Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

A veces pareciera que vivimos en un mundo de todos-contra-todos. Sin darnos cuenta, podemos dejarnos atrapar por las críticas que nos rodean. ¿Cómo podemos esforzarnos por evitar el endurecimiento de nuestros corazones?

Los escritos bahá’ís dicen:

…en ninguna circunstancia deberíamos asumir cualquier actitud que no fuera de humildad y mansedumbre. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 143.

Este es el estándar de oro, pero ¿cómo logramos si quiera acercarnos a este estándar? Hay mucho que podríamos criticar de nuestra sociedad: nuestro sistema educativo, nuestro sistema político, nuestra economía… la lista podría seguir y seguir. Si bien debemos aprender a discernir para poder desarrollarnos, a veces dirigimos este ojo crítico a personas individuales en nuestras vidas y aumentamos el dolor en sus corazones en lugar de construir un mundo mejor.

Aunque es posible que naturalmente notemos los defectos de otras personas, las enseñanzas bahá’ís dicen que lo que importa es cómo actuamos luego de notarlos:

Bienaventurados son los doctos que no se enorgullecen de sus logros; y el bien está con los rectos que no menosprecian los pecaminosos, sino, más bien, encubren sus fechorías, para que sus propias faltas puedan permanecer veladas a los ojos de los hombres. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 165.

Entonces, ¿cómo podemos discernir y al mismo tiempo practicar la humildad? Aquí hay tres humildes sugerencias:

  1. Evite ver los problemas como arraigados en un individuo, sino busque explorar las raíces colectivas más amplias de los problemas.

A veces nos encontramos con problemas individualizantes. Un político propone una política sexista y nos centramos únicamente en este único representante del sexismo. Nos olvidamos de abordar las raíces culturales más amplias del sexismo, la forma en que se enseña en las escuelas y las familias, o se presenta en los medios de comunicación. Vivimos en una cultura individualista, por lo que es fácil caer en esta forma de pensar, pero si nos damos cuenta de esta tendencia, también podemos volvernos más resueltos a ajustar nuestro proceso de pensamiento.

¡Oh Hijo del Ser! Cómo has podido olvidar tus propias faltas y ocuparte de las faltas de los ¿demás? Quien así obra es maldecido por Mí. – Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas, pág. 35.

  1. Libérese del juego de la escalada social y competencia de lujos: rechace la creencia de un mundo de todos-contra-todos

Se necesita un alto nivel de vigilancia para corregir constantemente el hábito de tratar de competir con otros y superarlos, pero el hábito de cuestionar constantemente nuestras intenciones puede ayudarnos a mantener esto presente en nuestras mentes. Podemos preguntarnos regularmente “¿por qué acabo de decir eso?” o “¿por qué tengo ganas de hacer esto?” y “¿cómo esto podría hacer sentir a tal persona?” Si nos damos cuenta de que lo que hicimos o dijimos sutil o abiertamente, lastima a alguien más, entonces podemos modificar nuestro comportamiento. También podemos escribir un diario o hablar con otros sobre sentimientos de inseguridad, celos o preocupaciones, en lugar de dejar que ellos dicten la forma en que nos comportamos. Las enseñanzas bahá’ís dicen que derribar a otros nunca beneficiará genuinamente a nuestras almas a largo plazo:

…nadie debería glorificarse a sí mismo por sobre otro; ninguno debería manifestar orgullo o superioridad hacia otro; nadie debería mirar a otro con menosprecio y desdén; y nadie debería privar u oprimir a su prójimo. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal, pág. 82.

Cuando nos demos cuenta de que existe suficiente espacio para que todos podamos prosperar y que alcanzar nuestras metas está inherentemente ligado al éxito de quienes nos rodean, podremos comportarnos con más humildad.

  1. Reconozca que no siempre nuestra intención va a ser la que impacte y prepárese para tener una conversación honesta y con tacto si lastimamos a alguien.

Cuando no estamos seguros de cómo hemos hecho sentir a otra persona, simplemente podríamos preguntar. Parte de la humildad es saber que usted no lo sabe todo, por lo que incluso en nuestras reflexiones, cuando se trata de imaginar cómo nuestras palabras o acciones pueden afectar a las personas que nos rodean, tenemos que recordar que nuestra suposición es sólo eso: una suposición. Podemos estar equivocados.

Si pretendemos buscar un amigo, pero nuestras palabras son condescendientes, entonces debemos estar preparados para abrirnos, abandonar nuestro ego y hablar sobre cómo podemos avanzar. Si hay algo que se está gestando en una relación del pasado, tenemos que estar listos para reconocerlo, digerirlo y seguir adelante.

¡Oh Hijo del Ser! No atribuyas a ningún alma lo que no te habrías atribuido a ti y no digas aquello que no haces. Este es Mi mandato para ti; obsérvalo. – Bahá’u’lláh, Las palabras ocultas, pág. 36.

Para rechazar la tendencia a juzgar a los demás, haga un esfuerzo especial por internalizar la creencia de que cada persona tiene la capacidad de actuar de manera constructiva. Aún más, creceremos colectivamente si asumimos la responsabilidad de hacer que esta capacidad se muestre en actos respetuosos y amables.

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