Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

¿Cómo te defines a ti mismo? ¿Te sientes identificado con una cierta clasificación? ¿Tu género? ¿Tu carrera? ¿Nacionalidad? ¿Religión?

¿Quizás te identifiques principalmente como asiático, árabe, brasileño o alemán, por ejemplo? Quizás tus creencias religiosas o no religiosas constituyan el núcleo de tu identidad: como judío, católico o ateo. En nuestro actual clima político excesivamente partidista, tal vez considere su afiliación política como un factor primordial.

Tal vez sea solo yo, pero he podido observar una tendencia en la que las personas buscan identificarse en categorías o agrupaciones cada vez más pequeñas, y eso me preocupa. Si las personas se desarrollan solo desde una identidad y marco de referencia estrechos, estos pueden, potencialmente, encerrarse en ellas y privarse de una experiencia más amplia.

Como bahá’í, sé que mi Fe honra los lazos legítimos que las personas pueden sentir por su raza, cultura o país. Pero, también postula que solo vamos a avanzar, material y espiritualmente, abrazando una lealtad más amplia. Los escritos bahá’ís constantemente abogan por la unidad esencial de la humanidad y por una fraternidad humana que es, esencialmente, de naturaleza espiritual.

Ya he utilizado anteriormente la siguiente cita del Instituto de Estudios en Prosperidad Global (ISGP) inspirado en las enseñanzas bahá’ís, pero lo repito aquí una vez más porque enmarca este concepto muy bien:

“Hombres y mujeres de visión, a menudo inspirados en las sagradas escrituras del mundo, han buscado a lo largo de la historia ampliar la conciencia humana llamando la atención sobre lo que es más esencial sobre la naturaleza humana: la realidad interna con la que nace cada ser humano, el reflejo de lo Divino en cada uno de nosotros, lo que todos compartimos en común, lo que está completo dentro de nosotros, en oposición a las etiquetas fragmentadas con las que la sociedad nos etiqueta en el curso de nuestra vida”. – Avanzando hacia la igualdad de mujeres y hombres, ISGP, diciembre de 2009.

“La unidad de la familia, de la tribu, de la ciudad-estado y de la nación han sido intentadas sucesivamente y alcanzadas por completo. La unidad del mundo es la meta por la que lucha una humanidad hostigada. La formación de naciones ha llegado a su fin. La anarquía inherente a la soberanía del Estado va hacia su punto culminante. Un mundo cercano a la madurez debe abandonar este fetichismo, reconocer la unidad y la integridad de las relaciones humanas y establecer, de una vez por todas, el mecanismo que mejor pueda encarnar este principio fundamental para su existencia”. – Bahá’u’lláh, La Promesa a la Paz Mundial, p. 6.

No estoy denigrando el patriotismo en sí. La lealtad a un patrimonio nacional es una parte importante de cómo se organizan y celebran las sociedades. La Fe Bahá’í también aboga por un “patriotismo sensato e inteligente”. Sin embargo, esto se convierte en un problema general cuando cualquier ideología o “ismo” en particular va más allá de los límites de la moderación. Existen muchos ejemplos a lo largo de la historia de lo que sucede cuando el nacionalismo extremo comienza a crecer desmesuradamente.  Lo que viene a la mente fácilmente es el nacionalismo alemán antes de la Segunda Guerra Mundial, pero, hoy en día, también estamos viendo el surgimiento de movimientos nacionalistas extremos en muchos países, como por ejemplo en los países de África, Europa y aquí en los Estados Unidos.

Con suerte, las cosas no empeorarán mucho antes de que mejoren en este frente, a pesar de que la crisis parece ser la única forma en que la humanidad aprenda sus lecciones. Los estados nacionales pueden luchar hasta la muerte y muy posiblemente participar en otra guerra mundial potencialmente catastrófica. Pero, después de atravesar esas crisis, ¿a qué recurrimos?

Puede suceder en un futuro más distante vs. inmediato, pero la visión de la Fe Bahá’í es que las naciones, cansadas de la guerra y la violencia, eventualmente comprenderán las relaciones simbióticas del mundo y pondrán en marcha la maquinaria para abordar nuestros desafíos globales compartidos:

[La Fe Bahá’í] subordina, sin vacilación ni equívoco, todo interés particular, ya sea personal, regional, o nacional, a los supremos intereses de la humanidad, firmemente convencida de que, en un mundo de pueblos y naciones interdependientes, la convivencia de una parte se logra mejor por la convivencia del todo, y que no puede otorgarse beneficio permanente alguno a las partes que lo componentes si se pasan por alto o se desatienden los intereses generales de la propia entidad. – Shoghi Effendi, El Orden Mundial de Bahá’u’lláh, p. 346.

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