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Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í. El sitio web oficial de la Fe Bahá’í es Bahai.org y el sitio web oficial de los bahá’ís de los Estados Unidos es Bahai.us.
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Vida

Aprendiendo a perdonarnos a nosotros mismos

Marty Schirn | Ago 17, 2021

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Marty Schirn | Ago 17, 2021

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

A veces nos equivocamos; a veces cometemos errores muy graves. Nos enfadamos con nosotros mismos. Nos damos una paliza por ser «tan estúpidos». Deseamos poder deshacer lo que hemos hecho.

Cuando nos damos cuenta de nuestros errores, lloramos. Nos gritamos a nosotros mismos. Suplicamos a Dios que nos perdone. Suplicamos a los que hemos perjudicado que nos perdonen. Nos sentimos deprimidos, tristes, asustados, arrepentidos.

Estos sentimientos negativos pueden durar poco tiempo o toda la vida, dependiendo de lo bien que podamos perdonarnos a nosotros mismos.

Un consejero me habló una vez del «regodeo estructurado». Establezca un límite de tiempo para sentirse P.D.M. – «pobrecito de mí». El límite de tiempo puede ser una hora, un día, pero no más de una semana. La palabra clave aquí es «límite». Por definición, esto significa que no es el resto de nuestras vidas, ni un año, ni siquiera un mes.

Durante ese tiempo, tienes permiso para sentirte de lo peor: muy deprimido y muy triste. Llora y aflige a tu corazón. Habla con tus amigos y seres queridos. Escribe en un diario. Escribe una carta o un correo electrónico, pero no lo envíes. Haz lo que necesites para superar tu disgusto, siempre que sea sano y constructivo.

Por encima de todo, debemos centrarnos intensamente en nuestro amor a Dios, y desprendernos de todo lo demás. En palabras de Bahá’u’lláh:

La esencia del amor es que el hombre dirija su corazón hacia el Amado y se aparte de todo menos de Él, y no desear nada que no sea el deseo de su Señor. – Bahá’u’lláh, Las tablas de Bahá’u’lláh.

Cuanto más nos centramos en nuestro amor a Dios, más avanzamos y crecemos, lo que hace más fácil perdonarnos a nosotros mismos.

Con esto en mente, y una vez que haya pasado el límite de tiempo de tu «regodeo estructurado», bájate de él y sigue adelante. Vive con ello. Avanza. Levántate del suelo y sigue con tu vida. Anímate. Date un capricho. Sonríe. Ríete. Lee un libro divertido. Ve una película divertida. Disfruta de tu vida. Siéntete bien con lo que eres como ser humano, a pesar de tus errores.

Los acontecimientos suceden, pero la vida sigue. Debemos seguir la corriente. Debemos aceptar totalmente nuestros errores: como agua de río que pasa bajo un puente, no puede regresar; el agua se ha ido para siempre. 

Debemos tener fe en que, a pesar de las decisiones que nos llevaron a cometer errores, seguiremos creciendo, las cosas se arreglarán de alguna manera con la ayuda de Dios, todo saldrá bien. En el gran esquema de las cosas, la mayoría de lo que hicimos no hará mucha diferencia dentro de un año, o incluso dentro de un mes.

Debemos aprender de nuestros errores. Esto no siempre es fácil. A veces volvemos a cometer los mismos errores. ¡Rayos! ¿Por qué he hecho eso? Debería haberlo sabido.

Cuando repetimos los mismos errores, debemos seguir intentando aprender de ellos. No podemos renunciar a la vida. Tenemos que seguir intentándolo: dos pasos adelante, un paso atrás. Mientras avancemos, crezcamos, nos convirtamos en mejores seres humanos, eso es lo que importa.

Debemos aceptar el hecho de que somos humanos y cometemos errores. Debemos aceptar lo que es, en lugar de lo que creemos que debería ser. Podríamos recitar la Oración de la Serenidad de Reinhold Niebuhr: «Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; el coraje para cambiar las cosas que puedo; y la sabiduría para reconocer la diferencia».

Sí, hemos arruinado las cosas muchas veces. Pero todo el mundo lo hace, tarde o temprano. Seguimos siendo los hermosos seres humanos que somos. Una elección equivocada o una mala decisión no me convierte en una mala persona. No somos seres malvados. A veces simplemente metemos la pata, e incluso la metemos de forma estrepitosa.

Debemos darnos a nosotros mismos amor, gentileza, bondad, como daríamos a nuestra familia o a nuestros mejores amigos.

Las enseñanzas bahá’ís dicen: 

Existen imperfecciones en cada ser humano; seréis siempre desdichados si miráis a la gente. Pero si miráis a Dios, los amareis y seréis amables con ellos, porque el mundo de Dios es el mundo de la perfección y de la completa merced. Por lo tanto, no miréis los defectos de nadie; mirad con la vista del perdón. El ojo imperfecto contempla imperfecciones. El ojo que cubre las faltas mira hacia el Creador de las almas. – La promulgación de la paz universal.

Dios está más feliz con nosotros que nosotros con nosotros mismos. Dios conoce nuestros corazones. Él es todo amor. Nos ama más de lo que podemos imaginar.

Dado que el Creador Omnipotente nos ama más de lo que podemos comprender y su gracia es infinita, tenemos que aprender a amarnos y apreciarnos a nosotros mismos. Esto no es fácil porque podemos ser muy duros con nosotros mismos, especialmente si somos perfeccionistas.

Cuando el Bab (el precursor de Bahá’u’lláh) declaró su misión a Mulla Husayn, este no aceptó de inmediato la afirmación del Bab. En cambio, le hizo preguntas al Báb. El plan de Mulla Husayn era aceptar al Báb si las preguntas eran respondidas a su satisfacción.

Cuando Mulla Husayn finalmente aceptó al Báb, el Báb respondió:

«Si no hubieras sido Mi huésped», observó más adelante, «por cierto que tu posición hubiera sido grave. La gracia de Dios, que todo lo abarca, te ha salvado. Es de Dios probar a Sus siervos, y no de Sus siervos probarlo a Él de acuerdo con sus deficientes medidas. – Los rompedores del alba.

Seguramente todos podemos estar seguros de que Dios nos perdonará, si pedimos perdón sinceramente. Si Dios puede perdonarnos, entonces nosotros deberíamos ser capaces de perdonarnos a nosotros mismos.

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