En Sus viajes a través de Europa y Norteamérica hace más de un siglo, ‘Abdu’l-Bahá habló continuamente de la sociedad futura que la práctica de las enseñanzas de Bahá’u’lláh harán posible. Él dijo que el comercio, infraestructura, tecnología, y la riqueza no podrían lograr, por sí solas, al florecimiento de la civilización. ‘Abdu’l-Bahá enfatizó este tema central: el progreso material debe estar acompañado por la vida interior del alma y las cualidades espirituales de las relaciones sociales:

El hombre necesita dos alas. Una es el poder físico y la civilización material; la otra es el poder espiritual y la civilización divina. Con una sola ala, el vuelo es imposible. Las dos alas son esenciales. Por tanto, no importa cuánto avance la civilización material, no podrá lograr la perfección sino a través de la elevación de la civilización espiritual. – ‘Abdu’l-Bahá, La promulgación de la paz universal, página 36

Aunque enfocarse en la vida interior en detrimento del desarrollo material es tan lamentable, ‘Abdu’l-Bahá enfatizó muy a menudo para sus oyentes la importancia de la dimensión espiritual de la vida. Pronunció muchas de las conversaciones sobre este tema en algunas de las ciudades más ricas y tecnológicamente más avanzadas de la historia humana. En el siglo siguiente, casi todos los países de la Tierra han seguido una senda de desarrollo económico trazada más temprano por ciudades occidentales como Londres, París y Nueva York. Como resultado, un enfoque estrecho en la industrialización, la tecnología y el consumismo en el mercado de masas como medio para el bienestar individual y colectivo se ha arraigado profundamente en todos los rincones de la sociedad humana.

El concepto, ‘Abdu’l-Bahá explicó, lo suficientemente simple en su esquema, requiere de un pensamiento extra para ver cómo arroja luz sobre los muchos desafíos de nuestro tiempo e ilumina un camino hacia una sociedad mejor. En esta breve serie de ensayos, he seleccionado cinco amplios temas que ilustran la importancia de perseguir el desarrollo espiritual y material simultáneamente y de acuerdo entre sí. Me he centrado principalmente en la corrección de la negligencia general del mundo de la dimensión espiritual, porque en las últimas décadas la comunidad global se ha movido generalmente en una dirección muy materialista. Sin embargo, en algunos lugares y contextos puede ser más importante corregir la falta de énfasis en la ciencia y el uso de medios materiales. Hoy, comparto la primera razón:

1. La riqueza material puede hacer las personas menos felices, no más, si ya tienen suficiente.

La mayoría de la gente comparte el entendimiento común de que la felicidad proviene de las posesiones materiales. Quizás la mejor falacia de este pensamiento se revela cuando reconocemos el sufrimiento real experimentado por aquellos que parecen tenerlo todo. En los últimos años muchos investigadores y comentaristas sociales han comenzado a hablar de afluenza, una condición que combina las palabras afluencia y gripe. Aunque no es una enfermedad en un sentido físico o psicológico, afluenza implica un conjunto de problemas personales derivados de los estilos de vida de los muy ricos. Este artículo describe algunas de las investigaciones científicas que se han realizado sobre el tema. Puede causar tasas más altas que la media de depresión y adicción, ansiedad persistente sobre el estatus y la reputación, o fragilidad emocional ante incluso dificultades leves. Para muchos, la adquisición constante de nuevas posesiones se convierte en una fuente de placer en sí mismo, y una tensión en sus finanzas por lo demás robustas. Y cuantas más posesiones tenga una persona, más tiempo tendrá que pasar para limpiar, custodiar, mantener y encontrar algún lugar para almacenarlos. Todas estas cargas materiales añaden estrés innecesario a las vidas de los ricos.

New HomeownersLos estudios demuestran que la riqueza material contribuye a la felicidad siempre y cuando resuelva problemas personales definidos relacionados con la pobreza, como la desnutrición, la falta de vivienda, el agotamiento físico o la enfermedad. Pero una vez que se resuelven, la riqueza se hace cada vez menos eficiente para hacer feliz a la gente. Para las personas que están basadas en algún cuerpo de enseñanzas espirituales, la razón de esto parece bastante clara. La felicidad es una condición interna. Hasta que tengamos nuestra casa espiritual en orden, no habrá mucha alegría o contentamiento. Las bases espirituales y materiales para la felicidad humana necesitan ser perseguidas enérgicamente para mejorar nuestras vidas.

Bahá’u’lláh, que nació en abundancia, escribió con frecuencia sobre la conexión entre la riqueza y la espiritualidad. En este pasaje de Las Palabras Ocultas advierte que las riquezas pueden retener a alguien de la comunión con Dios; Y al mismo tiempo evita reducir la condición espiritual de esa persona a la cantidad de sus posesiones:

¡Oh vosotros que os enorgullecéis de las riquezas mortales! Sabed en verdad que la riqueza es una poderosa barrera entre el buscador y su deseo, entre el amante y su amada. Los ricos, salvo unos pocos, de ningún modo alcanzarán la corte de Su presencia ni entrarán en la ciudad del contento y la resignación. Bienaventurado es, pues, aquel que siendo rico no es inhibido por su riqueza del reino eterno, ni es privado por ella del dominio imperecedero. ¡Por el Más Gran Nombre! ¡El esplendor de semejante rico iluminará a los moradores del cielo, del mismo modo que el sol alumbra a la gente de la tierra! – Bahá’u’lláh, Palabras Ocultas, página 84

La felicidad humana no puede ser evaluada usando factores económicos solamente. Un acercamiento más comprensivo de la felicidad debe también darle peso a las prácticas culturales que nutren las habilidades del alma para irradiar alegría y contentamiento.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

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