Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

En el mundo actual, la migración masiva se ha convertido en un factor importante en la lenta disolución del concepto de fronteras nacionales estrictas, y también en la desintegración de la idea de raza.

Piénsalo: ¿de dónde vienes? ¿Tus antepasados siempre viven donde vives ahora?

A nivel mundial, el 99,99% de las personas del mundo ahora han migrado fuera de su patria ancestral “original”. Entonces, a menos que viva en el Cuerno de África, cerca del Gran Valle del Rift, donde comenzó la vida humana como la conocemos, su familia emigró en algún momento.

Todos somos migrantes. ¿Por qué? Porque nuestros antepasados se mudaron repetidamente de un lugar a otro, y luego a otro, y luego a otro. La historia de la humanidad cuenta la historia de la migración continua, porque desde siempre hemos buscado comida, refugio, trabajo y un lugar seguro donde criar a nuestros hijos. La migración describe la condición humana común, no una excepción a la regla: todos descendemos de pueblos tribales nómadas en algún momento de nuestra ascendencia.

Casi todos los que han analizado su ADN conocen esta realidad, porque todas las personas que viven en la Tierra hoy en día tienen una herencia biológica diversa que incluye muchas cepas geográficas y étnicas diferentes. De hecho, el consenso científico ha llegado a la conclusión de que la “raza” es una construcción social, no biológica. En cambio, los científicos ahora usan la palabra “ascendencia” en lugar de “raza”, principalmente para reconocer los múltiples orígenes geográficos y étnicos de nuestros ancestros.

Entonces, en cierto sentido, todos somos migrantes, con la posible excepción de unos pocos miles de africanos en los modernos Djibouti, Eritrea, Somalia y Etiopía. Lo que significa, según las enseñanzas bahá’ís , que todos nos hemos convertido en ciudadanos iguales de un mundo indivisible:

Es de hecho un hombre quien hoy se consagra al servicio de toda la raza humana. El Gran Ser dice: Bienaventurado y dichoso aquel que se levanta para promover los mejores intereses de los pueblos y razas de la tierra. En otro pasaje Él ha proclamado: No debe enorgullecerse quien ama a su patria, sino más bien quien ama al mundo entero. La tierra es un solo país, y la humanidad sus ciudadanos. – Bahá’u’lláh, Las Tablas de Bahá’u’lláh, pág. 111.

Ese revolucionario concepto de ciudadanía global y transnacional es el principio social central de la Fe Bahá’í .

La idea de ciudadanía mundial tiene implicaciones en toda la estructura política de los gobiernos y las sociedades del planeta. Desafiando viejas nociones obsoletas acerca de la nacionalidad, la ciudadanía, el patriotismo y el amor por el país, exige la remodelación completa del orden nacionalista prevaleciente, pidiéndole a cada ser humano que reconsidere su identidad “nacional”, subordine su amor por el país y lo reemplace con un Amor y lealtad más amplios e inclusivos para toda la humanidad, y para la Tierra misma:

Que todos vosotros estéis unidos, estéis en armonía, sirváis a la solidaridad de la humanidad. Ojalá seáis amantes de toda la humanidad. Ojalá seáis asistentes de todo pobre. Ojalá seáis samaritanos para los dolientes. Ojalá seáis fuentes de confortación para los abatidos. Ojalá seáis un refugio para los errantes. Ojala seáis una fuente de coraje para el temeroso. De este modo, mediante el favor y la asistencia de Dios se mantendrá en lo alto el estandarte de la felicidad de la humanidad en el centro del mundo y la bandera del acuerdo universal será desplegada. – Abdu’l-bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 415.

Los bahá’ís creen que, una vez adoptados y puestos en práctica, la unidad mundial y la ciudadanía global pondrán fin a las terribles injusticias de nacimiento y la tiranía de las fronteras nacionales; no solo permitirá sino que fomentará la libre circulación de todas las personas en todo el planeta; ayudará a detener las crisis humanitarias y los desastres que ahora nos imponen los gobiernos de países corruptos, competidores y combativos; ofrecerá a la humanidad su primera oportunidad verdadera de abordar de manera efectiva los problemas ambientales más apremiantes de la Tierra; llevará cada vez más a las poblaciones de todas las regiones a un contacto pacífico entre sí; y lo más importante, hará que sea imposible para cualquier nación imponer su voluntad a los demás declarando y librando la guerra de manera unilateral.

Todo esto, según los bahá’ís, proviene de la nueva revelación bahá’í presentada por Bahá’u’lláh, que era él mismo un refugiado y un preso:

Mediante el poder de Bahá’u’lláh todos estarán unidos. Él izó este estandarte de la unidad de la humanidad en la prisión. Cuando se hallaba sometido al destierro por dos reyes, mientras era un refugiado de los enemigos de todas las naciones, durante los días de su largo encarcelamiento, escribió a los reyes y gobernantes del mundo con palabras de maravillosa elocuencia, acusándolos seriamente y convocándolos al divino estandarte de la unidad y justicia. Los exhortó a la paz y al acuerdo internacional, haciéndolos responsables del establecimiento de un cuerpo internacional de arbitraje, de un congreso de naciones con delegados seleccionados de todos los países y gobiernos, que constituiría una corte universal de justicia para solucionar disputas internacionales. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 216.

Esa corte de justicia arbitral universal, la unidad mundial y la ciudadanía global a la que sirve, también harán que las vidas de los refugiados y migrantes que necesitan cruzar las fronteras sean más simples y seguras.

En el siguiente ensayo de esta serie, examinaremos las vidas de los fundadores de las grandes religiones del mundo y trataremos de entender sus experiencias como marginados, refugiados y migrantes.

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