerzas. Todos lo intentaron, pero sin éxito, pues los palos estaban estrechamente unidos y la fuerza de ninguno de ellos podía romperlos. Después de esto, el padre ordenó que abrieran el manojo y dio a cada uno de sus Hijos un solo palo mientras les pedía que intentaran romperlo. Lo hicieron con facilidad y pronto rompieron todos los palos. Entonces el padre se dirigió a ellos diciendo: Hijos míos, ¡contemplad el poder de la unidad!

En un discurso que pronunció en París, Abdu’l-Bahá explicó los beneficios de la unidad tanto en un hogar como en el mundo entero:

Cuando hay unidad en una determinada familia, observad con qué facilidad se conducen los asuntos de esa familia, cómo progresan sus miembros, cómo prosperan en el mundo. Sus asuntos están en orden, gozan de comodidad y tranquilidad, están seguros, su posición está afianzada, llegan a ser la envidia de todos. Tal familia no hace sino acrecentar su situación y su honor perdurable con cada día que transcurre. Y si ampliamos un poco la esfera de la unidad para incluir a los habitantes de una aldea que tratan de ser amables y unidos, traban amistad entre ellos y son bondadosos unos con otros, qué grandes avances se verá que logran, cuán seguros y protegidos estarán. Luego ampliemos algo más la esfera y tomemos a los habitantes de una ciudad, a todos conjuntamente: si establecen entre ellos los más sólidos lazos de unidad, hasta dónde han de progresar, incluso en un breve período, y qué poder han de ejercer. Y si se amplía aún más la esfera de la unidad, es decir, si los habitantes de un país entero desarrollan corazones pacíficos y, de todo corazón y alma, anhelan cooperar mutuamente y vivir en unidad, y si llegan a ser bondadosos y amables unos con otros, ese país obtendrá gozo sempiterno y gloria imperecedera. Tendrá paz, abundancia y enorme riqueza.

Los gobiernos nacionales, a pesar de sus esfuerzos, no han sabido aceptar que las soluciones de base nacional para resolver los problemas económicos del planeta ignoran el hecho fundamental de que ningún país puede resolver por sí solo todos sus problemas económicos. Vivimos en un mundo interdependiente, lo que significa que necesitamos un enfoque global para resolver los problemas globales.

Cada día, las naciones luchan con éxito limitado para que sus economías respondan a las acuciantes cuestiones de la pobreza y la desigualdad presentes tanto en los sistemas capitalistas como en los socialistas. El ingrediente que falta en su proceso, la falta de visión de ver a los demás como miembros de una misma familia humana, hace que sus limitadas soluciones sean ineficaces. Sin esta visión y con la lógica del beneficio a cualquier precio como único objetivo del sistema, los problemas se acumulan inevitablemente.

Admitámoslo: nuestros problemas económicos se deben a la falta de valores humanos y de moralidad en nuestros sistemas, políticas y actividades económicas. Hemos intentado divorciar la economía del espíritu humano, y ese enfoque sencillamente no funciona. Como resultado, los problemas del mundo se acentúan.

La solución debe ser un frente unido a pesar de todas las diferencias entre países. Esto no será sencillo ni fácil, pero funcionará. Abdu’l-Bahá reconoció las diferencias y dificultades para lograr la unidad, y planteó una solución para superarlas:

Es axiomático que la humanidad difiera. Los gustos humanos difieren; los pensamientos, las naciones, las razas y las lenguas son muchos. Es obvio que se necesita un Centro Colectivo mediante el cual estas diferencias sean compensadas y los pueblos del mundo sean unidos. Considerad cómo nada que no sea un poder espiritual puede producir esta unificación, pues las condiciones materiales y los aspectos mentales son tan ampliamente diferentes que el acuerdo y la unidad no son posibles a través de medios exteriores. Es posible, sin embargo, que todos se unan a través de un Espíritu, de la misma forma que todos reciben la luz de un solo sol. Por tanto, asistidos por el Centro Colectivo y Divino que es la Ley de Dios y la Realidad de Su Manifestación, podemos superar estas condiciones hasta que desaparecen completamente y las razas progresen.

Supongamos que no cambiamos de actitud y nos unimos para resolver los problemas. En ese caso, los problemas se acumularán. Sin soluciones, es probable que lleguen a la etapa del malestar social, cuando los pobres y desfavorecidos no encuentren otra forma de supervivencia económica que luchar por ella. Esto debería servir de advertencia a los gobiernos y a los ricos para que cambien de mentalidad y empiecen a ver a sus congéneres como miembros de la misma familia, buscando formas de eliminar sus miserias económicas. Esto resuena con las enseñanzas bahá’ís. En The Baha’i World, Volumen 4, Abdu’l-Bahá dijo: «Los secretos de toda la cuestión económica son de naturaleza Divina, y tienen que ver con el mundo del corazón y del espíritu» [Traducción provisional de Oriana Vento].

Claramente, somos más fuertes y mucho más efectivos cuando combinamos nuestras energías y recursos para resolver los problemas de la humanidad. Las enseñanzas bahá’ís nos aseguran que la unidad y la unicidad de la humanidad sucederán, pero tristemente, puede que solo suceda como nuestra última oportunidad de supervivencia en un mundo devastado. Espero y ruego que suceda, más bien, debido al despertar espiritual de la humanidad a las soluciones divinas del Creador.

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