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Tahirih, con toda su inteligencia, su poesía y su devoción a la Fe Babí, el precursor de la Fe Bahá’í, tuvo una gran influencia tanto en vida como después de fallecimiento.

La historia de su conversión del Islam a la Fe Babí inspiró a muchos:

Una noche, cuando el alba estaba ya próxima, reposó la cabeza en la almohada, perdió toda consciencia de esta vida terrenal y tuvo un sueño; en su visión, un joven, un Siyyid, ataviado con un manto negro y un turbante verde y orando con las manos vueltas hacia arriba. Al instante ella memorizó uno de aquellos versos y lo anotó en su cuaderno cuando se despertó. Cuando ya el Báb había declarado su Misión y su primer libro, ‘La mejor de las historias’ (el “Ahsanu’l-Qisas”, el comentario del Báb sobre el sura de José) estaba en circulación, Tahirih estaba un día leyendo parte del texto y fue a dar con aquel mismo verso que había apuntado del sueño. Ofreciendo gracias al instante, cayó de rodillas e inclinó la cabeza al suelo, convencida de que el mensaje del Báb era de verdad. – ‘Abdu’l-Bahá,  A los que fueron fieles, p. 224.

Este tipo de percepción mística puede haber conducido a una de las más inusuales menciones de Tahirih en la literatura occidental, realizada en una serie de lecturas por William Rosseti, hermano de la famosa poetisa inglesa del siglo XIX, Christina Rossetti, y publicado en la revista “The Dublin University Magazine” en marzo de 1878. Rossetti estaba dando una clase sobre el poema de Percy Bysshe Shelley: “La rebelión del Islam”, el poema no tiene una verdadera base en el islam, ni intenta describirlo, sino que su personaje masculino es un reformador espiritual en busca de restablecer la virtud, con la ayuda de una influyente compañera femenina. Rossetti escribió sobre la conexión entre aquel poema y la historia del Báb.

“…es singular y sorprendente la semejanza de la historia ficticia de “La rebelión del Islam”, escrita en 1817, con eventos históricos de tiempos mucho más recientes en Persia. Me refiero ahora a la secta llamada “Babys” (Babís), fundada por un joven, nativo de Shiraz: Mirzá-Ali-Muhammad, quién en el año 1843, era un estudiante en una escuela teológica.  -William Michael Rossetti, “Shelley’s Life and Writings, Two lectures” La Universidad, Una revisión literaria y filosófica, Volumen 1, p. 264.

Rossetti dijo que Tahirih tuvo casi “una influencia mágica sobre grandes masas de población”. Para Rossetti, los personajes de Shelley parecen prefigurar tanto la vida del Báb como la de Tahirih y los grandes cambios del siglo XIX que siguieron a la Revolución Francesa.

Luego en 1885, convertido al ministerio unitario, John Tunis, hizo una extraordinaria referencia de Tahirih, representándola como un símbolo, en su artículo “Las mujeres en el ministerio: Una apelación de hechos”, en Unidad, 9 de mayo de 1885. Él quería fomentar la visión que se les debería permitir a las mujeres predicar en las iglesias y basó su argumento sobre la razón y los hechos: El modelo en que basó su argumento fue Tahirih:

Es necesario repetir una y otra vez que el derecho y la aptitud de una mujer de predicar depende únicamente en una apelación de hechos. Además, la realidad debe ser una de nuestro propio siglo …una mujer quien debe estar en la cima de su sexo en la era actual. Es en esta mujer…renombrada con el hermoso nombre de “Solaz de sus ojos” en la que propongo basar la apelación de hechos en cuestión, ¿deberían predicar las mujeres?” -John Tunis, “Mujeres en el Ministerio: Una apelación de hechos” Unity, volumen XV, N° 6, p. 92.

Tunis alabó el poder de la fe de Tahirih:

Una simpatía pasiva era muy poco para su ardiente espíritu… Ella se quitó el velo, denunció la poligamia y… Comenzó a predicar abiertamente y convertir… El tío, el padre, el esposo rebuscaron en sus cerebros eruditos algún argumento para reducirla al estado de subordinación. Pero esto fue en vano, ya que ella respondía con argumentos irrefutables de fe vestidos con sencillez. Finalmente, abandonó su hogar y se consagró a la misión apostólica que la nueva religión le había conferido. -Ibid, p. 93.

Tunis relata cómo Tahirih valientemente exige la emancipación de la mujer en tiempos de costumbres antiguas:

Ella comenzó a compartir su verdad, que había llegado la hora para que la nueva religión del Báb cubriera la superficie de toda la tierra y, ahora en adelante, en obediencia a esta nueva fe, Dios debe ser alabado en espíritu y en verdad… Por lo tanto, ya es hora de que la mujer se eleve a sí misma, debe de igual manera trabajar igual que su padre, su esposo, debe afrontar valientemente junto con ellos cualquier peligro. Ya había pasado el tiempo en el que eran calladas tras de las cortinas de las mujeres, esperando en desganada indolencia mientras los hombres se forjan a sí mismos… Déjenlas ser compañeras de los hombres, síganlas, mueran con ellas, incluso en el campo de batalla. -Ibid.

Él concluye poniendo a Tahirih como modelo y desafía a los pueblos occidentales:

Esa es mi apelación de hechos. La cuestión de la idoneidad de la mujer en el ministerio es apremiante… El verdadero valor de nuestra reflexión sobre esta mujer oriental es que continuemos considerando esta propuesta. -Ibid.

Jane Dieulafoy, una arqueóloga francesa que se consideraba cabalmente igual que cualquier hombre, también escribió sobre Tahirih. Ella era conocida por sus excavaciones en Susa, un asentamiento al sureste de Irán, con su esposo. El libro de Dieulafoy de 1887, La Perse, La Chaldee et La Susiane, incluyó una breve mención de Tahirih.

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