Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Cada nueva Fe se origina en el momento en que su profeta y fundador reconoce por primera vez su misión y comienza a proclamarla.

Los cristianos trazan los orígenes de su Fe al período en que Jesucristo, después de su bautismo por Juan el Bautista, regresó de su estancia en el desierto para comenzar a predicar el nuevo evangelio. El pueblo judío reconoce el regreso de Moisés del Monte Sinaí como el momento en que trajo los Diez Mandamientos a sus seguidores. En el Islam, los musulmanes marcan los inicios de su Fe desde el año 610 E.C., en una cueva llamada Hira en el Monte Jabal al-Nour cerca de la Meca en lo que hoy es Arabia Saudita, cuando Muhammad recibió su primera revelación.

Para los bahá’ís, el período de 12 días llamado Ridván (que significa paraíso) conmemora el primer anuncio de Bahá’u’lláh sobre su nueva revelación:

Disponte a proclamar a la creación entera las nuevas de que Aquel que es el Todomisericordioso ha dirigido Sus pasos hacia el Ridván y ha entrado en él. Guía, pues, al pueblo al jardín de delicias que Dios ha constituido en el Trono de Su Paraíso. – Bahá’u’lláh, Pasajes de los escritos de Bahá’u’lláh.

Ese período, celebrado por los bahá’ís alrededor del mundo a finales de abril y principios de mayo de cada año, significa más que simplemente los comienzos de su Fe – para los bahá’ís significa que una nueva primavera espiritual ha llegado para el mundo entero:

para cada uno de vosotros. ¡Oh, amigos! Os incumbe renovar y reanimar vuestras almas con los dadivosos favores que están siendo derramados sobre vosotros en esta Divina Primavera que conmueve el alma. El Sol de Su gran Gloria derrama su resplandor sobre vosotros, y las nubes de Su gracia sin límites os protegen. Cuán sublime es la recompensa para quien no se haya privado de tan gran dádiva ni haya dejado de reconocer la belleza de su Bienamados en esta Su nueva vestidura. – Bahá’u’lláh, Las tablas de Bahá’u’lláh.

Cuando llegó el 12º y último día del período original de Ridván en 1863, Bahá’u’lláh partió de esa isla jardín de las afueras de Bagdad y comenzó su viaje de cuatro meses hacia Constantinopla, ahora conocida como Estambul.

 El puente de Büyükçekmece, Turquía, que Bahá’u’lláh y sus compañeros cruzaron en su camino de Constantinopla a Adrianópolis en diciembre de 1863

Exiliados por decreto del gobierno porque las enseñanzas de Báb y Bahá’u’lláh habían continuado su rápida difusión entre la población del Imperio Otomano, Bahá’u’lláh y su familia se enfrentaron a un peligroso y agotador viaje a pie y a caballo durante los meses más calurosos del año. Precisamente al mediodía del 12º día de Ridván, el 3 de mayo de 1863, Bahá’u’lláh montó su caballo, un noble semental de galope rojo, y emprendió el camino para enfrentarse a un destino desconocido. En el punto de partida, fue rodeado por hordas de personas que le pedían su bendición y le imploraban que no se fuera. El historiador Nabíl, testigo de la partida de Bahá’u’lláh ese día, describió una escena desgarradora:

“Numerosas fueron las cabezas que por todos lados se postraron hasta el polvo, a los pies de Su caballo, prestas a besar sus cascos, e innumerables fueron los que se adelantaban para abrazar sus estribos”. – citado por Shoghi Effendi en Dios Pasa.

Aunque Bahá’u’lláh había pedido a sus muchos seguidores que se quedaran en Bagdad y no trataran de seguir al grupo exiliado, uno de los bahá’ís, llamado Mirza Asadu’lláh Kashani, no pudo evitarlo:

Aunque Bahá’u’lláh había ordenado a sus amigos que no los siguieran, yo era tan reacio a perderlo de vista que corrí tras ellos durante tres horas.

Me vio y, bajando de su caballo, me esperó, diciéndome con su hermosa voz, llena de amor y bondad, que volviera a Bagdad, y con los amigos, que emprendiéramos nuestro trabajo, no con pereza, sino con energía:

“No os dejéis vencer por el dolor – dejo en Bagdad a los amigos que amo. Sin duda os enviaré noticias de nuestro bienestar. Sed firmes en vuestro servicio a Dios, quien hace todo aquello que Él desea. Vive en la paz que se te permita”.

¡Los vimos desaparecer en la oscuridad con el corazón hundido, porque sus enemigos eran poderosos y crueles! Y no sabíamos a dónde los llevaban. ¡Un destino desconocido!

Llorando amargamente, volvimos nuestra vista hacia Bagdad, decididos a vivir de acuerdo a sus órdenes. – de Mirza Asadu’llah Kashani, citado por Lady Blomfield en The Chosen Highway, pp. 122-123, [Traducción provisional].

Estuche de pluma decorado de Bahá’u’lláh

Un séquito de soldados del gobierno escoltó a los exiliados en su viaje:

Muchos de los seguidores [de Bahá’u’lláh] decidieron abandonar Bagdad también, y acompañarlo en esa travesía. Cuando la caravana comenzó, nuestra compañía contaba con unas setenta y cinco personas. Todos los jóvenes, y otros que podían cabalgar, iban montados a caballo. Las mujeres y [Baha’u’llah] se les equipó con carretas. Nos acompañaba una escolta militar. – de una entrevista con la hija de Bahá’u’lláh, Bahiyyih Khanum, en Abbas Effendi, His Life and Teachings, de Myron H. Phelps.

El 12º día de Ridván, Bahá’u’lláh comenzó su segundo exilio. El primero, diez años antes, lo había llevado a él y a su familia de Teherán en Persia a Bagdad en Irak. Dos destierros más vendrían después de éste, el último exilio a la pestilente ciudad-prisión de Akká en Palestina, donde pocos sobrevivieron a las terribles condiciones de la prisión.

Pero estos crueles destierros, decretados por gobernantes que temían la rápida difusión de las enseñanzas de Bahá’u’lláh, fracasaron en su intento de suprimir, dañar y destruir la Fe bahá’í, en cambio, la hicieron victoriosa, ayudando a difundir su mensaje espiritual curativo por todo el mundo.

Esa es una razón por la que, durante el período Ridván cada año, los bahá’ís de todo el mundo eligen las instituciones democráticas que administran y guían su Fe. Debido a que la Fe bahá’í no tiene clero, las comunidades bahá’ís se gobiernan a sí mismas con organismos democráticamente elegidos de nueve personas llamados Asambleas Espirituales, elegidos anualmente a nivel local y nacional durante los doce días de Ridván. En intervalos de cinco años y durante ese mismo periodo, los bahá’ís eligen a la Casa Universal de Justicia. 

Cada año durante los doce días de Ridván, cuando los bahá’ís se reúnen para orar y votar en silencio por estas instituciones democráticas únicas, afirman las enseñanzas de Bahá’u’lláh de la unidad mundial; honran simbólicamente el jardín de la humanidad en toda su diversidad y belleza; y celebran la poderosa declaración de Bahá’u’lláh en el jardín de Ridván.

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