The views expressed in our content reflect individual perspectives and do not represent the official views of the Baha'i Faith.

Imagínate a ti mismo como un vagabundo que cruza el gran desierto del Sahara, desprovisto de suministros, sin agua, solo, caminando por las grandes y profundas arenas.

El calor ardiente se eleva en ondas sobre la superficie arenosa, llevándose la energía de tu cuerpo. Tropiezas, tienes las rodillas débiles, caminas al azar, con la esperanza de que surja, una ciudad, un pueblo, un refugio con agua fresca y refrescante para saciar tu sed mortal. Subes a la cima de una alta duna de arena y miras más allá, con la esperanza de encontrar alivio, alivio cercano.

¿Qué es eso? A la distancia, ¡ves un brillante oasis verde y azul! Las palmeras se agitan con cocos llenos de leche, rodeando un manantial de agua refrescante, resplandeciente e invitadora, esperándote, llamándote. Comienzas a correr, con la esperanza de quitarte las prendas, sumergirte en la piscina y refrescar tu cuerpo demacrado.

Pero esta imagen onírica no se acerca cada vez más. A pesar de lo duro que corres, no te acercas. Casi puedes sentir las gotas de agua del manantial cubriendo tu cuerpo, sumergiendo tu ser y saciando tu profunda sed. ¡Tan cerca!

Pero, sin importar cuán fuerte lo intentes, no podrás alcanzar ese espejismo que se desvanece:

No te aflijas por las dificultades y privaciones de este mundo inferior ni te alegres en los tiempos de holgura y bienestar, pues ambos pasarán. Esta vida presente es como una ola que crece o un espejismo, o como sombras pasajeras. ¿Puede alguna vez servir de agua refrescante una imagen distorsionada en el desierto? ¡No, por el Señor de los Señores! Nunca la realidad y la mera apariencia de realidad podrán ser la misma cosa, y considerable es la diferencia entre la fantasía y el hecho, entre lo verdadero y lo ilusorio. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 134.

Todos sabemos lo que es anhelar algo en este mundo, ya sea agua, amor, paz o estabilidad. Todos queremos seguridad y protección, para saber de dónde vendrá nuestra próxima comida, vestimenta, refugio, para estar con nuestros seres queridos ante el dolor o los problemas. Todos deseamos fuerza y salud, libertad del miedo y la opresión, para que cese la guerra.

Lamentablemente el sufrimiento afecta a la mayor parte de la humanidad. Las esperanzas, como los espejismos en el desierto, se levantan después de años de dolor, solo para desvanecerse como meras ilusiones. En todo el mundo, solo unos pocos viven con comodidad y seguridad.

Sin embargo, todos somos humanos. Naturalmente, nos esforzamos por alcanzar algo mejor, si no es por nosotros, entonces por nuestros hijos y nietos. Sabemos que algo mejor puede existir. Las recompensas de esforzarse pueden ser grandes, para muchos, tanto material como espiritualmente. Sin embargo, las enseñanzas bahá’ís dicen que nuestra verdadera felicidad: no viene de las cosas materiales de la vida, que se presentan “una apariencia de realidad” en lugar de lo real. Lo real viene del interior:

Seguramente se hará evidente … que lo que atraerá las bendiciones de Dios y asegurará la verdadera felicidad tanto en este mundo como en el próximo es el desarrollo de cualidades espirituales, como la honestidad, la confiabilidad, la generosidad, la justicia y la consideración por los demás, y el reconocimiento de que los medios materiales deben ser utilizados para el mejoramiento del mundo. – De una carta de la Casa Universal de Justicia a los bahá’ís en Irán, 2 de abril de 2010 (Traducción Provisional).

De acuerdo con las enseñanzas bahá’ís, no existe daño en que una persona se esfuerce por alcanzar el bienestar material, siempre y cuando no permita que esas cosas materiales intervengan entre ellos y Dios:

Si un hombre deseare adornarse con los ornamentos de la tierra, vestir sus prendas, o participar de los beneficios que ésta pueda conferirle, ningún daño podrá acaecerle, con tal que no permita que nada intervenga entre él y Dios, pues Dios ha ordenado todas las cosas buenas, creadas en el cielo o en la tierra, para los siervos suyos que realmente creen en Él. Comed, oh pueblo, de las cosas buenas que Dios os ha permitido, y no os privéis de sus maravillosas dádivas. Dad gracias a Él y alabadle, y sed de aquellos que de verdad son agradecidos. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 145.

Comed, oh pueblo, de las cosas buenas que Dios os ha permitido”, también se aplica a participar de todas las cualidades espirituales y virtudes disponibles para nosotros. Estos “son todo lo bueno” también. A diferencia de las cosas que poseemos, estos no tienen final, al igual que no hay un final para la perfección humana.

Las bondades espirituales absolutas que podemos alcanzar tanto en este mundo como en el próximo, en nuestras vidas ahora y más allá, para nosotros y para toda la humanidad, todas ellas ocurren dentro del espíritu humano y se manifiestan en acciones altruistas:

Grande es la posición del hombre. Grandes, también, tienen que ser sus esfuerzos para lograr el restablecimiento del mundo y el bienestar de las naciones. Ruego al Dios único y verdadero que benévolamente te confirme en lo que sea digno de la posición del hombre. – Bahá’u’lláh, Las Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 116.

Entonces, podemos preguntarnos: “¿Por qué vale la pena luchar? ¿Dónde concentro mi energía? ¿Qué hará el mayor bien? Las enseñanzas bahá’ís nos piden a todos vivir vidas de servicio a la humanidad, a olvidar nuestras propias necesidades y atender las necesidades de los demás. Quizás si hacemos esto, al menos esforzarnos por mejorar el mundo y lograr la unidad, podremos alcanzar ese reluciente oasis.

0 Comments

characters remaining