Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

¿Alguna vez sientes que estás demasiado centrado en conseguir agradarle a los demás? ¿Cuánto de lo que haces se centra en ganar la aprobación de otros?

Estas preguntas son a menudo difíciles de responder. Como criaturas sociales, todos queremos conectarnos naturalmente con nuestro entorno social. Incluso los “marginados” buscan a otros marginados. Y al tratar de construir lazos duraderos, podemos sentir la presión de hacer cosas simplemente para ganar la aprobación de la gente en nuestras vidas.

A veces, tenemos ciertos privilegios que nos facilitan la obtención de esta aprobación: el color de piel adecuado, el género adecuado, una familia influyente, o encajar en los estándares de belleza convencional. Seamos o no “privilegiados”, podemos quedar atrapados en la búsqueda de aceptación y esto puede ser profundamente dañino.

Los escritos bahá’ís dicen que enfocarnos en buscar la aprobación de los demás es un obstáculo que nos impide lograr lo que realmente importa: la aceptación divina.

¿Por qué debemos buscar la aprobación de Dios? ¿Y cómo el buscar la aprobación de los demás nos distrae de recibir la aprobación de un poder superior?

Tal vez es porque, a diferencia de los estándares de Dios para los seres humanos, nuestros estándares sociales pueden ser corrompidos. La raza humana se ha apegado históricamente a las tribus, a la comodidad financiera y material, y a los placeres animales, y estas actividades a menudo causan más daño que bien. Pero las normas de Dios – como la de preferir el bienestar de los demás al nuestro, elegir el amor en lugar del odio, y permanecer humilde – existen para ayudarnos a desarrollar las cualidades que necesitamos para que podamos tener un impacto beneficioso en el mundo que nos rodea.

Al mismo tiempo, el romper con los estándares de la sociedad de lo que “debería ser” puede traernos dolor y crítica por parte de los demás. Así que, a medida que dejamos de concentrarnos en ganarnos la aprobación de los demás, un primer paso sencillo es ser menos críticos con los demás.

Por tanto, nadie debería glorificarse a sí mismo por sobre otro; ninguno debería manifestar orgullo o superioridad hacia otro; nadie debería mirar a otro con menosprecio y desdén; y nadie debería privar u oprimir a su prójimo. – Abdu’l-Bahá, La promulgación a la paz universal.

A medida que dejamos de juzgar a los demás, puede que nos resulte más fácil sustituir los estándares a menudo poco saludables que nos imponemos a nosotros mismos por objetivos más elevados. Podríamos mejorar nuestra capacidad de buscar la aprobación de Dios en lugar de la de las personas de nuestra sociedad. Es necesario esforzarnos para lograr rechazar los estándares superficiales que nos imponemos unos a otros.

¿Quiénes somos nosotros para juzgar? ¿Cómo podemos saber nosotros quién es, a la vista de Dios, el más honrado? ¡Los pensamientos de Dios no son como los nuestros! Cuántas personas, que parecían santas ante sus amigos, cayeron en la mayor humillación. – Abdu’l-Bahá, La sabiduría de Abdu’l-Bahá.

Esto puede ser profundamente liberador. Cuando no estamos preocupados por cumplir las expectativas de los demás en cuanto a dinero, estatus y comodidad, podemos liberar nuestras fuerzas espirituales latentes. La pregunta entonces se convierte en: ¿qué estándares hemos heredado simplemente en nuestro deseo de ganar la aprobación de los demás, y cuáles se alinean con los estándares divinos?

Si seguimos atrapados en la búsqueda de la aceptación de los demás, probablemente nos encontremos sentados en un tren imaginario que ni siquiera se ajusta a nuestras verdaderas creencias. Trataremos continuamente de adivinar lo que los demás esperan de nosotros, en lugar de tomar decisiones independientes. Los variados y extendidos valores que la gente tiene hacen imposible que todos se sientan satisfechos.

Teniendo en cuenta las normas de Dios, en lugar de las de la sociedad, podemos rechazar las normas sociales que no nos elevan, y establecer normas más altas para nuestras almas.

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