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Cultura

El alma y arte de la artesanía

Philip Koomen | Sep 23, 2021

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Philip Koomen | Sep 23, 2021

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Kahlil Gibran dijo: «El trabajo es el amor hecho visible». Como artesano, he intentado incorporar ese ideal espiritual en lo que hago.

Cuando empecé, a principios de los años 70, no era un buen momento para convertirse en artesano: no había cursos de aprendizaje ni talleres de fabricación de muebles, al menos no en Oxfordshire, Inglaterra, donde vivo. Hacer cosas con las manos se consideraba un anacronismo en una era industrial.

Incluso el célebre profesor y teórico del diseño, David Pye, pensaba que la artesanía estaba en declive terminal a finales de los años 60 y que solo sobreviviría gracias a los aficionados que hacían cosas por amor y no para ganarse la vida.

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Si la artesanía sobrevive

Mirando hacia atrás, es fácil ver por qué los talleres de aprendizaje de artesanía tradicionales estaban en declive terminal: ya no eran adecuados para su propósito histórico. En cambio, se basaban en el aprendizaje memorístico, que exigía a los aprendices una obediencia incuestionable a su maestro. Al mismo tiempo, la ampliación de la educación ponía en tela de juicio estas formas didácticas de aprendizaje.

Pero en medio de todo eso se estaba produciendo una revolución silenciosa; la artesanía se estaban reinventando.

Con el tiempo, el movimiento se conoció oficialmente como el Renacimiento Artesanal Británico. Si avanzamos hasta el presente, la artesanía se ha revitalizado en todo el mundo. Hoy en día, en el Reino Unido, por ejemplo, este renacimiento se ha convertido en un negocio serio; se calcula que la industria de la artesanía tiene un valor de 3-4 mil millones de libras esterlinas al año.

Cuando empecé, no sabía nada de la historia y la filosofía de la artesanía, y menos aún de cómo dirigir una empresa de talleres artesanales. Solo tenía un vago conocimiento de William Morris y John Ruskin, cuyos escritos inspiraron el movimiento británico de las artes y los oficios. Pero de alguna manera, desconocida para mí, ese legado había penetrado en mi ADN cultural.

Muy lentamente, en el siglo XX surgió un nuevo tipo de artesano. Comenzó solo con unos pocos solitarios. Eran verdaderos filósofos prácticos: arquitectos, escultores, diseñadores gráficos que querían autonomía creativa. En Estados Unidos, Wharton Esherick (1887-1970), George Nakashima (1905-1990) y Sam Maloof (1916-2009), el primer artesano que recibió una beca MacArthur, fueron los pioneros de un nuevo tipo de artesano independiente, que diseñaba y fabricaba sus propios muebles y colaboraba con los clientes de forma similar a como lo haría un artista. Este nuevo movimiento también se produjo en otros lugares: James Krenoff (1920-2009) en Suecia y Edward Barnsley (1900-1987), Alan Peters (1933-2009) y John Makepeace (1939-) en el Reino Unido fueron pioneros de un modelo similar. Se convirtieron en los nuevos maestros para mi generación de aspirantes a artesanos: fueron nuestros modelos a seguir.

Trabajo de Philip Koomen.

Este nuevo movimiento también se produjo en otros oficios. Bernard Leach, por ejemplo, el célebre alfarero británico y bahá’í, inventó casi por sí solo la cerámica de estudio tras su formación en Japón. Este tipo de artesanía y sus fundamentos filosóficos se remontan al movimiento de las artes y los oficios en el Reino Unido, la Bauhaus en Alemania y el renacimiento de la artesanía en Estados Unidos. Así que, cuando comencé mi búsqueda creativa, descubrí una rica herencia cultural; muchos de estos artesanos habían escrito libros bellamente ilustrados sobre su trabajo y su filosofía. Desde mi perspectiva como bahá’í, existe una sincronización entre estos individuos visionarios y la revelación de Bahá’u’lláh.

Una perspectiva bahá’í sobre el arte y la artesanía

Bahá’u’lláh, el profeta y fundador de la fe bahá’í, explicó que cada uno de los mensajeros de Dios infunde toda la existencia con nuevas potencialidades creativas:

Con la mera revelación de la palabra «Modelador» … es liberada tal potencia que puede engendrar a través de edades sucesivas todas las múltiples artes que las manos del hombre pueden producir. En cuanto es pronunciada esta resplandeciente palabra, sus energías animadoras, agitándose dentro de todas las cosas creadas, dan nacimiento a los medios e instrumentos con los cuales tales artes pueden ser producidas y perfeccionadas.

Sin embargo, Bahá’u’lláh también señaló que esta influencia energizante no depende de que los individuos reconozcan o sigan al último mensajero, sino que tiene una influencia penetrante y transformadora en las almas receptivas de toda la humanidad:

Todas las maravillosas obras que ahora presenciáis son la consecuencia directa de la Revelación de este Nombre. En los días que vendrán, veréis por cierto cosas de las cuales jamás habéis oído.

Convertirme en bahá’í a los 19 años marcó el inicio de mi viaje creativo y espiritual. Poco a poco, la idea de ser diseñador de muebles se cristalizó en mi mente. No me consideraba especialmente artístico ni práctico, pero las enseñanzas de Bahá’u’lláh sobre el potencial creativo del individuo, la naturaleza espiritual del trabajo y el papel del arte, la artesanía y la ciencia en la construcción de la civilización comenzaron a dar forma a mis pensamientos y a infundir mi alma.

De joven me sentí especialmente atraído por la idea de que la práctica de un oficio podía ser amor hecho visible. Empecé a ver el hacer cosas bellas como una forma de práctica espiritual, cuando la intención es pura de corazón y la motivación es el mejoramiento del mundo. En busca de respuestas a preguntas existenciales, las enseñanzas de Bahá’u’lláh sobre el arte y la artesanía me ofrecieron un nuevo paradigma radical que iba mucho más allá de cualquier concepto anticapitalista del trabajo:

Las artes, oficios y ciencias elevan el mundo del ser y conducen a su exaltación. El conocimiento es como alas para la vida del hombre y una escalera para su ascenso. Su adquisición incumbe a todos. Sin embargo, se debe adquirir el conocimiento de aquellas ciencias que beneficien a los pueblos de la tierra, y no de aquéllas que comienzan y terminan con palabras…

Las enseñanzas bahá’ís han proporcionado un manifiesto para las artes y la artesanía que está influyendo y dando forma a nuestra comprensión del proceso creativo y al desarrollo de las numerosas ramas de las artes. Esto contrasta directamente con el pasado, cuando en muchas sociedades, incluida la occidental, el artesano era considerado inculto y ocupaba uno de los peldaños más bajos de la escala social.

Pero los bahá’ís entienden que el papel del artesano es fundamental para la construcción de la civilización: sin el genio del agricultor y del artesano, la humanidad no habría hecho la transición de cazadores-recolectores hacia asentamientos en aldeas. La revolución industrial de Occidente se basó en la adaptación de las habilidades artesanales y la tecnología a la producción industrial en masa. En las enseñanzas de Bahá’u’lláh, el papel del artista y del artesano es fundamental para la visión de una civilización global basada en la unidad de la humanidad. Bahá’u’lláh nos invitó a cada uno de nosotros a desempeñar nuestro papel según nuestros talentos y habilidades en este proceso de construcción de la comunidad global:

El origen de los oficios, las ciencias y las artes es la facultad de la reflexión. Esforzáos para que, de esta mina ideal, puedan surgir fulgurantes las perlas de sabiduría y prolación que fomenten el bienestar y la armonía de todas las razas de la tierra.

En 1974, a la edad de 21 años, fortalecido por mi nueva fe, idealista, inexperto y con pocas habilidades, comencé a buscar una oportunidad para aprender el oficio que había elegido. Al no encontrar un taller en el que formarme, decidí ir a una universidad para estudiar diseño y tecnología del mueble. Formado más allá de mis competencias, pasé el primer año aprendiendo a ser humilde. También me di cuenta de que la universidad no era el entorno más propicio para aprender un oficio; tenía que aprender haciendo, y en mis propios términos.

Esto fue una epifanía.

Para ser verdaderamente creativos tenemos que aprender de los maestros que nos han precedido. Como dijo Twyla Tharpe, la renombrada coreógrafa, «Antes de pensar fuera de la caja tienes que hacer una caja». Ahora tenía que encontrar la manera de aprender el oficio que había elegido. Tenía que dedicar mis primeras 10.000 horas. Ya había decidido que ésta era mi vocación para toda la vida. Tenía tiempo.

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