Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

Muchos de nosotros queremos encontrar una relación saludable donde logremos crecer, donde encontremos consuelo y compañía. ¿Pero cómo evitamos convertir nuestra búsqueda del amor en una competencia?

Naturalmente, al tratar de cumplir con nuestro instinto natural de encontrar el amor, desarrollamos enamoramientos y apegos. La mayoría de nosotros puede pensar en una lista de las cualidades que queremos de la persona con la que decidamos estar. Aprendemos lo que nos atrae y desarrollamos un sentido de lo que queremos o necesitamos de la otra persona. Los escritos bahá’ís nos aconsejan que, “La luz de un buen carácter sobrepasa la luz del sol y su resplandor“. Una vez que conocemos a una persona que nos gusta que encaja en nuestra lista, cuyo carácter coincide con nuestras expectativas, podemos fácilmente fijarnos en ellas como la persona que queremos.

“Cuando consideramos la búsqueda del amor como una competencia, la ansiedad, los celos y el ego se deslizan fácilmente en nosotros”

Pero no importa cuán seguros nos sintamos, no tenemos garantizado que la persona que nos gusta corresponda a esos sentimientos. Esta realidad puede hacer que parezca que estamos compitiendo con las otras posibles parejas de esa persona. Incluso después de que las relaciones terminan, es fácil compararnos y tratar de superar a la persona en la que teníamos interés. Podemos quedar atrapados en un juego de tratar de “ganar” a la persona que queremos. Esta es una tendencia común, pero ¿es saludable?

Cuando consideramos la búsqueda del amor como una competencia, la ansiedad, los celos y el ego se deslizan fácilmente en nosotros. Los rechazos pueden hacer que nos centremos en reforzar nuestro ego en lugar de desarrollar nuestras cualidades espirituales. Los escritos bahá’ís advierten que no hay que centrarse en ganarse la admiración o la aceptación de los demás. Abdu’l-Bahá, hijo de Bahá’u’lláh, el profeta y fundador de la fe bahá’í dijo que lo que el hombre debe buscar es la aceptación de Dios.

Cuando intentamos impresionar a la persona que nos gusta, medir nuestro valor con los estándares de los demás, o intentar eclipsar a otras “contendientes”, podemos ser absorbidos por la búsqueda de dinero, estatus o estándares de belleza convencionales. También podemos querer realzar las partes más profundas de lo que somos para ganar la admiración de los demás. Pero si mostramos amabilidad solo para ganar el amor de otra persona, esa amabilidad es fugaz.

Desafortunadamente, nuestra sociedad a veces romantiza el amor como una competencia. Nuestras historias de amor están llenas de triángulos amorosos, mala comunicación, y “ganadores” y “perdedores”. Puede ser difícil separarse de estas concepciones nocivas de amor. Aunque no tengo todas las respuestas, aquí hay algunas cosas que me han ayudado a dejar de tratar mi vida amorosa como una especie de competencia:

Enfrentando mis inseguridades

Presto mucha atención y me enfrento a mis propias inseguridades subyacentes. Es profundamente útil recordarme a mí misma que todos estamos en nuestro propio viaje, y “perder” a la persona que me gustaba frente a otra simplemente significa que tengo otro camino que tomar. Me recuerda que Bahá’u’lláh escribió, “¡Oh Hijo del Ser! Tú eres mi lámpara y mi luz está en ti. Obtén de ella pues tu resplandor y no busques a nadie más que a Mí. Pues te he creado rico y he derramado generosamente mi favor sobre ti“. Esto me ayuda a recordar que mi “luz” no depende de otra persona.

Recordando mi propósito

Aunque buscar el amor es ciertamente importante, tengo otras aspiraciones cuando se trata de servir a mi comunidad en general, y debería centrarme en ellas también. Bahá’u’lláh escribió:

Incumbe a todo hombre dotado de discernimiento y comprensión esforzarse por traducir lo que ha sido escrito a la realidad y acción (…) Es de hecho un hombre quien, hoy, se dedica al servicio de toda la raza humana. El Gran Ser dice: Bienaventurado y feliz es aquel que se levanta para promover los mejores intereses de los pueblos y razas de la tierra.

Si permito que alguien se convierta en una distracción en esta vocación superior, es una señal de que me estoy desviando.

Confiando en Dios

Esto ha sido todo un desafío espiritual para mí. Bahá’u’lláh escribió que “La fuente de todo bien es la confianza en Dios, la sumisión a Sus mandatos y la complacencia con Su santa voluntad y agrado“. Trato de confiar en que lo que está destinado a ser, será y que Dios nos protege y guía a todos, sea que lo reconozcamos o no.

Con estas pocas acciones, encuentro que se hace más fácil tratar el proceso de la búsqueda del amor como el bello y desinteresado acto que debería ser, en lugar de como una competencia intensamente rigurosa.

0 Comentarios

characters remaining