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El primer principio de las enseñanzas bahá’ís, la investigación independiente de la verdad, exige una exploración inteligente de la realidad. Bahá’u’lláh nos alienta a mirar todas las cosas “con un ojo perspicaz”:

La esencia de todo lo que te hemos revelado es la Justicia; y ésta consiste en que el hombre se libere de la ociosa fantasía y de la imitación, que sepa percibir con el ojo de la unidad Su gloriosa obra y que investigue todas las cosas con ojo perspicaz. – Las Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 104.

Abdu’l-Bahá escribió que Bahá’u’lláh le dio a la humanidad:

…diferentes enseñanzas para la prevención de la guerra, y éstas han sido ampliamente difundidas. La primera es la investigación independiente de la verdad; pues la ciega imitación del pasado atrofia la mente. Mas cuando cada alma indague la verdad, la sociedad será librada de la lobreguez de la continua repetición del pasado. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 186.

Nuestra investigación independiente puede comenzar con el estudio de las escrituras de las grandes religiones del mundo. En el Kalama Sutta, la “carta de investigación libre” budista, Buda nos dice:

No se guíe únicamente por relatos (audición repetida), leyendas, tradiciones, rumores, escrituras, suposiciones, conjeturas y axiomas, inferencias y analogías, acuerdos a través de puntos de vista reflexivos, razonamientos engañosos o sesgo hacia una idea porque haya sido meditada anteriormente, por aparente habilidad, o por pensamiento, este monje (contemplativo) es nuestro maestro. – El Buda, Kamala Sutta.

Shoghi Effendi, el Guardián de la Fe Bahá’í, hizo eco de este sentimiento al escribirle a un recién graduado quien había estudiado las enseñanzas bahá’ís. El “ojo perspicaz”, dijo, debe aplicarse a todas las cosas, especialmente a las enseñanzas de la fe:

Se espera que todos los estudiantes bahá’ís sigan el noble ejemplo que les ha presentado y, a partir de ahora, les lleve a investigar y analizar los principios de la Fe y relacionarlos con los aspectos modernos de la filosofía y la ciencia. Cada joven bahá’í inteligente y reflexivo siempre debe acercarse a la Causa de esta manera, ya que ahí reside la esencia misma del principio de la búsqueda independiente de la verdad. – Shoghi Effendi, carta sin fecha citada en una compilación sobre erudición, preparada por el Departamento de Investigación de la Casa Universal de Justicia, 1995.

Sin embargo, la investigación independiente de la realidad no es solo un principio intelectual; en última instancia, dicen las enseñanzas bahá’ís, será esencial para lograr la justicia y la unidad de la humanidad. Este esfuerzo individual por usar la mente y decidir por uno mismo trae como resultado la diversidad intelectual que brinda el potencial para que una comunidad, a través de la consulta, alcance una comprensión más completa de la realidad. Esto a su vez conduce a la comprensión de la unidad de la humanidad y, en última instancia, de la justicia:

La brillante chispa de la verdad surge sólo después del choque de diferentes opiniones. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, pág. 66.

Lo que es verdad para la vida del individuo también tiene paralelos en la sociedad humana. Los bahá’ís ven a la especie humana como un todo orgánico, la vanguardia del proceso evolutivo. La conciencia humana necesariamente opera a través de una diversidad infinita de mentes y motivaciones individuales, y de ninguna manera desvirtúa nuestra unidad esencial como especie. De hecho, es precisamente la diversidad inherente que distingue la unidad de la homogeneidad o la uniformidad.

Las enseñanzas bahá’ís dicen que los pueblos del mundo ahora están experimentando la llegada a la madurez colectiva:

Todas las cosas creadas tienen su grado o etapa de madurez. El período de madurez en la vida de un árbol es el momento de dar frutos. La madurez de una planta es el momento de su florecimiento El animal alcanza una etapa de completo desarrollo e integridad, y en el reino humano el hombre alcanza su madurez cuando las luces de la inteligencia tienen su más grande poder y desarrollo…

De igual manera, existen períodos o etapas en la vida del conjunto del mundo de la humanidad, la cual en un momento pasó a través del grado de la infancia, en otro momento por el grado de juventud, pero ahora ha entrado en su largamente presagiado período de madurez, cuyas evidencias son visibles y manifiestas en todas partes. Por tanto, los requerimientos y condiciones de períodos anteriores han cambiado y se han fundido en exigencias que claramente caracterizan la era presente del mundo de la humanidad. Aquello que era aplicable a las necesidades humanas durante la temprana historia de la raza no podría satisfacer ni llenar las demandas de este día y período de innovación y consumación. La humanidad ha emergido de sus anteriores grados de limitación y entrenamiento preliminar. El hombre debe ahora imbuirse con nuevas virtudes y poderes, una nueva moral, nuevas capacidades. Nuevas bondades, dones y perfecciones están esperando listas para descender sobre él. Las generosidades y gracias del período de juventud, aunque oportunas y suficientes durante la adolescencia del mundo de la humanidad, son ahora incapaces de llenar las necesidades de su madurez. Los juegos de la niñez y la infancia ya no satisfacen más ni interesan a la mente adulta. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 426- 427.

A través de esta madurez emergente de toda la raza humana, los bahá’ís creen que el principio de unidad en diversidad finalmente encontrará su máxima expresión.

En el siguiente ensayo de esta serie, veremos cómo la diversidad intelectual que resulta de la investigación independiente constituye la esencia de la verdadera consulta y la conexión humana.

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