Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo pertenecen al autor únicamente, y no necesariamente reflejan la opinión de BahaiTeachings.org o de alguna institución de la Fe Bahá'í.

¿Te sientes culpable al no poder mantener el optimismo y la alegría? A veces, en un esfuerzo por convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos, tendemos a sentirnos culpables después de que inevitablemente nos quedamos cortos.

El mundo exterior no necesariamente contribuye a evitar tales reacciones negativas frente a la imperfección.

A menudo nos conectamos a la culpa con la justicia. En términos legales, “ser declarado culpable” significa que supuestamente se hará justicia. Tal vez es por eso que a menudo nos tratamos a nosotros mismos de manera punitiva, asociándonos con el sentimiento de culpabilidad y buscando la resolución justa de algo que sentimos o hicimos. Sin embargo, cuando eso sucede, en lugar de mantener una cabeza parada y evaluar, y luego abordar, la raíz de nuestras malas acciones, podemos llegar a la auto aversión. De esta forma, sentirse abrumado por la culpa o la vergüenza puede convertirse en una barrera para nuestro crecimiento interior.

Si quedamos atrapados en nuestros propios sentimientos sobre lo que hemos hecho mal, pueden suceder algunas cosas:

  • Podemos olvidar tratar de aliviar cualquier daño que podamos haber causado a otros.
  • el arrepentimiento podría arraigarnos en el pasado; de alguna manera, la culpa puede hacer que dejemos de funcionar como miembros productivos de nuestra sociedad
  • o la culpa puede retener nuestro progreso al reforzar una visión falsa e individualista de la naturaleza humana.

Ahora, negarse al remordimiento de la culpa no implica que debemos ignorar nuestros arrepentimientos. De hecho, las enseñanzas bahá’ís sugieren lo contrario: Pídete cuentas a ti mismo cada día antes de que seas llamado a rendirlas…“. – Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas, pág. 11.

Nos aconsejan que examinemos nuestras propias acciones y nos corrijamos a nosotros mismos con el fin de crecer, en lugar de simplemente perpetuarlas e intentar compensarlas sintiéndonos culpables.

Este enfoque en el crecimiento en lugar de la culpa no implica que no procuremos la justicia:

“La justicia no es limitada, es una cualidad universal. Su acción debe aplicarse sobre todas las clases sociales, desde la más elevada hasta la más baja. La justicia debe ser sagrada y deben tomarse en consideración los derechos de todos los pueblos. Desead para los demás sólo aquello que deseáis para vosotros mismos”. – Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de Abdu’l-Bahá, pág. 198.

Las enseñanzas bahá’ís aconsejan, para nuestro propio desarrollo como individuos y para el mayor bienestar de nuestro mundo, que constantemente reflexionemos sobre nuestras acciones y pensamientos, sobre los problemas de nuestro mundo, y luego nos esforzamos por mejorar lo que vemos que está errado. Todos necesitamos desarrollar este sentido de justicia interna y externa, Abdu’l-Bahá escribió:

“Hagan un gran esfuerzo hasta que ustedes hayan manifestado este avance y todas estas confirmaciones, y se conviertan en centros focales de las bendiciones de Dios, días de la luz de Su unidad, promotores de los dones y gracias de la vida civilizada. Estén en esa tierra vanguardias de las perfecciones de la humanidad; llevar adelante las diversas ramas del conocimiento, ser activo y progresivo en el campo de las invenciones y las artes. Esforzarse por rectificar la conducta de los hombres y buscar superar al mundo entero en su carácter moral”. – Abdu’l-Bahá, Selecciones de los Escritos de Abdu’l-Bahá, p. 129.

El desafío se convierte entonces en uno de equilibrio; tenemos que mantenernos conscientes de que cada uno de nosotros pisamos una delgada línea entre la responsabilidad y la culpabilidad. Tenemos que ser capaces de reconocer nuestras faltas para poder mejorarlas, pero también debemos ser capaces de dejar de lado la frustración que sentimos con nuestras debilidades humanas. Las enseñanzas bahá’ís nos instan a:

“Sed amables con todos los que os rodean y servíos mutuamente; ama ser justo y veraz en todos tus tratos; reza siempre y vive la vida de modo que el pesar no te alcance”. – Abdu’l-Bahá, Abdu’l-Bahá en Londres, pág. 82.

Si no podemos tratarnos a nosotros mismos con paciencia y misericordia, ¿cómo podremos entonces extender esta misma expresión de amor hacia los demás?

“Toda la raza humana está sumergida en el mar de la merced del Señor, y todos somos las ovejas del único Pastor divino. Cualquier defecto que haya entre nosotros debe remediarse. Por ejemplo, aquellos que son ignorantes deben ser educados para que se vuelvan sabios; los enfermos deben ser tratados hasta que se recuperen; aquellos que son inmaduros deben ser instruidos para alcanzar la madurez; los que duermen deben ser despertados Todo esto debe realizarse a través del amor y no a través del odio y la hostilidad”. – Abdu’l-Bahá, La Promulgación a la Paz Universal, pág. 432.

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