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Dadas las condiciones actuales en el mundo, solo podemos intentar imaginar cuán celestial podría ser la vida en un mundo espiritualizado.

La tarea continua de espiritualizar y refinar la realidad material de los seres humanos individuales y con la sociedad humana en su conjunto no es simplemente un desafío arbitrario para nosotros mientras esperamos la entrada a la siguiente etapa de la existencia. Las enseñanzas bahá’ís se refieren a nuestro trabajo y servicio en la vida venidera y podemos asumir que al menos parte de nuestro trabajo en la continuación de nuestras vidas será ayudar a los esfuerzos continuos de este planeta por promulgar una “civilización en continuo progreso”:

Todos los hombres han sido creados para llevar adelante una civilización en continuo progreso. EL Todopoderoso es mi testigo: Actuar como las bestias del campo no es digno del hombre. Las virtudes que corresponden a su dignidad son indulgencia, misericordia, compasión, y amorosa bondad hacia todos los pueblos y razas de la tierra. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, pág. 113.

En este contexto, Bahá’u’lláh aseguró a sus seguidores que después de su ascenso, observará y ayudará a todos los que se levanten para servir a Dios:

En verdad, os contemplamos desde nuestro reino de gloria, y ayudaremos a quienquiera se levante Para el triunfo de nuestra Causa con las huestes del Concurso en lo alto y una compañía de nuestros ángeles predilectos. – Ibid., 73.

¿Quiénes son estos “ángeles”? En otros pasajes, Bahá’u’lláh dejó en claro que estas almas que ayudan al progreso de la humanidad en este y en cualquier otro planeta donde se está desarrollando una civilización en continuo progreso son las que han pasado al siguiente reino en tal condición de refinamiento (o quienes logran tal condición en el próximo mundo) que prestan servicio desde ese reino etéreo a aquellos de nosotros que estamos luchando aquí y ahora por refinar este mundo:

La luz que estas almas irradian es responsable del progreso del mundo y del adelanto de sus pueblos. Son como levadura, que hace levantar el mundo del ser y constituyen la fuerza animadora por la cual las artes y maravillas del mundo se manifiestan. Por medio de ellas las nubes derraman su munificencia sobre los hombres y la tierra produce sus frutos. Todas las cosas tienen necesariamente una causa, una fuerza motora, un principio animador. – Ibid., pág. 82.

Naturalmente, este pasaje no implica que ayudar al progreso de la existencia material sea el único modo de servicio en el mundo más allá. Sin duda, muchos de los que han pasado a esa realidad también necesitarán ayuda en su propio progreso.

El punto es que la realidad física no está limitada cuantitativa o cualitativamente en su capacidad de reflejar el mundo espiritual. Por lo tanto, a diferencia de prácticamente todas las religiones del pasado, las enseñanzas bahá’ís afirman que la realidad física no es intrínsecamente malvada o que distrae de nuestros propósitos espirituales, ni debe ser despreciada o ignorada.

Más bien, la realidad física debe emplearse adecuadamente como una vestimenta exterior meticulosamente diseñada e infinitamente compleja del reino espiritual, un aula para el corazón, la mente y el alma, y un ejercicio inherentemente espiritual capaz de instruirnos incluso en los conceptos más refinados relacionados con la realidad metafísica invisible que esta manifiesta:

Sabe que es verdaderamente sabio quien ha reconocido Mi Revelación, ha bebido del Océano de Mi conocimiento, se ha elevado en la atmósfera de Mi amor, ha desechado todo lo que no sea Yo y se ha asido firmemente a lo que ha descendido desde el Reino de Mi maravillosa expresión. Él es, en verdad, como un ojo para la humanidad y como el espíritu de vida para el cuerpo de toda la creación. Glorificado sea el Todomisericordioso, Quien le ha iluminado y le ha hecho levantarse y servir a Su grande y poderosa Causa. En verdad, tal hombre es bendecido por el Concurso de lo alto y por aquellos que moran en el Tabernáculo de Grandeza, quienes han bebido de Mi Vino Sellado en Mi Nombre, el Omnipotente, el Todopoderoso. – Bahá’u’lláh, La Epístola al hijo del Lobo, pág. 77.

Hasta que la generalidad de los eruditos haya discernido esta verdad, seremos una sociedad bajo el dominio de visiones en gran parte materialistas del microcosmos, el macrocosmos, la naturaleza humana, así como aquellos que sabían en privado que Copérnico estaba en lo cierto en su simple desenredo del sistema ptolemaico, pero que tenían miedo de actuar sobre su descripción de la realidad hasta que fuera públicamente seguro y aceptable que lo hicieran.

Hasta ahora, la visión bahá’í de la interacción entre los aspectos duales de la realidad, el físico y el metafísico, ha sido sistemáticamente ignorada o despreciada. Pero al igual que con todas las preguntas desconcertantes acerca de la realidad, la verdad finalmente surgirá porque con el tiempo, como el modelo de Copérnico del sistema solar, se convertirá en la descripción más simple, más útil, más precisa de la realidad y, por lo tanto, la más precisa explicación científica de todo lo que estudiamos, ya sea en las vastas extensiones del espacio exterior o en las partículas de materia más refinadas.

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